MODESTIA
1. Sentido escolástico. - La m. (de moderar en el sentido de gobernar) puede tener diversos significados. Sto. Tomás la llama parte potencial de la templanza (v.). En efecto, la templanza modera y frena los placeres del tacto, esto es, del gusto y de la función sexual, que son los más difíciles de moderar; debe haber, pues, otra virtud que modere los demás apetitos, la cual por lo tanto en su razón formal, esto es, en cuanto ordenación de los apetitos, se asocia con la. templanza. Entendida así en sentido amplio, la m. es la virtud que ordena todos los apetitos y acciones, internas y externas, que no presentan una dificultad particular por la cual hayan de ser asígnadas a una virtud especial. Pero en un sentido más restringido, la m. se refiere solamente a los actos y cosas externas que modera según la recta razón. Esta virtud, pues, nos induce a un cuidado· razonable en nuestras acciones y en nuestras cosas externas (vestidos, adornos, etc.) según nuestro estado, teniendo el justo medio entre la exageración y la negligencia.
2. Sentido moderno. - En el lenguaje moderno el significado escolástico en el sentido más amplio no se usa ya, sino sólo el más restringido (modestia m orum et cu ltus) y solamente en el sentido negativo, esto es, de un cuidado sin exageración.
Pero muy a menudo esta palabra tiene en nuestros días un sentido aun más específico y se refiere solamente a aquellos actos y cosas externas que tienen cierta relación con la virtud de la pureza. En este sentido es la virtud que modera nuestras acciones y cosas externas de manera que nos haga evitar toda excitación en nosotros mismos o en otras personas de las pasíones sexuales.
3. Función. - La m., en este último sentido especifico, no coincide con la castidad ni tampoco con la pudicicia, aun cuando a veces se la confunde con esta última (v. Pudicicia, Pudor); pero es su defensa externa y su efecto; la m. tiende a: a) atraer la atención sobre la parte superior del hombre, su alma, que ha de dominar el campo sexual; b) prevenir las tentaciones y los peligros que se oponen a la pureza. La educación de la m. es, por lo tanto, de vital importancia para la conservación de la castidad individual y de la moralidad pública. La m., en sentido más amplio, se diferencia en su aplicación práctica según tiempo y lugar, y también según la condición individual de la persona (lo que es exagerado para uno puede no serlo para otro). La m. en sentido estrictísimo, puede ser alguna vez diversa según los lugares y los tiempos (un vestido que se juzga muy inmodesto en un lugar o tiempo determinado, puede serio menos en otros tiempos y lugares); sin embargo, considerando el hecho de que esta m. tiene una función no sólo individual, sino también social, no se puede decir que su aplicación se diferencie según la apreciación individual de cada persona;
ha de ser por lo tanto juzgada más bien objetivamente, sin tener en cuenta el grado de excitabilidad de esta o de aquella persona. Dam.
Bibliografía
Bibliografía
Sum. Theol., II-II, q. 143, 160, 168-169 B. M e r k e l b a c h, Summa theol. mor., París, 1935, n. 944- 946 1057-1068 E. H o c e de z, Pour la modestie chrétienne, en Nouv. rev. théol., 52 (1925), 396-413
M. Card. Massimi, La modestia cristiana, Ciudad del Vaticano , 1946.