MEDALLA
1. Datos históricos. - El origen de la m. es antiquísimo. Entre los gentiles existía el uso de llevar una m. con la efigie del soberano y los Romanos Pontífices, en el curso de los siglos, han hecho siempre acuñar medallas para recordar sucesos particularmente solemnes, como el Año Santo, la elevación al Solio Pontificio, la canonización de los Santos, etc. Del uso de llevar al cuello medallas religiosas por devoción o como protección existe noticia en el s. m, pero sólo hacia 1566, a principios del pontificado de San Pío V, aparecieron las primeras medallas benditas, cuando en Flandes surgieron sediciones y conjuras por obra de unos herejes que habían hecho causa común con los hugonotes, y para distinguirse de los católicos comenzaron a llevar pendiendo del cuello una m. hecha al principio de cera o madera y después de plata o también de oro, m. que por una parte tenia la imagen de su rey Felipe II de Esparta con el lema Fideles au roi, mientras que por otra parte llevaba una alforja abrazada por dos manos juntas con las palabras Jusque á la besace aludiendo al sobrenombre de G ueux o mendigos que les habia sido impuesto. A esta secta se opusieron los católicos españoles que entonces dominaban el pais, los cuales para reprimir la obra nefasta de los herejes hicieron acuñar otra m. de plata que llevaba la imagen de la Virgen con el Niño entre los brazos, m.
que llevaban colocada en el sombrero. Esta iniciativa fue seguida por todos los demás católicos de la región. Fué entonces cuando San Pío V para aumentar la devoción de los fieles bendijo estas m. y concedió una indulgencia a quien las llevara. Este uso se propagó rápidamente y fueron muchísimás las medallas que bendijo el Papa y distribuyó a los fieles. 2. Medallas indulgenciadas. - Para que una m. pueda ser bendecida e indulgenciada « es necesario: a) que sea de materig sólida, pero no es necesario que sea de oro, de plata, de bronce o de otro m etal; basta que sea de materia no fácil de consumirse; por ej., una materia plástica que se considere totalmente irrompible; b) que represente la imagen de santos canonizados o recordados en martirologios aprobados. Se pueden indulgenciar, sin embargo, medallas que por una parte lleven impresa la imagen de un santo y por la otra la imagen de un beato o de un hombre ilustre, p. ej., del Sumo Pontífice, o también la figura de un templo (Decr. auth. n. 32); c) que sea bendecida con la fórmula prescrita por un sacerdote que tenga para ello las debidas facultades. 3. Medallas principales. - Las medallas religiosas principales son dos: la m. milagrosa y la de San Benito. a) La m. milagrosa, llamada así a causa de los numerosos prodigios obrados por su medio, tuvo su origen de una visión que tuvo en 1833 Sta. Catalina Labouré, religiosa de las hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.
Durante esta visión la Virgen se apareció como está representada en la m.: en el anverso toda radiante, con los brazos dirigidos hacia la tierra y las manos abiertas de las que brotan rayos esplendorosos., mientras que con el pie pisotea la cabeza de la serpiente; en torno de ella se leía la invocación: Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos. En el reverso de la m. aparecía el nombre de María coronado por la cruz y bajo los Corazones de Jesús y de María: el primero coronado de espinas y el segundo traspasado por una espada. Esta m. tuvo particular difusión bajo el pontificado de Gregorio XVI. Los Romanos Pontífices han enriquecido esta m. con muchas indulgencias.
b) La m. de San Benito es doble: común y jubilar. La primera era ya conocida en el s. vi, pero comenzó a tener gran difusión en el s. xi, especialmente despues de la milagrosa curación del joven Bruno, que más tarde fue Papa con el nombre de León IX (1049-1054); lleva por un lado la imagen de San Benito, que tiene en su mano una pequeña cruz y por la otra una cruz más grande con algunas letras en las que se encierra un significado simbólico. Benedicto X IV la ha enriquecido con preciosas y numerosas indulgencias. La m. jubilar fue acuñada en 1880 por disposición del Abad Ordinario de Montecasino con ocasión del X IV Centenario del nacimiento del Santo. Los fieles que lleven esta m., además de las indulgencias concedidas a la m. común, pueden ganar otras concedidas por los Sumos Pontífices Pío IX y Pío X.
Merece también especial mención la llamada medalla-escapulario con la cual pueden los fieles ganar todas las indulgencias, gracias y privilegios de los escapularios que tuvieren impuestos (Sto. Oficio, 16 diciembre 1910). La medalla lleva en una cara la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y en la otra una imagen de la Virgen en cualquiera de sus advocaciones. Estas medallas las bendice cualquier sacerdote que tenga facultad para bendecir e imponer el escapulario que se quiere sustituir solamente con Ja señal de la cruz. Es preciso, sin embargo, que el que recibe la medalla tenga anteriormente impuesto el escapulario, de modo que mientras no tenga éste impuesto no hace suyas las indulgencias y privilegios anejos a la medalla-escapulario. De A.
Bibliografía
Bibliografía
Theodorus k S. S., Tractatus dogmaticomoralis de indulgentiis, Roma, 1743, P. II. p. 208 ss.: Q. M o r o n i, Dizionario di erudizione, Venezia, 1847, vol. 44, 70
P. B e r i n g e r, Les iv.dulgev.ces, leitr nature et leur usage, París, 1925, p. 485
S. D e A n g e l i s, De indulgentiis, Ciudad del Vaticano, p. 212, n. 293.