SUEÑOS
1. Generalidades. - Los sueños indican la persistencia de la actividad psíquica en el sueño (v.) y suelen representar una anarquía ideativa, en que la imaginación —estimulada por la afectividad y no inhibida ya por la atención, la crítica, los frenos éticos— se ejerce en la máxima libertad. La actividad onírica comienza muy pronto en los niños: en ellos los sueños son muy simples y constituyen siempre la realización de un deseo. Las mujeres sueñan con mayor frecuencia que los hombres o —por lo menos— recuerdan más sus sueños. En los viejos se debilita también la actividad onírica, en correspondencia con el rebajamiento general de toda la vida psíquica. Los sueños se expresan generalmente en forma visiva; siguen a gran distancia las representaciones oníricas con impresiones auditivas, después las que se manifiestan con impresiones gustativas u olfativas.
2. Significado. - A veces la explicación de un sueño determinado es evidente. Se trata de sueños provocados por estímulos cutáneos (como en el conocido caso de Descartes, que soñó haber sido herido en una determinada parte de su persona que al despertar apareció con la marca de una picada de pulga), por impresiones cenestésicas (los cruzados sedientos soñaban colectivamente en fuentes frescas; durante la retirada de Moscú los soldados famélicos de Napoleón soñaban en grandes banquetes), etc. Más a menudo falta a primera vista toda visible explicación de los sueños. Sin embargo, con frecuencia se llega a descifrar el significado simbólico de las imágenes que se presentan en el sueño, no obstante la aparente incoherencia de tales imágenes. Aunque la estructura de los sueños sea asintáctica, porque en ellos no se respetan ni las relaciones de tiempo y espacio, ni las asociaciones lógicas, sustituidas por una asociación puramente catatímica de las imágenes (v. Memoria), puede encontrarse en ellos un significado cuando se consideran como una traducción simbólica de situaciones, ideas o sentimientos realmente vividos por el sujeto.
Esta traducción o transformación de la idea latente en un contenido manifiesto cuyo significado real suele ser oscuro y difícilmente descifrable se debe a la fuerza psíquica subconsciente que enmascara el significado manifiesto de nuestras tendencias, de nuestras aspiraciones o de nuestras situaciones afectivas. El análisis psicológico de los sueños, desenmascarando sus diversas y múltiples condensaciones, dislocaciones y simbolizaciones, puede revelar sus reales tendencias latentes y mostrar que a veces en el sueño se hacen o se dicen cosas que en estado de vigilia son cuidadosamente reprimidas por los frenos inhibitorios del sentido moral. No creemos, sin embargo, que conviene en general llegar al análisis psicológico del sueño, tanto porque las interpretaciones de cada contenido onírico son todavía materia opinable, como para no ocasionar una perturbación a ciertas conciencias tímidas, excesivamente preocupables o fáciles al ansia. Riz.
3. Cuestiones morales. - Además de los sueños de la noche convendrá decir alguna palabra sobre los sueños diurnos, que son sueños impropiamente dichos.
a) Sueños nocturnos. Son los sueños en el sentido común de la palabra. En este estado las facultades intelectuales del hombre (razón, voluntad) no dominan la actividad de los sentidos. Pero esta actividad puede ser causada por diversos agentes. Ante todo por agentes intelectuales existentes fuera del hombre. Dios puede causar un sueño y en la Sda. Escritura aparece que Dios de hecho usó a veces el sueño para comunicar alguna cosa a un hombre. En estos casos Dios da al hombre la certeza también de que el sueño viene realmente de Él. Los mismos espíritus, los ángeles como ministros de Dios y el diablo por su propia cuenta y con sus intenciones propias, pueden causar sueños. Si no ha sido causado por un agente intelectual exterior, el sueño puede ser causado por agentes naturales, externos o internos: impresiones sensibles, estados orgánicos, disposiciones psíquicas, deseos, temores, cosas sentidas o pensadas en el pasado, influyen en la actividad de los sentidos durante el sueño. En una palabra, los sueños son con frecuencia, al menos parcialmente, el efecto de cosas realmente existentes dentro o fuera de la persona que sueña.
Pero como la ciencia natural basta para conocer la causa por su efecto, así puede bastar para conocer por los sueños las cosas reales, que son su causa, p. ej., el estado psíquico o físico de la persona, los influjos que ha sufrido, sus deseos, etc. Por este motivo no toda interpretación de sueños es condenable, y una ciencia puramente humana puede bastar para deducir de los sueños datos útiles, a usarse, p. ej., para la curación de una persona enferma, especialmente cuando se trata de enfermedad o anormalidad psíquica (v. Psicoterapia). Antes de confiarse sin embargo a una persona que emplea esta ciencia es preciso tener la certeza de que se trata realmente de ciencia humana y que la persona es seria y honesta y que ni por falta de virtud ni por ignorancia de la moral católica hará nada en oposición a las normas de esta misma moral. Usar de los sueños propios o ajenos para conocer el futuro es sólo lícito cuando se tiene la certeza de que el sueño viene de causas naturales; porque conociendo estas causas naturales presentes podemos razonablemente concluir algo sobre el futuro.
Creer en los sueños como indicadores del futuro y predecir los sucesos futuros por los sueños propios o narrados por otros es un pecado de superstición (v.), si no tenemos suficiente certeza para admitir que el sueño viene de Dios (caso muy raro). Por esta razón no es lícito consultar los adivinos y creer en sus predicciones.
b) Sueños diurnos. Son los producidos por la fantasía que el hombre voluntariamente evoca o permite que surjan y permanezcan para tener la impresión de vivir una vida distinta de aquella en que vive realmente y para sufrir las sensaciones provocadas por esta impresión. Es una especie de vida interna, creada y vivida, porque la vida externa no da satisfacciones. El hombre busca en la fantasía lo que desea en la realidad, pero que, o todavía no puede (jóvenes) o no puede ya (viejos) realizar. Estos sueños pueden ser pecaminosos por su contenido. La complacencia de la voluntad en actos inmorales representados por la fantasía (p. ej., actos de venganza) constituye pecado. Pero si el contenido de estos sueños no es inmoral, generalmente constituyen una pérdida de fuerzas y de tiempo, debilitan el carácter, disminuyen la energía y la voluntad de lograr los fines reales y posibles de la vida y de hacerse miembros útiles a la sociedad. Por lo tanto, por estas razones, alimentar habitualmente los sueños diurnos puede ser reprobable.
Los padres, educadores, etc., tienen la obligación de prevenir o curar (en casos graves con ayuda de un buen psiquiatra) esta tendencia morbosa, si la observan en grado notable en un joven. El peligro es más grande en los años entre el inicio de la pubertad y la mayoría de edad (13-21). Ben.
Bibliografía
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R. Università di Cagliari l'anno 1939-1940
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