PRESENCIA DE DIOS
1. H e c h o de la p. de Dios. - Hay una p. general de Dios en todas las cosas, llamada p. de inmensidad: en efecto. Dios obra inmediatamente en toda creatura, conservando su ser y moviéndola a la acción y el que obra está allí donde inmediatamente obra. Hay además una p. especial, que es la habitación de Dios en las almas que viven en gracia (Sab., 1, 4; Jn., 14, 23; Rom., 5, 5; I Cor., 3, 16; 6, 19; I Jn., 4, 9 ss.): Dios no solamente obra en el alma en gracia, sino que se da a ella como objeto que el alma puede conocer como experimentalmente y del cual puede gozar.
2. E j e r c i c i o de la p. de Dios. - Es de grandísima utilidad mantenerse lo más posible en la p. de Dios. Este pensamiento nos aparta del pecado y nos estimula a la perfección; aumenta la confianza en Dios y puede procurar una dulce felicidad que es también útil al alma; conduce a un gran respeto para con nosotros mismos y para con los demás y nos lleva a tratar a las personas y a las cosas con mansedumbre. El pensamiento de la habitación de las Personas divinas, en las almas justas estimula además a conversar a menudo e intimamente con el Huésped divino y de este modo el Ejercicio de la p. de Dios prepara a una vida de estrecha unión con Él. Man.
Bibliografía
Bibliografía
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A.
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G. G a l t i e r, L ’ habitation en nous des trois Personnes, París, 1928;
R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, Buenos Aires, 1944, p. 109 ss.