Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

CORAZÓN DE JESÚS (Sagrado)

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completo X. O r i g en de l c u l t o. - El Evangelio nos narra que después de la muerte de Jesús, uno de ios soldados abrió con una lanza el costado del divino Salvador y que de allí salió sangre y agua (Jn., 19, 34). Ya en los primeros siglos de la Iglesia esta apertura del costado de Cristo fue objeto de afectuosas consideraciones: fue indicada por los Padres de la Iglesia como fuente misteriosa de todas las gracias. En la Edad Medía contemplativos de ambos sexos hicieron del Corazón del Salvador herido por la lanza objeto de culto particular. Sólo en tiempos más recientes la Iglesia aprobó formalmente el culto explícito del Sdo. Corazón y este culto se difundió rápidamente entre los fieles. En 1765, casí un siglo después de las apariciones y revelaciones del Señor a Sta. Margarita María Alacoque, Clemente XIII aprobó el Oficio y la Misa en honor del Sdo. Corazón; Pío IX extendió su fiesta a la Iglesia Universal; León XIII elevó la fiesta a un grado superior y consagró el género humano al Sdo. Corazón; Pío XI, finalmente, enriqueció la fiesta con una octava privilegiada y modificó el formulario del Oficio y de la Misa.

2. Naturaleza del c u l t o. - A la Humanidad de Cristo se le debe un culto absoluto y de latría, por razón de su unión hipostática con la segunda Persona de la Sma. Trinidad. Y como el Corazón del Salvador fue abierto por la lanza y existe una particular e íntima conexión entre los sentimientos del alma — el amor sobre todo— y el corazón que es su órgano manifestativo y su símbolo, era natural que se honrase de un modo particular el C. de Jesús. El objeto material del culto del Sdo. Corazón es el corazón físico y vivo de Jesús — aquel Corazón que es horno ardiente de caridad y abismo de todas las virtudes— y al mismo tiempo la Persona del Verbo, a la cual el C. de Jesús está hipostáticamente unido y en la cual subsiste. El culto mismo consiste no sólo en la adoración, sino también y especialmente en el amor, que recibe una expresión concreta en la consagración de nuestra persona y de nuestros bienes al Sdo. Corazón y en la reparación por la indiferencia y las ofensas de tantos (Pío XI, Enc. Miserentissimus Redemptor, AAS, 20 [1928 J. 165-178). El culto del Sdo.

Corazón es cosa muy buena en sí y produce efectos muy saludables; siendo, en efecto, el C. de Jesús el más perfecto modelo del amor a Dios y al prójimo, y modelo de todas las virtudes, no es posible tener una sincera devoción a este Corazón sin entregarse a la imitación de. sus ejemplos.

3. Práctica. - Son de aconsejar, además de la práctica de los nueve primeros viernes, la comunión reparadora todos los primeros viernes de mes, y la participación en las funciones en honor del Sdo. Corazón que en todas las iglesias se hacen en este d ía; la celebración de la Fiesta del Sdo. Corazón; alguna pequeña práctica de devoción en honor del C. de Jesús todos los días del mes de junio; el rezo frecuente y devoto de las letanías del Sdo. Corazón aprobadas por la Iglesia; el exponer y honrar con fiores y luces la imagen del Sdo. Corazón, la cual no debiera faltar en ninguna familia cristiana; la consagración de sí mismo, de la familia y de los bienes propios al Sdo. Corazón. Afán.

Bibliografía

La devozione al Sacro Cuore: dottrina e storia. Milano. 1942
A. Tanquerey, Compendio de teología ascética y mística, París, 1930, n. 1252-1261
V. Carbone, Teología del
S. Cuore, Roma, 1953; j. Solano, La devoción al Sagrado Corazón de Jesús según las Encíclicas Pontificias, Bilbao, 1951.

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