Diccionario Mariano

Gabriele M. Roschini

ORDEN SAGRADO

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Escribe el Venerable Olier: Dios ha realizado dos grandes prodigios en la Iglesia: el sacerdote y la Virgen a (Les Saints Ordres, cap. IV). Las relaciones entre estos dos grandes prodigios son muchas y estrechísimas. Todos los teólogos están de acuerdo, ante todo, en que la Virgen no recibió el Sacramento del O. sagrado, aunque fuese más digna que cualquier otra pura criatura, ya que por derecho divino son excluidas las mujeres de este sacramento. Sin embargo, recibió con singular abundancia la «cosa» de este sacramento, es decir, un singular poder tanto sobre el cuerpo físico como sobre el cuerpo místico de Cristo. Pero si la Virgen no puede decirse «sacerdote» en sentido propio y verdadero, sc puede, sin embargo, hablar del «sacerdocio de María», como se habla del asacerdocio de los laicos» (I Pe. 2, 9).

La Virgen no es, en efecto, un miembro cualquiera del místico cuerpo de Cristo, sino que es el miembro más eminente, después de la cabeza, que es Cristo: es el «cuello», por medio del cual los otros miembros estén unidos a la cabeza (a Cristo) y son asociados ya al sacrificio de la cruz (de un modo pasivo, sin actos propios, personales), ya al sacrificio eucarístico (de una manera activa, con actos propios, personales). De ahí se sigue una posición singular, preeminente de María frente al común sacerdocio metafórico de la multitud de los fieles cristianos por su asociación al sacrificio de la cruz y al sacrificio eucarístico. Efectivamente, mientras la asociación de todos los otros cristianos, miembros del cuerpo místico de Cristo, al sacrificio de la cruz fue completamente pasiva, sin actos propios, la asociación de María a tal sacrificio fue con actos propios, personales, ya que Ella «ofreció al Padre» la Víctima del sacrificio juntamente con el Sumo Sacerdote, con el que estaba ligada por una arelación reals, de verdadera maternidad ffsica, y lo ofrecid «como algo suyo», pues Ella posefa un derecho materno al cual renuncid generosamente por la redención del género humano.

Por tanto, la Virgen coofrecid con el Hijo el sacrificio de la cruz. Pero mientras el Redentor ofrecía un tal sacrificio sacerdotalmente, con acción externa sacrificial, entregando voluntariamente su vida, la Corredentora, por su parte, lo ofrecid sólo maternal - mente, con acción interna que no era propiamente sacrificio, sino sólo metafóricamente sacrificial. Pero además de superar, incomparablemente, a todos los otros fieles en la asociación al sacrificio de la cruz, la Virgen los supera también, incomparablemente, en la asociación al sacrificio eucarístico. Este sacrificio, en efecto, es sustancialmente idéntico al de la cruz. Por lo tanto, permanece aun, en el sacrificio eucarístico, aquella relación real de maternidad ffsica hacia el sacerdote principal, y de maternidad espiritual hacia el sacerdote ministerial. Permanece, además, en el sacrificio eucarístico —ya que no ha sido jamás retractado— el ofrecimiento de la Víctima como suya, hecho durante el sacrificio de la cruz. Por lo mismo, la Virgen está espiritualmente presente a cada sacrificio eucarístico, viendo todo en Dios. Ahora, téngase en cuenta que ningún fiel está tan íntimamente asociado al sacrificio eucarístico.

Pero tanto en éste como en el de la cruz, la Virgen no realiza la acción sacrificial, reservada al sacerdote ministerial, y por lo mismo no puede llamarse sacerdote en sentido propio, sino únicamente en sentido metafórico, aunque de un modo incomparablemente superior al de todos los otros fieles, miembros místicos de Cristo.

Conviene mencionar otra gran diferencia entre los fieles y María en lo tocante a la participación en el sacerdocio de Cristo en el sentido ya mencionado: y es que, mientras la participación de todos los fieles en el sacerdocio de Cristo proviene del santo bautismo que los hace místicos miembros de Cristo, la participación de María en el sacerdocio de Cristo proviene de su maternidad corredentora, aquella maternidad que la hizo verdadera madre del Sumo Sacerdote y le confirió derecho materno sobre la Víctima del sacrificio de la cruz y del altar. Según esto, la Virgen es, de un modo del todo particular, Madre, Reina y Maestra del Clero. Mater Cleri, Regina Cleri, Ma - gistra Cleri. Y el Clero deberá ser, a su vez, particular hijo, siervo y discípulo de María.

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