CHINA
En Ch. hallamos por primera vc/. el nombre de María en la inscription «lc la cstela (nestoriana) de Si-nganfu (781, siglo vin de C.) descubierta en 1625. Dice: a Una mujer dio a luz (en Judea) al Santo (Cf. Havret, La stkle chritienne de Si-ngan fu, III P., n. 20, pp. 35-41). Pero la imagen de María comenzó a penetrar en las comar cas chinas en los siglos xm y xiv. Cuandt S. Luis, rey de Francia, enviO, en 1249, a P. Andris de Longjumeau con dos coropa neros dominicos, entre los dones que habían de ofrecer al emperador les entreg«! una tienda-capilla decorada con tapiccs cor la escena de la Anunciación, de la Nativi» dad, etc., tienda que fue ofrecida a la emperatriz Ogoulgaimiz, por haberse muertc entretanto el emperador. En noviembre de 1951 se descubriO en Yangehow una Idpida con una inscripcidr con la fecha de 1342, en la que se representa a la Virgen con Jesris en los brazos: es la más antigua imagen mariana en territoric chino (Cf. Rouleau, A., S. J., The Yangehow latin tombstone as a landmark of Medieval Christianity in China, en a Ha ward journal of asíatic studies d, diciembre 1954, pp. 346-365). La difusión del culto mariano en Ch. se debe principalmente al apostolado de los PP.
Jesuitas en los comienzos del s. XVu. En el altar de la primera capilla que ellos edificaron fue colocada la imagen de María que atrajo una extraordinaiia concurrencia de toda clase de personas, entre las que había tambiln sacerdotes de los idolos. Todos se postraron en tierra, tocando el suelo con la frente, para adorarla, según la costumbre del pais. De allí, el mismo día de la Asunción, partieron para Xauceo, donde la Virgen obrd el primero de los milagros de Ch. En la ciudad de Sciantum el virrey con su esposa demostrd a los Padres un vivo deseo de tener una imagen de María. Satisfechos estos deseos, ambos prometieron honrarla y hacerla honrar de todos sus subordinados. Con la ayuda de la Madre de Dios, los PP. Jesuitas llegaron a Pekín, donde fueron acogidos con extraordinaria gentileza por el rey y sus oficiales. El primer regalo que le ofrecieron fue una imagen de Nuestra Señora, a la que tanto 61 como su madre hallaron tan viva y majestuosa que no podía soportar el resplandor de aquel rostro di- vino. El rey la adoró devotamente y le ofreció incienso.
Habiéndose conseguido una casa no lejos de la villa real, erigieron en honor de María una capilla, cumpliendo de esta manera el voto que habían hecho. En 1650, el P. Adán Schall hizo construir en Pekín una iglesia dedicada a la Inmaculada Concepción, en un terreno donado por el emperador Choun-tche. Delante de ella se levantd un aico de triunfo, de mármol bian co, con la siguiente inscription: eEste arco de triunfo ha sido levantado en sehal de agradecimiento, y dedicado a Dios y a la Virgen en el aho de gracia 1652.» Tambfen el más reciente periodo misionero chino, el siguiente a las violentas persecuciones, est& lleno de reflejos marianos. Vio surgir en Pekfn la iglesia de N. B S» de los Dolores, en 1867; la iglesia de N.ª S. B de la Victoria en Tientsin, en 1869; el santuario de la Dolorosa en Tung-erh-kow; el santuario de Santa María de la Porciuncula en los montes de Hung-kow-tze, y el de N. 6 S.»«de la China de Tong-Iiu, construido inmediatamente después de la persecución de los Bóxers, como acción de gracias por la milagrosa aparición de María sobre los muros de la ciudad, para defender a los prdfugos allí refugiados. No sin razón, el 15 de mayo de 1941, Mons.
