Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

PARANOIA

Recursos

1, C o n c e p t o. - La p. pura no es una enfermedad verdadera y propia, sino Auna anomalía constitucional que — más o menos latente en la edad Juvenil— se manifiestá más tarde, y lentamente se desarrolla con la creación de un delirio sistematizado y lúcido, sólidamente cimentado en una fe inquebran table y en una notable capacidad de critica, que puede ser aguda y sutil, pero siempre unilateral. Antes de que aparezca el delirio la cons titución psicopática del futuro paranoico (de nominada constitución de tipo defensivo por la moderfia psiquiatría francesa) suele reve larse con una tendencia a las cavilaciones y a los sofismás y con notas de desmesurado orgullo, de vanidad, de desconfíanza para con el prójimo: características de tempera mento que se encuentran más tarde, declá r a t e la enfermedad, feri la base de •todo de lirio. Obsérvase, finalmente, que muchos de estos jóvenes candidatos a la p. son autodidactas, Inadaptables, insociables.

2. D e l i r i o s de lo s para no i c o s. - Los deli rios de los paranoicos son lucidos, no desem bocan nunca en el absurdo o en lo fantástico, informan toda La conducta del enfermo, no van acompañados nunca o casi nunca de alu cinaciones ni conducen jamás a un verdadero decaimiento demencial.

Esto les distingue de las manifestaciones delirantes de la demencia precoz paranoide, de la paralisis progresi va (v.) y de otras psicosis (v.). Estos deli rios se pueden reducir, fundamentalmente, a dos tipos: el delirio de grandeza y el deli rio de persecución. a) El delirio de grandeza se deriva del concepto excesivamente orgulloso que el sujeto posee de su propia personalidad psicofísica o, mejor, de un componente determi nado de está personalidad: de aquí el delirio de grandeza genealógica (el enfermo se cree el heredero desconocido de una dinastía real), el delirio de grandeza inventiva o seudocientifica (al que pertenecen los numerosos descubridores del movimiento continuo y de la cuadratura del círculo), el delirio de gran deza política, el religioso, el erotico, etc. b) El delirio de persecución nace de un sentimiento de desconfíanza hacia el prójimo y a menudo trae su brote inicial de una in justicia sufrida o también de un fracaso que el paranoico se niega a atribuir a su propia insuficiencia o a circunstancias desafortuna das, para acusar de el a personas o catego rías de personas determinadas (los comunis tas, los fascistas, los judíos, etc.) según las circunstancias o la moda del tiempo.

Sospe choso, sombrío, suspicaz, desconfíado el de lirante de persecución ve en todas partes manejos o complots tramados para hacerle daño, interpreta los gestos,- discursos o su cesos más triviales atribuyéndolos a su persona y — finalmente exasperado y sin poder aguantar ya más— se ve arrastrado por el impulso de la defensa y la reacción convir tiéndose de perseguido en perseguidor. En tonces será un perseguidor astuto, inflexible, despiadado: de aquí que no son raros los homicidios y heridas producidas contra aque llas personas inocentes a las que el paranoico cree identificar con sus perseguidores. Muy afines al delirio de persecución son el delirio de los pleitos (por efecto del cual el enfermo se mete en una serie de procesos más ó menos disparatados ue a menudo sóld consiguen reducirle a la miseria y conven cerle cada vez más de que los magistrados le niegan la razón por prejuicios o por corrupción), y el delirio de los celos donde el objeto de la persecución es el cónyuge al que se juzga infiel y se somete a continuos ultrajes y vejaciones. 3. C o r o la r io s j u r í d i c o s y m o r a l e s. - La p. — siendo como hemos dicho más una ano malía constitucional que una verdadera psi cosis— es insanable e incurable y fatalmente va empeorando con los años hasta hacer al enfermo muy a menudo socialmente peligro so: de aqui la conveniencia de recogerle en un hospital psiquiátrico apenas se sospeche del peligro de su enfermedad sin esperar a que realice un grave delito.

En las formás iniciales en que el enfermo presenta aún dudas y lagunas en sus pro pios convencimientos delirantes puede ser de alguna ayuda una sabia psicoterapia; pero también en esto conviene tener gran pruden cia, dada la suspicacia y tenaz espíritu de venganza de estos sujetos, siempre inclina dos a atribuir a los demás sus propios desen gaños y fracasos. Es muy difícil además poder recoger a tiempo en un manicomio al pa ranoico, el cual — convencido de que no está enfermo y habilísimo en disimular su propio d elirio— está presto a recriminar y protes tar contra la pretendida violencia de sus pa dres y del médico que quieren internarlo, y no duda en recurrir a sus conocidos, a los periodistas, y no rara vez, a los mismos ma gistrados para conservar su libertad apenas se da cuenta de que está en peligro.

Todo delito realizado por los paranoicos como efecto de sus delirios escapa a cual quier sanción, tratándose de un hecho come tido por un individuo privado de la facultad de entender y querer rectamente. Bastante más delicada puede presentarse la valoración moral si se trata de un para noico con delirio religioso que presuma de tener manifestaciones místicas. Y como (ya antes lo hemos señalado) estos enfermos ins piran toda su conducta en el contenido de su propio delirio no es fácil al principio — si no se emplea una inteligente indagación psi quiátrica — la determinación de la enfer medad.

Ayuda sin embargo tener presente que estos paranoicos — convencidos de ser desti nados a realizar una misión sobrenatural para salvar la humanidad en peligro— no se li mitan nunca a obras personales de ascética religiosa, sino que sumen muy pronto, acti tudes y conducta de ‘ reformadores, de após toles, desprecian fanáticamente la autoridad constituida, y asi, en breve plazo, revelan su locura, no obstante el coro entusiasta de más o menos numerosas almás sencillas, no siempre inmunes también ellas de notas paranoideas o histéricas y — a veces — en los mismos pretendidos milagros de estos enfer mos turbulentos. Riz.

Bibliografía

Bibliografía

Lévy-Valensi, Preeis de payahiatrie, Pa ria, 1926 E. T a n z i y
E. Lugaro, Trattato delle ma lattie mentali, Milano, 1926 G. moglze, M anual e di psichiatriaJ Roma, 1930 M. G o z z a no, Compendio di psichiatria, Torino, 1954.

Voces relacionadas

Internas