VISITA
1. Noción
Dícese v. al acto de ir a ver a otro por oficio de caridad, de deber, de afección o de observancia. El hábito de las visitas se ha arraigado de tal modo en nuestras costumbres que se ha convertido casi en una obligación que se denomina obligaciones o deberes de sociedad.
Así también las buenas maneras con que se tratan los hombres, ciertos actos de respeto y ciertas significaciones de simpatía, afecto o reconocimiento, se llamaron etiqueta social. Estas expresiones denotan, sin embargo, con frecuencia cierto formalismo falto de sinceridad que ha tomado el lugar del que podría ser un acto o una serie de actos de caridad.
Las visitas pueden ser en general: a) visitas de conveniencia, como, p. ej., de felicitaciones, condolencias, despedidas, devolución de v., etc.; b) visitas de amistad en que predomina el afecto o reconocimiento; c) visitas de caridad, que nacen y se desarrollan en el espíritu evangélico, como, p. ej., la v. a los enfermos, encarcelados, etc.
Mientras que la moral católica poniendo estas últimas entre las obras de misericordia las recomienda con insistencia, mira con vigilante prudencia las otras dos clases de visitas. En efecto, el cristiano no cesa de ser tal en todas las circunstancias de su vida y es siempre según los principios morales como debe regular todas sus manifestaciones. Así en el acto de las visitas debe preguntarse: an liceant, esto es, si son permitidas, convenientes y útiles; an deceant, esto es, si crean o no peligro moral personal o de grave escándalo para los demás; an expediant, esto es, con qué intención se realizan o se aceptan ciertas visitas: si con miras puramente humanas y naturales, para mantener amistades peligrosas o satisfacer alguna pasión. De aquí la licitud o ilicitud de las visitas para un cristiano.
2. Visitas y ocasiones de pecar
Los pecados más frecuentes que se cometen en las visitas son las maledicencias y críticas sobre los defectos del prójimo. Esto ya es un peligro.
Cuando además se añaden a la conversación juegos, diversiones, danzas, presentación de modas atrevidas, todo esto no puede justificarse como deber social; en efecto, se opone a otros deberes inderogables, los de la fe y la moral.
Cuando la v. se convierte en un triste y burocrático pasatiempo de la vida elegante sin otro pensamiento noble de caridad y bondad, se pierde poco a poco la mejor riqueza del corazón.
3. Visitas y virtudes a practicar
En las visitas han de presidir siempre las virtudes: a) de la corrección en la lengua, costumbres, comportamiento; b) la simplicidad y afabilidad, cristiana fuente de alegría y sonrisa serena; c) el grado y la modestia, moderadoras de las palabras y gestos.
Para las visitas entre prometidos, v. Noviazgo.
Tar.
Bibliografía
P. Haar, , I, Torino-Roma, 1939, p. 29 ss.;
115 ss.;
165 ss.