INGLATERRA
Ya desde el s. XIV viene llamóndose a I. la «Dote de María». El primer documento en que hallamos tan expresiva denominación es una carta que Arun del, arzobispo de Cantorbery, dirigia a sus sufragdneos. Hablando del misterio de la encarnacion, en el que la Santa e Inmaculada Virgen María se convierte en Madre de Dios, dice lo siguiente: «Nosotros, los ingleses, siervos de su especial heredad, y su propia “dote”, debemos aventajar a todas las otras naciones en el fervor y en la devoción.B Y ordena que en todas las iglesias catedrales, colegiatas y parroquiales se to que todas las mañanas una campana, como se hace por la tarde, y que los fieles reciten un cPadrenuestroi y cinco cAvemarías». Hacia medíados del s. XVII había en Roma, en el cologio ingles, un cuadro en que estaba representado el rey Ricardo II juntamente con la reina en actitud de hacer ofrenda de I. a María pasrindola por las manos de S. Juan. Leiase en 6[ esta inscripción: «Dos tua, Virgo pia, haec est, quare rege, María» (Cf. Alford, F., Fides Regia Anglica, Lieja 1863, t. I, p. 57). En esta emulación con las otras naciones por honrar a María, I. se ha mostrado verdaderamente digna del título de «Dote de María».
La historia del desarrollo del culto a la Virgen, se divide, como es natural, en tres tiempos perfectamente distintos: antes de la reforma, durante la reforma y después de la reforma.
1. Antes de la reforma, el culto de María fioreciti y tomó vigor juntamente con el enstianismo implantado el 596 por el másionero romano S. Agustín, quien organizd la Iglesia de Inglaterra con la romana por modelo, la cual era tan tiernamente devota de María. Erigió a la Virgen una iglesia en la isla de Ely, y sus sucesores imitaron pron to su ejemplo. S. Melitón erigió otra en Cantorbery, S. Benito Biscop en We re mouth, S. Wilfrido en Hexham, etc. En sólo Londres había veinte iglesias dedicadas a la Virgen antes de la separación de Roma. Refiridndose al período precedente a la conquistañormanda, escribía así un colaborador de la «Church Quarterly Review» (t. XIV, pp. 291-94): «El santo a quien se invocaba con mayor persistence y frecuencia, y a qujen se aplicaban los epitetos más apasíónados, hasta invadir las prerrogativas de Dios, era la Santa Virgen.
La mariolatría no es un moderno desarrollo del romanismo.i Y prosigue citando de un manuscrito del s. x, que hoy se conserva en Salisbury, invocaciones como ésta: «Sancta Redeinptrix mundi, Sancta Salvatrix mundi, ora pro nobis.» Después de la ocupación normanda, también entre los anglosajones fue intensified!!dose cada vez más la devoción a María, según se lee en la Pi etas mariana britannica de Waterton, y en la Our Lady's Dowry del P. Bridget. La fiesta de la Conceptíon estaba celebrindose ya en I. en el s. xn, y el ingles Eadmero de Cantorbery fue erigióarigióal primer teOlogo de la Inmaculada Conceptíon. Atribiiyese a Alcuino, sacerdote de York, maestro de Carlomagno, el origen de las másas votivas en honor de María. Cuando menos él fue quien las propagd por toda Europa. Y resulta que la llamada Misa de María se celebraba en I. todos los días en la madrugada, independicntemente de la mása del día, en catedrales, colegiatas y mo nasteries y en un crecido número de iglesias parroquiales. Al sacerdote que la cele braba se le llamaba «el sacerdote de Ma rla». Los sefiores tenlan su a sacerdote de María» con el sobredicho fin, además del capell£n.
Todos los días al amanecer lla maba a los fieles a la mása de la Virgen una campana especial llamada acampana de María)). En las grandes abadías la mása de María era cantada, y en la de S. Albaño se destánaban todos los días seis monjes para su canto y ceremonias. «Los inglescs —escribia el embajador de Venecia en una relación envíada a su república— oyen mása todos los días y rezan muchos padrenuestros (= rosarios) en ptfblico, las mujeres hacen correr por entire sus manos unas bolas unióas entre sí. Los que saben leer tienen el Oficio de la Virgen, rez£ndolo en alta voz en la iglesia o con un companero como liacen los religiosos.B Y al atardecer se cantaban solemnemente ante una imagen de María las antlfonas finales, que posteriormente se insertaron en el Brevíario Romano en 1520. Se reunieron fondos para formar cantores que pudiesen ejecutarlas de un modo decentc, y hubo reyes que llegaron induso a determinar minuciosos estatutos para el sostenimiento de este uso en los colegios por ellos fundados.
También el rosario se propagd rOpidamente por I.
Algunas ciudades estaban especialmente consagradas a María y llevaban su imagen o su monograma en el escudo, y habla sefiores que le donaban tierras y campos a los que imponlan su nombre y cuyo fruto desti naban al sostenimiento de las iglesias y de su culto. Aun hoy existen algtinos pozos que Uevan el nombre de Ella, e incluso el nombre de algunas flores recuerdan a María y a sus misterios. Hay númerosos santuarios marianos que son meta de peregrinaciones a los que no sólo concurren gentes humildes, sino in cluso grandes sefiores y reyes. Son célebres los de Glastonbury, de Walsingham, de N.ª S.ª de la Gracia, etc. Las estatuas de María están casí por todas partes: en Las puertas de las ciudades, en los edificios ptiblicos, en los puentes, en lo interior de las casas. La imagen de la Virgen, su monograma, figuraban en la corona de los príncipes y de los sefiores, en sus escudos y en sus banderas. Eduardo III instituyó la orden de la Jarretera en 1349 en honor de la Virgen, a quien quiso que honrasen de un modo particular sus caballeros.
