PROTESTANTES
Respecto de la mariología, entre los católicos y los P. existen divergencias profundas tanto de método como de doctrina.
1. Divergencias de método. Tales divergencias atañen, ante todo y sobre todo, al magisterio eclesiástico, al cual fue confiada por Cristo, fundador de la Iglesia, la custodia y la exposición de la revelación divina. En cambio, para los P. existe el libre examen, la libre interpretación de la Sagrada Escritura, única fuente y norma de la fe. Otras divergencias, además de ésta que es fundamental, se refieren al concepto que tienen los P. de la redención (sustitución penal de Cristo en lugar de los hombres, los cuales nada tienen que hacer por propia cuenta) de la gracia (extrínseca imputación de la santidad de Cristo al pecador, el cual permanece intrínsecamente corrompido e insanable), etc. Estas divergencias de método han llevado necesariamente a divergencias de doctrina.
2. Divergencias de doctrina. Los corifeos de la Reforma, a diferencia de sus sucesores, no negaron todas las verdades marianas. Lutero, además de la maternidad divina (de la que hizo un elogio admirable), admitió su inmunidad de toda culpa, incluida la original (al menos hasta 1527) y, más o menos. también, según parece, la asunción en alma y cuerpo al cielo (Cf. Grisar, H., Luther, 1911, vol. II, p. 797). Zuinglio admite la «Virgen eternamente pura», «Madre de Jesucristo», y ensalzaba sus virtudes, particularmente la fe y la perpetua virginidad «en el parto y también después del parto», «ensalzada por Dios en el gozo eterno, por encima de todas las criaturas, tanto santos como ángeles» (Cf. Stimmen aus María Loach, 43 [1892] p. 464). Tambibn Calvino creía en la perpetua virginidad de María, ensalzaba sus virtudes, y la tenía por nuestro modelo, nuestra maestra (Cf. Calvini, Opera quae superfuerunt, ed. Brunsvigensis, vol. 39, Index nominum et rerum, p. 129). Los tres sobredichos corifeos (Lutero después de varios titubeos) refutaron el culto y la invocación de María como mediadora y abogada ante Dios, lo que consideraron como una ofensa a Cristo, único mediador, y que hace de María un ídolo.
Muchos de sus sucesores han ido todavía más allá, negando la inmaculada concepción, la asunción, la virginidad perpetua, etc. En nuestros días, sin embargo, sobre todo entre aquellos sectores protestantes que anhelan la unidad de las iglesias cristianas, no ha faltado algún acercamiento. Así, en la conferencia pancristiana de Edimburgo (en 1937), la mariología fue llamada «el centro vital de una teología ecuménica», y en la ses. IV de la conferencia, después de profundas discusiones, se propuso el siguiente voto: «El puesto de la madre de Cristo ha sido considerado por la sesión, y todos han convenido en que Ella deberá tener un puesto eminente en la estimación cristiana. Recomendamos a las iglesias un ulterior estudio de este problema» (Cf. «Herder-Korrespondenz», 3 [1948-49]: Prof. Realenciclopadie, vol. XIII, p. 528). En la entrevista celebrada por algunos teólogos protestantes en 1949, en Heidelberg, Wolf confesaba que los protestantes habían abandonado sin razón la mariología (Ibid., p. 404).
El teblogo luterano Hans Asmussen ha publicado recientemente una mariología protestante con el título de cMaría madre de Dios», donde afirma, entre otras cosas: «No se da Jesús sin María»; «Ella, siguiendo a Cristo, participa en su mediación», pero no dice aunque se deba invocar. Recientemente, un grupo de teólogos protestantes luteranos de Dresde ha publicado un opúsculo con el título de «La verdad por encima de todo», donde abiertamente condenan la hostilidad de los P. a la devoción de Nuestra Señora, que se remonta a los primeros siglos de la era cristiana. «Sería necesario —se decía entre otras cosas— haber perdido todo sentido de responsabilidad cristiana para no escuchar la voz de Dios por medio de María, solamente porque esta voz nos llega por medio de la Iglesia católica.» E invitan con insistencia a sus correligionarios a «no rechazar la tabla de salvación que, por medio de la Virgen, tiende Dios a los pueblos amenazados de exterminio por parte de los ateos», y sostienen que los P. no debían poner impedimento al estudio del «problema mariano» (Cf. «La Madonna», 7 [1919] p. 57). BIBL.: Delattre, L., La Vierge chez les Protestants d'Allemagne, en «Rev.
Apol.», 55 (1932) pp. 323-339; Philips, G., L'opposition protestante à la Mariologie, en «Marianum». 15 (1949) pp. 469-488; Crivelli. C., S. J., Notre-Dame et les Protestants, en Du Manoir, I. París 1949, pp. 677-693; Buffon, V., O. S. M., Il problema mariano nel Cattolicesimo, nella storia e nel presente. Síntesis de un libro de G. Miegge sobre Nuestra Señora, en «Marianum», \2 (1950) pp. 313-331; Maury, E., Le Protestantisme et la Vierge Marie, Col. «Protestantismo», n. 12, París 1950; Rösch, E. G., Wir Protestanten und Maria, San Galo 1951; Schimmelpfennig, R., Die Geschichte der Marienverehrung im deutschen Protestantismus, Paderborn 1952; Hamer, J., O. P., Mariologie et thiologte protestante, en «Div. Thom.» (Frib.), 30 (1952) pp. 437-468; Blicardo, D., S. D. B., Los errores protestantes sobre la Santísima Virgen María, Buenos Aires 1954, p. 413; Bea, A., S. J., María y los Protestantes, en Enc.. Mar. Theotokos, pp. 339-343; Buffon, V., O. S. M., La Vergine nel Protestantesimo, Reseña de algúnas recientes publicaciones de Ja Iglesia reformada, en «Marianum», 19 1957) pp. 523-567; Bertetto, D., S. D.
B., María e i Protestanti, Roma, Desclée y Cía. (1957) p. 282 (1), «Teologia e vita»; v. la recensión hecha por el P. Buffon. V., en «Maríanum» 20 1958) pp. 272-275; Berengueras de Vilar. A., María en la devoción y en la teología protestantes, en «Verdad y Vida», 17 (1959) pp. 593-622.