Zanin, Delegado Apostdlico, con el beneptecito de Pío XII, consagrd solemnemente a Ch. a la Virgen, proclamando oficialmente a María de Paotingfu «Reina de Ch.». La nota dominante de la devoción de los chinos a María es la «matemidade. Los chinos tienen un verdadero culto a la madre. Por eso el culto de María «madre universal b, está maravillosamente en armonia con el alma china, y por eso los chinos suelen llamar a María ala santa MadreB; las iglesias a Ella dedicadas son las iglesias de la aSanta Madras; el mes a Ella consagrado es el mes de la aSanta Madras; las peregrinaciones a sus santuarios no son otra cosa que visitas de los hijos a la eSanta Madras, a El primer deber para con una persona a quien se ama y se respeta es el de honrar a su madre (...). Tributar culto a Cristo sin tributárselo a su Madre, por de pronto ya no seria cosa justa, ya que Ella lo merece. Además, tampoco seria ldgico, pero sobre todo no seria obrar a lo chino.» As! decía el Dr. Wu King Chiong, convertido al cristianismo, en un discurso pronunciado en presencia de católicos y protestantes (Cf. Guetlier, J., Marie..., p. 107, v. bibl.).
El mismo, en otra ocasión, decía: a A mi, como chino, me es imposible.adorar a Cristo sin honrar a la bienaventurada Virgen. Un proverbio chino dice: Una madre es honrada a causa de su hijo — un hijo es honrado a causa de su madre. De manera que madre e hijo son inseparables. Honrar al hijo y al mismo tiempo insultar a su madre, es el colmo de la sinrazón y de la barbarie.o «Ser cristiano significa ser un miembro de Cristo. Aquel que es honrado por la cabeza no puede, ciertamente, ser destánado a recibir un puntapila (Cf. «Marianumi», 9 [1947] pp. 144-145). Entre las formas de devoción mariana en Ch., dominan: el rosario y las Congregaciones Marianas, muy florecientes especialmente en los ss. XVu y xvni (Cf. Dehergue, I., Les Congregations..., v. bibl.). Son númerosos, además, en Ch. los santuarios marianos, meta de peregrinaciones. Muchos de ellos est»n dedicados a N. & S. R de Lourdes (seis), otros a María Auxiliadora (seis), a la aSanta Madras (cinco), o bien a la Inmaculada Conception, a N.ª S.ª de la Porcitincula, a N» S. ft del Carmen, a N.ª S." de las Gracias, a N» S.ª del Rosario, a N» S» de Liesse, etc.
En nuestros d/as, a pesar de la tempestad que se ha abatido sobre Ch., Horace de tin modo heroico, en aquellas tierras, la aLegión de Mariai. BIBL.: Spada. N.. Immaghti clnesi dl María, en la Revista Mariana «Mater Dci»i. 4 (1932) pp. 301-304; De la LaroIrh. Les pilerinages de la Sainte Vierge in Ch.. en aBull. dcs Missions des Lazaristes et des Filles de la Charité», nov. 1935; Wo Chino Hsjuno. G. B., II culto Jella Madonna In C, en xMarianum». 9 (1947) pp. (41-148; Lokuano, St.. II culto della Madonna In C.. en «Vita e Pcnslcro». 31 (1948) pp. 326-331; D'Ella, P., S. J.. La Madonna di S. María Mag glare in C., en «Ecclesia». 9 (19%) pp. 30-32: Du per ray. E.. Le culte de la Vierge en C.. en «E{tlise vlvame». 6 (1954) pp. 90-100; Fees. S.. L» An silt at rice a Pechlno batuardo dl ortodossla. en cL’Immncolata Ausiliatrice». Turin 1955. pp. 379-381; Coathalem. H.. La pidtd marlate en C.. en Du Manoir. IV. pp. 951-964: Deiierone. I.. S. J., Les Congregations dans l'Empire de C. attx XVII ‘ et XVIIV siicles. ihfd.. pp. 965-989; Guetticr. I.. M. E. P.. Marie dans I’Eglhc de C.. en oCabiers Mariales. 2 (1957) pp. 107-114.