Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

PSICOSIS

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1. Definición y límites. - Este término —'igual que su sinónimo frenosis, caído en desuso— denota cualquier enfermedad mental y además se usa indiferentemente con el de psicopatía, aun cuando, como hemos dicho en esta última voz, se han de llamar psicopatías las desviaciones psíquicas de fondo constitucional: las anomalías estables de los instintos y de la afectividad que constituyen el capítulo tal vez mas ambiguo, complejo y difícil de la psiquiatría menor. Un segundo y muy distinto capítulo de esta psiquiatría menor lo constituyen las neurosis o — m ejo r— las psiconeurosis (v.), que abrazan la neurastenia, el histerismo, la psicastenia y las demás disfunciones neuropsiquicas, caracterizadas fundamentalmente por trastornos más o menos episódicos de la esfera afectiva, sin participación de la inteligencia y de ordinario sin desequilibrio ético. Otros sinónimos de p. son locura (v.) y enajenación mental, aunque éstos se reservan a las formas morbosas más graves y, sobre todo a las que influyen notablemente en la esfera intelectiva. La psiquiatría es el ramo de las disciplinas médicas que se ocupa del estudio de las psicosis (y de las psicopatías), indagando sus causas, síntomas, proceso, alteraciones anatomopatológicas, profilaxis, terapia, etc.

Frenocomios, manicomios o, con un término más reciente, hospitales psiquiátricos (v.), son los institutos en que se han de recoger y curar los enfermos mentales, especialmente los peligrosos para sí o para otros, en tanto que en los manicomios judiciales se han de recoger por un tiempo más o menos largo, señalado por la ley, los delincuentes que han sido juzgados irresponsables por estar afectados por alguna enfermedad mental.

2. Causas. - Hubo un tiempo (como hoy sucede todavía entre las poblaciones primitivas) en que las enfermedades mentales se consideraban no rara vez debidas a influjos de espíritus malignos o a castigos de la divinidad. Pero ya en Hipócrates encontramos ese concepto m oderno: Hac parte (el cerebro) sapimus et intelligimus et hac ipsa insanìmus; de hecho las p. se han de considerar sobre todo como afecciones cerebrales. Estas afecciones pueden consistir en anomalías y predisposiciones morbosas originarias, heredoconstitucionales, o también pueden depender de traumas, tóxicoinfecciones, enfermedades debilitantes, fuertes emociones y similares. La sede de las lesiones o de las anomalías es al menos preferentem ente cortical.

Conviene además agregar que actualmente se trata de presentar como causa de las p.

una más o menos larga serie de factores etiopatogenéticos, o sea, una cadena causal, compuesta esquemáticamente de tres anillos: el factor determinante exterior (agente infeccioso, trauma, etc.), factor intermedio o inmediato cerebral, en relación directa con el agente exógeno y un factor lejano (el terreno orgánico, las predisposiciones hereditarias o adquiridas en el curso del desarrollo). Este último factor — la constitución somatopsíquica, que se aleja de la constitución normal por motivos hereditarios o por causas ambientales en la edad evolutiva, bastante antes de la aparición de la enfermedad— es indudablemente el factor más importante y la p. se ha de entender como una alteración de toda la personalidad psíquica que influye de diverso modo sobre las. esferas intelectiva, afectiva, volitiva, sin perdonar a ninguna: alteración que puede ser desencadenada por un motivo exógeno, pero que tiene sus profundas raíces en el terreno constitucional.

De esto tenemos una confirmación tanto en los estudios sobre la hereditariedad como en el hecho de que un mismo agente morboso puede desencadenar las más diversas psicosis y que diferentes causas pueden provocar una idéntica enfermedad mental.

3. Clasificación. - La clasificación de la p. es un tema en que han trabajado generaciones de psiquiatras, aunque inútilmente, ya que toda clasificación (tanto las más antiguas de base psicológica, sintomatológica, como las más recientes, de base biológica, anatomopatológica) ha abierto el flanco a críticas más o menos graves.

