Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.) · Ludovico Bender, O.P. (Ben.)

SELECCIÓN HUMANA

Recursos

1. Generalidades. - Se entiende por selección un proceso, inicialmente empírico, al que recurre el hombre desde la antigüedad para mejorar sus animales domésticos y sus cultivos hortofrutícolas. Este proceso consistía en destinar a la reproducción los mejores ejemplares y en eliminar los menos útiles. A esta selección artificial que ejerce una influencia positiva sobre la especie y sobre la raza, ya que regula la reproducción de modo que se pueda obtener una descendencia homogénea respecto de un determinado carácter que se quiere mantener o incrementar en las generaciones futuras contrapuso Carlos Darwin —en cierto modo— la selección natural: proceso que opera a diario en la naturaleza y que causaría la evolución de los organismos. Muy probablemente este proceso ejerce solamente una acción negativa, en el sentido de que las circunstancias adversas del ambiente y la lucha por la existencia eliminarán preferentemente a los individuos peores de toda la especie y en definitiva mantendrán las especies en una condición de mejor estabilidad.

2. Estudios y tentativas. - Las tentativas, también empíricas, de seleccionar la raza humana, mejorar sus condiciones biológicas individuales y colectivas se remontan a los primeros tiempos de la civilización;

pero sólo desde hace como un siglo tras de los estudios y conclusiones de Galton y de Mendel, comenzó la era científica en esta materia, dando así origen a dos nuevas disciplinas: la eugenésica y la eugénica. La eugenésica estudia el mejoramiento de la raza humana, sugiriendo correcciones mediante cruces de personas sanas y la eliminación de individuos tarados portadores de herencias patológicas; tiende a modificar perennemente la masa hereditaria. En otros términos, es la higiene del genotipo. La eugénica (o euténica) se ocupa más propiamente del ambiente o de las modificaciones que ejerce sobre el individuo. Es la higiene del fenotipo, o sea la higiene relativa a las cualidades manifiestas del individuo.

3. Corolarios morales. - Los estudios relativos a la s. humana no son contrarios a la moral católica, la cual alaba y favorece todas aquellas investigaciones que tienden al mejoramiento de la humanidad por medio de las mejoras ambientales, la divulgación de las normas higiénicas, el robustecimiento de los niños, etc. La misma moral se levanta sin embargo —y con buenas razones— contra cualquier desviación y exageración de los estudios eugénicoeugenésicos, que consideran al hombre al nivel de un animal vulgar y con patente desprecio de la justicia y de la caridad recurren a medios violentos y coercitivos para mejorar la raza.

Interesa destacar a este propósito que los pueblos latinos y católicos prácticamente están conformes en apoyar un programa eugénico, que tienda a mejorar el ambiente higiénico, combatiendo las enfermedades sociales, cuidando la higiene individual y del trabajo, asistiendo a las gestantes, a las madres jóvenes, a los niños, etc.; teniendo en suma en cuenta todas las influencias que el ambiente puede ejercer sobre la evolución de los individuos y sobre las consecuencias hereditarias. Ésta es la eugenética positiva recomendable (o eugénica o euténica, como se quiera llamar). Por otra parte —y sobre todo en la Alemania hitleriana y en algunos estados norteamericanos— se ha tratado de mejorar la raza impidiendo la transmisión de taras por medio de la generación, eliminando a los débiles, enfermos, degenerados y semejantes, a quienes se juzga carga dispendiosa e inútil de la sociedad: eliminación obtenida con métodos exclusivamente represivos (como son la esterilización, el certificado prematrimonial obligatorio, etc.). Ésta es la eugenésica negativa (o eugenésica propiamente dicha) que se resiente de las doctrinas maltusianas y a la que la moral condena en nombre de la dignidad humana, del derecho y de la caridad. Un aspecto particular de la s. humana se refiere a la conducta que debe practicar el médico (o la comadrona) con ocasión del nacimiento de un feto monstruoso.

Cualquier procedimiento que tienda a matar al recién nacido deforme, afectado por lesiones difícilmente compatibles con la vida, o simplemente a dejar morir a este ser sin prestarle el debido socorro o también a disminuir sus probabilidades de vida o a apresurar su muerte es intrínsecamente malo y por lo tanto ilícito. Es igualmente ilícita la supresión de uno de los dos individuos vivos que constituyen las monstruosidades dobles. Es igualmente ilícito en los monstruos dicéfalos, amputar una de las cabezas. En cambio, en los casos en que uno de los fetos esté completamente desarrollado y el otro (parásito) esté reducido a una simple masa informe o a un miembro suplementario, es lícito, más aún, conveniente, practicar la amputación del parásito. Riz.

4. S. humana, matrimonio y teología. - La s. humana puede ser ejercitada por la autoridad pública con leyes obligatorias o por las personas privadas con consejos o con la selección de su cónyuge. En el primer caso la s. humana consiste principalmente en la exclusión del matrimonio de individuos deficientes bajo el aspecto físico y psíquico. Esto se encuentra en contradicción con la ley natural, según la cual todo hombre tiene derecho a fundar una familia y procrear hijos. En cambio, propagar la s. humana, como medio eugenético, con consejos e instrucciones, practicar la selección misma en la selección del propio consorte, de suyo no está en contradicción con la moral. Esta actividad puede, sin embargo, venir a estar fácilmente en contradicción con la ley moral natural y sobre todo con la cristiana.

De hecho muchos autores de la s. humana hablan o escriben, dan consejos y obran como si la salud del cuerpo fuese el único bien del hombre o su bien principal y no tienen en cuenta los intereses morales y sobrenaturales del hombre. La Iglesia católica enseña que el fin del hombre es la eterna felicidad del cielo y aquí sobre la tierra la perfección moral y sobrenatural, la cual puede ser alcanzada incluso por un hombre físicamente imperfecto o tal vez muy deficiente. El hombre no vive y no engendra hijos para mejorar su raza, sino por un fin mucho más alto, más noble y más digno. Pero como la Iglesia y cualquier cristiano bien formado considera la salud corporal, especialmente la psíquica, como un bien de gran valor, incluso para la vida moral y sobrenatural, así la Iglesia no condena aquella actividad eugenística que consiste en recomendar a otros o usar para sí una justa s. humana, a saber, la que se refiere a la selección de un consorte sano, apto para procrear hijos sanos. Ben.

Bibliografía

Bibliografía

F. Leoncini, Relazione su la procurata sterilità di fronte alla morale e alla legge, en Studium, a. 29, Quaderno dei medici (II secondo convegno dei medici cattolici), Firenze, 16-18 octubre 1932, Roma, 1933, p. 38-64
G. Pastori, Relazione su l’eugenica e la morale cattolica, ibid., p. 65-73
R. Benizzi, Eugenica e politica demografica, en Trattato di medicina sociale, I, Milano, 1938
L. Scremin, Diccionario de moral profesional para médicos, Barcelona, 1954
J. Hinojosa, Los problemas eugénicos y el sentido cristiano, en Rev. Cat. de Cuest. Sociales, 35 (1929), 325-329;

Enríquez de Salamanca, La castidad y la eugenesia, en Razón y Fe, 115 (1938), 222-230;
P. Abelló, Conducta del médico ante el problema de la limitación de la natalidad, Madrid, 1955.

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