CALVARIO
Lugar donde se enarboló la Cruz de Cristo. Por su pequeñísima elevación de solo unos metros sobre el suelo circunstante, se le llamaba pintorescamente «cráneo» (en griego κρανίον: Lc. 23, 33; en latín Calvaria; en arameo Gólgota del hebreo Gulgoleth con la eliminación de la segunda 1). Tal denominación sigue aún de actualidad en el nombre árabe «Ras» «Cabeza», debido a la configuración del montículo o de la prominencia del terreno (como el actual «Ras»). Estaba situado en las proximidades de Jerusalén (Jn. 19, 20) fuera de las puertas de la ciudad (Hebr. 13, 12), o sea fuera de la muralla construida por Herodes el Grande a lo largo del camino público (Mc. 15, 29). El Calvario, venerado por los cristianos, fue profanado por el emperador Adriano con la erección de una caverna abierta en tierra acumulada, en la que colocó una estatua de Venus (Eusebio, Vita Constantini, 26; San Jerónimo, Ep. 58, 3).
El emperador Constantino sustituyó la construcción profanadora por un espléndido edificio sagrado (Martyrium Anastasis), que tenía las mismas dimensiones del templo pagano (37 x 137 m.) y dejaba al descubierto el Calvario (Egeria 37, 4), sobre el cual se enarboló una gran cruz de plata (Arculfo y Beda). El Calvario, reducido con obra de picachón a forma de cubo de unos cinco metros de lado, no quedó incluido en la iglesia del Santo Sepulcro hasta después del año mil al ser reconstruida por Constantino Monomachos (h. 1042), después de haber sido destruida por los musulmanes en 1009.
Hoy ocupa el lado meridional de la Basílica, a la derecha de la única puerta. Bajo las dos capillas que adornan la superficie del Santuario hay una cripta conocida con el título de capilla de Adán, porque, según la 92Btradición, se guarda en ella la calavera de Adán rociada con la Sangre de Cristo que se deslizó por la grieta abierta en la roca en el momento de la muerte de Jesús (Mt. 27, 51), de lo cual dan fe algunos escritores antiguos (San Luciano Mártir, f 312; Rufino, Hist. Eccl. IX, 6; Eusebio, Hist. Eccl. IX, 7; San Cirilo, Catech. XIII, 39) y que aún hoy puede verse en sentido inverso a los filones de la roca (m. 1,70 × 0,25).
La autenticidad del Calvario está asegurada por la basílica constantiniana que sustituyó al templo pagano, así como por las excavaciones llevadas a cabo recientemente en el Hospital Ruso, las cuales pusieron al descubierto una antigua pared y el umbral de una puerta que iba a dar al Calvario situado fuera de las murallas (Mc. 15, 29). [A. R.]
Bibliografía
H. Vincent-F. M. Abel, Jérusalem, II, París 1914, pp. 57-93. A. Pujol, en VD, 13 (1933) 123-26, 147-53. H. Schmidt, Der hl. Fels in Jerusalem, Tubinga 1933. G. W. Elderkin, Golgotha, Kraneion and the Holy Sepulchre, Springfield 1945. Custodia di Terra Santa, Il Santo Sepolcro di Gerusalemme, Bergamo 1949. M. Balagué, Historia del Calvario, en CB, XIII (1956) 140 s.