ODIO
1. Noción. - Odiar es lo contrario de amar. Por esto odiar a una persona es querer mal a esta persona. 2. O. de Dios. - Podemos odiar a Dios, no precisamente considerado en su esencia, por que como tal es la suprema bondad, sino con siderado como causa de algunos efectos, los cuales bajo cierto aspecto nos desagradan. Así el hombre puede odiar a Dios en cuanto que Él lo castiga justamente por los pecados o en cuanto que le impide buscar o gozar, más de lo que la ley moral permite, los placeres y bienes temporales. Odiar a Dios es el más grave de todos los pecados, porque es por esencia la aversión de Dios, mientras que el fin propio del hombre es acercarse y unirse a Dios, lo cual se obtiene mediante el amor hacia Él. El que odia a Dios rechaza a un ser sumamente bueno y, por lo tanto, sumamente deseable.
3. O. de l p r ó j i m o. — Podemos también odiar al prójimo. Lo hacemos si queremos mal al prójimo, p. ej., a nuestro enemigo (v. Ene m igo), No odiamos al prójimo si odiamos no a J él mismo (a causa del mal que vemos en él), sino solamente el mal que vemos en él. Odiar la crueldad en una persona es un acto bueno. Pero debemos al mismo tiempo amar la persona como hombre e hijo de Dios y por lo mismo querer que él se libre de la crueldad y se haga bueno y clemente.
Odiar al prójimo, aunque sea nuestro enemigo, es un pecado de suyo grave por ser contrario al primero y principal de los man damientos', esto es, al precepto del amor. Bajo un aspecto especial, es Lo es, en razón del daño que se ocasíona al prójimo hay otros pecados más graves, p. ej., el homicidio, el hurto. El o., en cuanto tal siendo un pecado interno de la voluntad, no ocasíona de suyo daño al prójimo. Pero la gravedad del pecado depende ante todo de que existe en la voluntad y solamente en segundo lugar del daño exter namente causado. Además el o. induce de suyo a actos externos nocivos a la persona odiada, como la caridad induce a las obras buenas y útiles para con el prójimo (v. también: Caridad, Enemigo, Prójimo). * Es gravemente contrario al espíritu cris tiano predicar al pueblo el o. para con el prójimo, aunque sea enemigo. El estado tris tísimo de los pueblos, donde se predica esta doctrina, demuestra la verdad de lo que deci mos. Llamar pagano al hombre que ensena el o. como cosa noble es hacer desprecio o insul tar a muchos paganos que condenaron el o., incluso contra el enemigo, como cosa que re baja al hombre. Ben.
Bibliografía
Bibliografía
F. Tillmann, El Maestro llama, San Se bastián, 1965.