Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

PREJUICIOS SEXUALES

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1. Sobre la continencia. los p. sexuales más comunes, muchos de los cuales acarrean graves daños morales y biológicos al individuo y a la humanidad. Un primer grupo de estos prejuicios se refiere a la continencia (o abstinencia sexual) y se expresa en los siguientes puntos: a) la continencia es imposible; b ) la continencia es perjudicial a la salud; c) es útil instruir sexualmente a la juventud; d) todo depende del sexo. Sobre la pretendida imposibilidad de la continencia y sobre los daños físicos y psíquicos que se derivan al individuo que la practica, v. lo que dijimos en la palabra Abstinencia. Numerosos jóvenes por lo demás se conservan castos sin que esto perjudique de ningún modo su salud o su rendimiento en el trabajo y sin ninguna repercusión nociva sobre su futuro matrimonio. Es propio, si acaso, de los individuos abandonados a la lujuria la verificación de un desgaste precoz de las energías vitales con fenómenos de impotencia que además de hacer estéril su matrimonio perturban profundamente la vida conyugal y repercuten sobre la salud somato-psíquica del mismo sujeto. Sin tener en cuenta los peligros de enfermedades venéreas que fatalmente amenazan a ambos cónyuges, sobre su fecundidad y sobre el bienestar de la prole. * En cuanto a la conveniencia de la llamada educación sexual, v. en la voz correspondiente.

Por lo que se refiere, finalmente, al concepto moderno del pansexualismo, según el cual la humanidad es siempre y solamente dirigida por el sexo en sus más diversas manifestaciones y sublimaciones', este prejuicio que recibió de Freud y de otros muchos científicos una especie de sello científico se ha demostrado que es más bien fruto de conceptos doctrinarios que de realidades determinadas. En el mismo campo del psicoanálisis a la libido freudiana se han asociado y en parte la han sustituido los conceptos adlerianos de la voluntad de la potencia y del complejo de inferioridad. Y cada día se ve mejor la irracionalidad de querer reducir a los angostos confines de la sexualidad todas las manifestaciones humanas, la suma heterogénea de ideales, de propósitos y de acciones que caracterizan la vida del hombre.

2. Sobre la igualdad de los sexos. - Notemos, finalmente, un prejuicio que se difunde cada vez más: aludimos a la pretendida igualdad de los sexos, según el cual no debiera subsistir ninguna diferencia de vida, de actividad, de trabajo, de costumbres, etc., entre el hombre y la mujer. Esta igualdad es puramente utópica, ya que no tiene ningún fundamento biológico y tiende sólo a asegurar una independencia económica y social plena a la mujer: tanto es así que ésta después de haber alcanzado la emancipación continúa queriendo hacer valer las milenarias prerrogativas adquiridas en virtud de su pertenencia al sexo débil, de sus especiales condiciones de gestante y de madre.

La moral cristiana — orgullosa de haber dado a la mujer una dignidad y un prestigio antes desconocidos — no puede menos de reprobar el moderno espíritu igualitario que deforma la personalidad femenina y mina profundamente el hogar doméstico con desprecio de las leyes biológicas. Éstas enseñan entre otras cosas que al individuo del sexo masculino le corresponde el sostén y la defensa de la familia, mientras que a la hembra le corresponde la crianza y protección de la prole. La anatomía nos enseña que todo es diverso entre el organismo masculino y el femenino: dimensiones óseas, peso y desarrollo de los músculos, glánduias endocrinas, esfera intelectivoafectiva. La fisiología a su vez nos muestra las profundas diferencias funcionales existentes en los diversos sistemas y aparatos de los dos sexos: de donde las conocidas divergencias cualitativas y cuantitativas de capacidad y resistencia laboral. Los más modernos conocimientos en el campo de la herencia advierten que ¡a mujer (y no el hombre) transmite electivamente a la prole las cualidades o los defectos de la estirpe, de manera que ella es la verdadera conservadora y propagadora de la sanidad del tronco familiar al cual pertenece.

Riz.

Bibliografía

Bibliografía

L. S crluin, Diccionario de moral profesional médica, Barcelona, 1952, p. 276 ss.

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