Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.) · Ludovico Bender, O.P. (Ben.)

MEDICAMENTO

Recursos

1. Terminología. - Con el término m., se entienden las sustancias empleadas en la prevención y cura de las enfermedades. Farmacia es el arte de preparar los medicamentos o fármacos y significa igualmente en lenguaje corriente el establecimiento donde se preparan y venden los medicamentos; establecimiento que se llamó también especiería y oficina, de donde el nombre de o ficinales que se da a las plantas medicinales; más corriente aún es el nombre de botica, de apoteca (apothéke = tienda). Farmacéutico es el nombre del profesional que ejercita la farmacia. Farmacología es la ciencia que estudia la acción ejercitada por los medicamentos sobre el organismo. Farmacopea es la lista de medicamentos con sus caracteres, modos de prepararlos, dosis maximás suministrables etc.

2. Datos históricos. - El uso de medicamentos basado en el conocimiento empírico de la virtud de las plantas y de los remedios más simples se remonta a los tiempos más remotos, cuando la farmacia y la medicina eran ejercitadas por la misma persona. El griego Dioscórides Pedanio, médico militar del tiempo de Nerón, puede ser considerado como el fundador de la farmacología, de la que.trató orgánicamente en una obja en cinco volúmenes intitulada De materia medica escrita hacia el 78 p.

C. Un siglo más tarde Galeno escribió algunas obras sobre el mismo asunto.

En la Edad Media, por mérito de los árabes, el arte del farmacéutico se hizo independiente de la profesión médica y a fines del s. xvi los farmacéuticos se reunieron en corporaciones y eligieron a San Cosme y San Damián por patronos suyos. Entretanto, con el progreso de la química y con los nuevos conocimientos botánicos (debidos también al descubrimiento y exploraciones de los nuevos países), el número de medicamentos fue creciendo cada vez más. A fines del s. x v m y a principios del x ix la farmacia vivió su época de oro; y a los estudios de los farmacéuticos se debió el descubrimiento de gran parte de las sustancias químicas aisladas en aquel periodo: baste recordar los nombres de

C. Scheele (que preparó los ácidos málico, cítrico y gálico, aisló el acido úrico, descubrió el molibdeno, el wolfram, el cloro, etc.), de F. Serturner (que fue el primero que aisló un alcaloide, la morfina), de M. Klaproth (que descubrió el cerio, el circonio y el titanio), de Pelletier, de Liebig, de Mohr, etc. Hoy la preparación de los medicamentos en gran escala y el uso cada vez más extendido de los específicos han disminuido sensiblemente la actividad científica de la profesión farmacéutica. Los estudios farmacológicos, incluso por razón de la riqueza de medios que exigen, se desarrollan prácticamente sólo en los laboratorios universitarios y en los de las grandes.empresas productoras de especialidades médicas.

3. Clasificación.

- Los medicamentos o fármacos pueden clasificarse de diversas formás:

a) Según la forma en que se suministran, sólidos: polvos, grageas, píldoras, cápsulas, supositorios, etc.; líquid os: colirios, colutorios, infusiones, irrigaciones, etc.; gaseosos: gas, sustancias volátiles y líquidos pulverizados; b) según la vía de introducción: conducto gastroentérico; árbol respiratorio; epidermis, tejido subcutáneo, órganos génitourinarios, venas, etc.; c) según el tipo de acción ejercitada: local o tópica, refleja, general; d) según su constitución química, sustancias inorgánicas: arsénico, bismuto, calcio, fósforo, etc.; sustancias orgánicas, subdivisibles a su vez en sustancias de la serie grasa: glicerina, ácido* fórmico, cloroformo, etc.; sustancias de la serie arom ática: fenoles, sacarina, tanino, antipirina, etc.; alcaloides.· estricnina, teobromina, morfina, atropina, etc.; glucósidos: estrofanto, podofilina, etc.; aceites esenciales y balsámicos: alcanfor, árnica, camomila, trementina, etc.; fe rmentos: pepsina, levadura de cerveza, etc.; sueros y vacunas; hormonas (v.); vita m inas: A y B2 vitaminas del crecimiento, B1 vitamina antiberiberi, PP antipelagrosas, B12 antianémica, C antiescorbútica, D antirraquítica, E de la fecundidad, K y P antihemorragicas, etc.; sulfam idas; antibióticos: penicilina, estreptomicina, terramicina, etc.; e) según sus propiedades curativas, antihelm ín ticos: santonina, helecho macho, etc.; a n tipiréticos: fenacetina, piramidón, quinina, etc.; a ntirreum áticos: salicilato sódico, aspirina, etc.;

