Diccionario de Teología Moral

Pietro Pavan (Pav.)

MONEDA

Recursos

1. Necesidad. - Para satisfacer sus múltiples necesidades los hombres se encuentran en la necesidad imprescindible de cambiar sus productos. Los productos pueden ser cambiados uno por otro, pero desde los tiempos más remotos se vio la oportunidad de que una mercancía determinada fuese elegida para representar el papel de intermediaria en la verificación de todos los cambios (v. Cambio): esta mercancía es la m. o dinero. 2. Origen y naturaleza. - En los diversos tiempos y en los diversos lugares fueron usadas como monedas las mercancías más dispares, que eran las que en aquel determinado ambiente histórico tenían un mayor grado de garantía: barras de sal en Abisinia, pieles en Siberia, conchas en el Océano índico, bueyes en Europa Central, tabaco en Virginia, etc. Con el progreso de los tiempos, sobre todo cuando los cambios se hicieron más númerosos y el mercado se extendió, se adoptaron como monedas los metales preciosos: oro, plata, cobre, a lo cual se llegó por sus características: precio de inalterabilidad casí invariable, divisibilidad, homogeneidad, fácil elaboración, reconocimiento no difícil por su color, sonido y peso. En los tiempos modernos se ha extendido hasta hacerse universal el uso del papel m.; más aún, puede decirse que éste constituye un carácter especifico del mundo económico de nuestra época. Hoy la moneda puede ser: a) metálica o m.

3. Valor de cambio. - La m. cumple ante todo con una función de intermediaria en el cambio de bienes económicos. En segundo lugar la m. sirve de medida de todas las mercancías, de todos los valores. Toda mercancía referida a las demás tiene un valor de cambio: valor determinado por la relación de su unidad con la de las otras mercancías. Si, p. ej., con un kilo de trigo se compra un litro de vino, se dice que el valor de cambio del trigo respecto al vino es de uno a uno; pero como el valor de cada mercancía no se puede prácticamente determinar confrontando cada una con todas las demás — lo cual implicaría cálculos extraordinariamente complicados y difíciles—, se acostumbra referirlas todas a una misma mercancía, esto es. a la m, Esto facilita muchísimo la medida de los valores y la formación de los precios que son precisamente los valores expresados en m. tercer lugar la m. sirve de media de atesoramiento o ahorro.

Con frecuencia los hombres están en posesión de bienes que no pueden conservar por ser bienes de naturaleza perecedera; por otra parte no necesitan adquirir con ellos otros bienes de consumo inmediato por no tener necesidades actuales que satisfacer: entonces los ceden para tener m., bien que no perece y que conserva siempre su v a lo r; en esto consiste el proceso de ahorro o atesoramiento.

4. Poder de adquisición. - La m. tiene también su precio que se suele denominar poder de adquisición. El precio de la m., como el de toda otra mercancía, está sometido a la ley de la demanda y de la oferta (v.), esto es, está determinado por la masa monetaria disponible en un mercado en la unidad de tiempo y por la demanda que de ella existe. Si crece la masa monetaria, decrece su valor y por lo tanto asciende el precio de los productos; mientras que si la masa monetaria decrece, sube su valor y desciende el de los productos. Pero la m. conserva siempre su carácter esencial de bien instrumental; esto es, bien empleado, como hemos visto, en la verificación de los cambios de todos los productos.

Ahora bien, en un mismo espacio de tiempo una misma m. puede ser usada para uno, dos o más cambios: es evidente que tanto menor será el volumen de la m. requerido, cuanto mayor es su velocidad de circulación; por lo cual el valor de una m. es inversamente proporcional a dos elementos: volumen (o cantidad) y velocidad de circulación. Toda variación en la relación entre cantidad y velocidad de la m.

por una parte y el volumen conjunto de los demás bienes económicos por la otra lleva también consigo una variación en el precio de la m. Es un fenómeno probado que con la marcha del tiempo la cantidad de m. y su velocidad crecen más de lo que crece el volumen conjunto de los demas bienes; por lo cual su prepio real o poder real de adquisición está fatalmente destinado a decrecer, aun cuando su precio nominal permanezca inalterable (v. Precio). Síguese también de aqui que el que presta m. hoy se encuentra en una posición de disfavor respecto al que la habrá de restituir mañana, ya que mañana la misma m. presentará el mismo valor nominal, pero un poder de adquisición disminuido. Se ha de observar además que el que presta m. ordinariamente es el ahorrador y el prestador de trabajo. Este último cede su trabajo valorado en m. (salario); mientras aquel a quien la m. es prestada es el empresario: de aquí se sigue que la coyuntura (v.) juega casí siempre en favor de este último y en daño del interés y del salario; esto se ha verificado como todos saben en proporciones enormes en este último período de tiempo.

5. Datos morales. - La naturaleza y la función de la m. deben tenerse presentes en la valoración moral de las relaciones económicas entre los hombres, p. ej.; en los contratos de trabajo, determinación del interés, etc. Pau.

Bibliografía

Bibliografía

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M. R iq u e t, El cristiano frente al dinero, Bilbao. 1948.

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