Estos Caballeros establecieron, por votación unanime, que en las cinco principales fiestas de María se pondrian durante el Oficio un uni forme distintivo que Uevaria sobre el hombro derecho la imagen de la Virgen bordada en oro, y que los sobredichos días recitarian cinco Padrenuestros y Avemarías. El llamado «sábado inglés» es también fruto del culto de los ingleses a María. Lo instituyó, efectivamente, un rey de Escocia con el fin de que los obreros tuviesen más tiempo para honrar a María, según dice Montalembcrt en el prefacio a la vida de Santa Isabel. Era conmovedora la filial confianza de los inglescs en María a la hora de la muer» te. Se la invocaba como a Patrona. Casí todos los testamentos eran concebidos en estos términos: «Encomiendo mi alma a la másericordía de Dios, mi Creador, y de Jesucristo, mi Redentor, y a la Bienaventuradr Madre de Dios, siempre Virgen, Señora Santa María.» Disponfan que se esculpiese U imagen de María sobre su tumba. Gustabar de que se les representase su imagen sobr«sus tumbas con la corona del rosario ei la mano.
También el rey Enrique V hiz« varias fundaciones de sufragios para su alma en honor de María.
2. Durante la reforma quedó casí completamente abolida esta devoción, tan profundamente arraigada en el corazón de los fieles. Los primeros ataques contra ella proeedicron de los discípulos de Wiclef y de Calvino. Durante el reinado del cismdtico Enrique VIII, favorable al culto mariano, iniciaron una persecutíon contra el mismo el arzobispo Crammer y Tomrts Cromwel. Bajo el pretexto de los abusos fueron despojadas las iglesias y los santuarios de María, y se quemaron sus imágenes, etc. Con todo, Enrique moría encomendóndose a las plegarias de María para lograr más pronto el gocc de la gloria eterna. Durante el reinado de Eduardo VI el creciente influjo de los protestantcs consigue la supresión de toda seríal externa de devoción (imágenes, incienso, velas, cuadros, etc.). Prohibcnse las peregrinaciones y el rezo del rosario. Y así poco a poco fue consi der;! ndose a la invocación de María como acto de superstitíon e idolatría. Con el advenimiento de la reina María se restablecio la religión católica y se puso de nuevo en honor el culto a la Virgen.
Pero la reina Isabel, por más que fue coronada según el rito católico, rcstableciO el protestantismo, y de esta suerte se vio virtualmente desterrada la devoción a la Virgen por medio de leyes penales dimanadas de la Iglesia del Estado. Solamente se mantuvo, y cada vez más firme, en algunas almas valerosas que desafiaron a los tormentos y a la muerte, pues el sólo hecho de poseer un rosario era motivo suficiente para ser condenado a muerte, como sucediO al ve nerable sacerdote Tomás Alkinson, en 1616. I.a célebre «Royal Declaratíon», o sea, la solemne profesión de fe que tenían que hacer los reyes de I. antes de subir al trono (abolida en 191D), condenaba expresamente como superstitíon la devoción a María. Un investigador ha descubierto que antes de la reforma —y por tanto bastante antes de las famosas clasífteaciones de Linneo— había en los jardines de I. más de 500 variedades de (lores cuyo nombre se referia a la Virgen. Algunos de esos nombres recordaban cosas o prerrogativas de la Virgen, otros indicaban la liesta mariana de la Opoca en que florecian.
De ahi resultaban nombres un tanto pintorescos, como los siguientes: Manto de la Virgen, Delicia de Nuestra Señora, Guante de la Virgen, Llaves de Nuestra Señora, Dedo de Nuestra Señora, Ldgrimas de la Virgen, Orejitas de Nuestra Señora. A las campanulas azules las llamaban Dedales de Nuestra Señora; a la violeta, Modestia de Nuestra Señora; a las miosotas, Ojos de María; a la cainpanilla blanca, Flor de la Purificatíon. Habia las florcs de la Natividad de Nuestra Señora y los lirios de la Asunción, etc.
3. Despues de la re forma, desde hace más de cien años a esta pane, ha comenzado a florecer la devoción a la Virgen en la antigua «Dote de María». Un joven ministro anglicaño, el P. Spencer, convertido en 1830, tomb la resolutíon de llevar de nuevo a sus compatriotas a la fe de sus padres medíante la plegaria a María y comunicO su proyecto al doctor Wiseman, entonces rector del colegio inglés en Roma. El P. Spencer, animado por Mons. de Quélen, arzobispo de París, comenzó inmedíatamente la indicada cruzada de oraciones a María por la conversión de
I. En 1850 se restablecid la jerarquía en I., lo cual dio origen a un gran despertar de devoción a la Virgen. Debido al celo del cardenal Wise man y de sus sucesores, una cuarta parte de las iglesias católicas fueron dedicadas a María, sin contar las de las diferentes Ordenes y congregaciones religiosas. En 1851, de las 610 iglesias estaban dedicadas a la Virgen 113. En 1900 se daba la proporción de 308 entre 1.300, sin contar las de los regulares. La obra de Newman sobre el Culto de la Virgen, respondiendo al Eire nicon del doctor Pusey, contribuyO no poco a despertar en los dnimos la devoción mariana.
Y León XIII, después de haber recordado a los ingleses la singular devoción de sus antepasados a la Virgen, los exhortaba a consagrarse solemnemente a Ella, y ponfa la conversión de I. bajo la protectíon de la Dolorosa. Esa consagración era llevada a efecto el 29 de junio de 1893 por el cardenalarzobispo de Westminster, en presencia de los obispos y de los delegados de cada diócesis, y todos los años es renova da el 4 de mayo en todas las iglesias de
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