Esto se deduce no sólo de las consideraciones señaladas en el párrafo anterior, sino también del hecho de que — al y contrario de lo que se verifica en la patología médica o quirúrgica— ninguno de los síntomas psíquicos permite remontarse a una sola causa ni a un determinado proceso morboso, ni siquiera a un cuadro morboso típico: un mismo síndrome (depresión, excitación, delirio, confusión, etc.) puede encontrarse en las más diversas enfermedades mentales, así como por otra parte toda p. puede, aunque a veces sólo sea episódicamente, presentar los síndromes más dispares. A simple titulo de orientación esbozaremos ahora no tanto una clasificación como una serie de grupos de enfermedades mentales constituidos no sobre la base de un riguroso principio taxonómico, sino siguiendo un criterio preferentemente clínico: A) P. adquiridas, de naturaleza esencialmente exógena, que representan el efecto de una causa externa sobre el cerebro: a) p. de alcohol o de otras intoxicaciones (morfina, cocaína, etc.); b) p. de origen infeccioso (psicosis luética, rabia, amencia, etc.); c) p. arterioescleróticas y seniles; d) p. de cerebropatias infantiles o del adulto; e) psicosis tiroideas, etc.

B) P. endógenas, dependientes p referentem ente de anomalías constitucionales: a) p. dlstímicas o maníacodepresivas; b) paranoia y parafrenlas.; c) personalidades psicopáticas (v. Psicopatía); d) tren astenias biopa ticas, etc. C) P. m ixtas, de anomalías originarias y de enfermedades adquiridas: a) esquizofrenia; b) p. ‘reactivas (neurosis traumática, histerismo y otras psiconeurosis, etc.).

Desde el punto de vista anatomopatológlco, o sea con relación a las alteraciones que se encuentran ¿n el cerebro de los enfermos, las psicosis pueden dividirse en dos grandes categorías: 1) orgánicas o lesionales (acompañadas de lesiones o de deformaciones cerebrales); 2) funcionales (sin alteraciones histológicas apreciables y atribuidas por lo tanto a desórdenes bioquímicos más o menos hipotéticos). Aunque la cantidad de las formas funcionales, que abrazan casi todas las enfermedades mentales señaladas en las letras B y C de la lista anterior, prevalece sobre la de las formas lesionales; sin embargo, con el perfeccionamiento de los medios de investigación el número de estas últimas tiende a aumentar sobre las primeras. Una reciente clasificación aceptada por muchos autores acude a motivos psicológicos y agrupa las enfermedades mentales en cuatro c lases: reacciones, desarrollos, fases, procesos.

La primera clase comprende las reacciones psicogenéticas, debidas a la élaboración emotiva de los estímulos producidos por situaciones, sucesos, vicisitudes y similares: se trata en una palabra de respuestas afectivamente motivadas y anormales a un sucesoestímulo, de reacciones que se diferencian de la norma por su excesiva intensidad o duración, o por la inadecuación entre su contenido y el tema del suceso causado, pero en las cuales se mantienen evidentes y comprensibles las relaciones lógicas entre evento dedeterminante y nacimiento, modalidad y decurso de la reacción. A esta clase pertenecen las, psiconeurosis (v.).

Los desarrollos constituyen una manifestación morbosa de evolución progresiva, determinada por eventos o solicitaciones exteriores, que obran de un modo lógicamente comprensible sobre el terreno de una predisposición morbosa individual. Forman parte de esta clase muchos síndromes que provienen tanto del campo de la esquizofrenia como del de la paranoia, tanto de las personalidades psicopáticas, como de las psiconeurosis. Las fases comprenden las distimias de curso fásico o periódico (excitación-depresión). Por procesos psíquicos se entienden las modificaciones caracterizadas por la aparición de fenómenos ilógicos y nuevos para la psicología del enfermo. En esta clase entran los síndromes esquizofrénicos y las enfermedades mentales debidas a alteraciones anatomopatológlcas (en cuyo caso se habla más propiamente de «procesos somatopsíquicos»). Por lo que se refiere a la moral como a la terapéutica y a los corolarios éticos más notables, v. la voz Locura, así como las voces relativas a las enfermedades mentales más importantes. R iz.

Bibliografía

Bibliografía

B. De Sanctis Pazzia, en EI XXVI, p. 561
R. De Sinety, psicopatologia e direzione spirituale, Brescia, 1944

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