cardíacos: digital, cafeína, espartefna, etc.; expectorante: polígala, licor anisado de amoniaco, etc.; purgantes: sulfato sódico, aceite de ricino, cáscara sagrada, fenolftaleína, etc.; sedativos: bromuros, opiáceos, barbitúricos, valeriana, etc. 4. Custodia de los medicamentos. - A los particulares corresponde la obligación moral de tener bien custodiados, a ser posible en un armarito a propósito, cerrado con llave, los medicamentos que poseen. Es muy frecuente el caso de niños que cogen un tubo de píldoras o comprimidos que contienen medicamentos y tragan su contenido atraídos por el color o por el gusto azucarado del revestimiento de aquellas pastillas con efectos a veces mortales.

Ocurre también a veces a personas adultas, pero distraídas o somnolientas, que cambian la botella que contiene un cáustico o un antiséptico por la de una bebida innocua y refrescante, produciéndose así quemaduras internas u otros graves perjuicios; puede ocurrir igualmente que un familiar arrastrado por la idea del suicidio aprovechara la tentación de servirse del tubito de barbitúricos o de permanganato para llevar a cabo su triste propósito. Jamás se recomendará suficientemente, incluso al personal enfermero hospitalario, que tenga siempre escrupulosamente separados y oportunamente seflalados los recipientes con ácidos o con otras sustancias nocivas, cambiados a veces con otros medicamentos totalmente diversos y suministrados a los pacientes con efectos gravísimos.

La familiaridad con los medicamentos — al igual que la de las armas— crea a la larga un sentido de seguridad que en un momento de distracción puede hacer incurrir en los errores más terribles y nocivos. A los neuropáticos, cenestopáticos, hipocondriacos, a los individuos que siempre se encuentran excesivamente preocupados por el buen funcionamiento de sus aparatos orgánicos recomendaremos vivamente que no abusen de los específicos que se anuncian en los periódicos sin acudir antes al médico; este abuso, en el mejor de los casos, perjudica no sólo a la cartera, sino que produce de suyo varios trastornos, influyendo nocivamente en las secreciones gástricas, la enervación cardíaca, etc. Los medicamentos, aun los más Inocuos, han de ser siempre prescritos por el médico, ya que la diagnosis es la necesidad suprema de la cura y no es concebible una correcta prescripción terapéutica que prescinda de un exacto juicio diagnóstico. El médico además es la única persona en condiciones de controlar los efectos clínicos de los medicamentos, los cuales pueden variar sensiblemente de un caso a otro según los factores constitucionales o de naturaleza diversa que el sujeto ignora: de aquí nacen los fenómenos de asuefacción o de tolerancia, acciones y reacciones de género diverso, que justifican las más amplias reservas acerca del uso y abuso de los medicamentos, a espaldas e incluso contra el parecer del médico.

5. Fabricación y venta de medicamentos.

Los establecimientos autorizados para producir específicos médicos no pueden poner en el comercio un producto sin su registro previo en la Dirección General de Sanidad; registro que se ha de hacer previo control de aquel fármaco determinado con objeto de evitar la venta de medicamentos charlatanescos o privados de algún modo de los componentes indicados en la fórmula o que, en su control, resulten desprovistos de la propiedad terapéutica que se les atribuye. El farmacéutico tiene la obligación de controlar toda receta antes de expedirla para evitar posibles errores de dosificación, eventuales fenómenos de incompatibilidad, etc. Está además obligado por ley a no emplear medicamentos sofisticados o diluidos o distintos de los que el médico prescribe (salvo cuando se trate de sustituir un específico con un producto similar: sustitución que se ha de hacer según los fines y modalidades que se determinan en Deontología farmacéutica). Riz.

6. Uso de lo s m e d i c a m en t o s. - El Señor creó de la tierra los medicamentos y el hombre prudente no los desdeñará. Y el A ltís im o dió a los hombres la ciencia para ser admirado en sus maravillas. Con ellos el médico cura y alivia el dolor (Ecli., 38, 4-7). En estas breves palabras la Sda. Escritura nos ofrece preciosos avisos respecto de los medicamentos. Indica el doble fin del uso de los medicamentos: curar, o sea suprimir y aliviar el dolor. El primero es el principal. El segundo cuando no es efecto de la curación es secundario, pero de todos modos es muy útil y bueno.

Además el texto sagrado da a entender que el uso de los medicamentos puede ser una obligación de conciencia y que el uso de muchos medicamentos debe ser guiado y controlado por la ciencia, la cual es propia del médico. 7. Deberes del usuario. - Fuera de los remedios caseros, ciertamente inocentes y útiles para indisposiciones ligeras, no es lícito el uso de los medicamentos sin el consejo o prescripción del médico. Aun por el uso inmoderado, demásiado frecuente, de medicamentos comunes, el hombre puede pecar, originando daño a su salud.

Por otra parte, un enfermo está obligado a usar ios medicamentos prescritos por el médico como necesarios para la curación o para evitar daños, etc. Es reprobable la práctica bastante frecuente de recurrir a charlatanes o curanderos o usar los medios recomendados por ellos. El recurso al curandero' es frecuentemente, la causa, por dos razones, de que la intervención del médico llegue demásiado tarde. Los medicamentos recomendados por los charlatanes aunque hayan producido curaciones casi maravillosas de ciertas enfermedades, no son por lo mismo recomendables, ya que pueden producir otros efectos gravemente nocivos para los órganos del cuerpo. Pueden causar, en efecto, enfermedades que, si bien no se manifiestan de repente, de suerte que el paciente no competente en medicina no las atribuye a los medicamentos usados, aparecen después de cierto tiempo.

8. Deberes del médico.

- En virtud del contrato (al menos tácito) el médico tiene la obligación de administrar o prescribir a su enfermo los medicamentos más ciertos, más eficaces y menos costosos que conozca para el caso. Si no existe el m. que reúna en sí las tres condiciones, p. ej., si el más cierto es también notablemente más caro, de suyo el médico debe elegir el más cierto. Si es evidente, sin embargo, que los gastos son demásiado gravosos para el enfermo puede· elegir el mejor m. entre los que no son demásiado caros. En caso de duda debe informar al enfermo de las diversas posibilidades y dejarle la decisión si quiere abonar los gastos o prescindir del uso de este remedio.

Al médico no le es lícito emplear medicamentos inciertos con el objeto de experimentar, si no tiene certeza de que el experimento no producirá ningún daño al enfermo. Hay que considerar, sin embargo, no sólo el daño directamente causado por el m., sino también el daño que podría seguirse del hecho de que el uso del m. implique la dilación del m. cierto o más cierto y del perjuicio de los gastos por los medicamentos inútiles para el enfermo. Las pruebas con medicamentos, aunque sean ciertamente inocuos, no son lícitas sin el consentimiento del enfermo bien instruido del médico sobre el asunto.

Los experimentos nocivos o peligrosos no son nunca lícitos ni siquiera con permiso del paciente. En un caso desesperado, esto es, cuando de otra manera el enfermo moriría ciertamente, es lícito emplear un m.

incierto y tal vez nocivo, cuando hay al menos una esperanza razonable, aunque sea pequeña, de salvar de este modo la vida del paciente. Pero el motivo inmediato debe ser el bien del paciente, de manera que el uso del m. sea realmente un tratamiento terapéutico justificado en sí mismo, o sea bajo aspecto terapéutico. No basta el solo motivo de utilidad para el desarrollo de la medicina y el bien de otros pacientes. Para otras cuestiones, v. A nalgésicos, Anestésicos, Estupefacientes. Ben.

Bibliografía

Bibliografía

P. P a t en, Deontología médica. Barcelona, 1944, cap. X III
A. B en e d i c en t i, Farmacia, en El, XIV, 015.

Voces relacionadas

Internas