HOSPITAL PSIQUIÁTRICO
1. Orígenes. - Salvo raras excepciones (entre las cuales señalamos el refugio instituido en Roma por Pío IV en 1661 ad insaníem curandam , titulado de Santa María della Pietà) hasta mediados del s. XVIII los locos violentos y peligrosos eran encerrados en asilos de carácter carcelario, donde terminaban sus tristes días entre cadenas, fustigados, privados de cualquier asistencia, presa fácil de las infecciones y no rara vez de la inedia. Los locos tranquilos eran abandonados a sí mismos y formaban objeto de la curiosidad benévola de sus conciudadanos. Los ricos eran curados empíricamente en su domicilio o confiados a la custodia de los conventos. Vicente Chiarugi, en Florencia (1788), y Felipe Pinel, en París (1792), reivindicaron para los locos, de palabra y con sus ejemplos, un tratamiento humano, como convenía a gente enferma, pero su obra por muchos años no tuvo todavía seguidores.
La persistencia de la ignorancia sobre las verdaderas causas de las enfermedades mentales y los muchos prejuicios populares que rodeaban de una atmósfera de horror a los enajenados hacía que —no obstante la fundación cada vez más frecuente de verdaderos manicomios (del griego mania = locura, y komeo = curar)— el tratamiento de los locos continuase basándose en ayunos, duchas frías, coacciones mecánicas y malos tratamientos de todo género. Sólo a partir de un siglo ha sido universalmente admitida (más sin embargo en la teoría que en la práctica) una metodología que podemos definir moderna en el gobierno de los enfermos mentales. La coacción mecánica (a base de camisas de fuerza, esposas, jaulas) va siendo abolida en homenaje al sano principio llamado no restraint , ventajosamente verificado por primera vez a fines del s. XVIII en una casa de salud de York. El mismo aislamiento sistemático en una celda ha sido en casi todas partes suprimido. Se ha notado la utilidad, como medio calmante, de los baños prolongados a 35° C.
La experiencia ha confirmado además la importancia, del lado asistencial, de mantener a los enfermos divididos en pequeños grupos (de 10-20 individuos) y, sobre todo, del lado curativo, de tenerlos ocupados en trabajos agrícolas o en otros trabajos a ser posible al aire libre, habiéndose comprobado que la llamada ergoterapia, cuando está bien organizada, es un excelente remedio para evitar que los crónicos decaigan mentalmente hasta el punto de convertirse en trozos inertes de una personalidad despedazada y estéril.
2. Condiciones actuales. - La aplicación cada vez más amplia y difundida de las normas metodológicas señaladas ha llevado a una radical transformación de los refugios para alienados. De esta manera hemos pasado —incluso en la denominación oficial— del manicomio («inspirado esencialmente en el criterio de la defensa social, en la preocupación por una parte de la peligrosidad del loco y por otra de la protección de su libertad individual; que encierra esencialmente los conceptos de custodia y refugio»: Fiamberti) al hospital psiquiátrico (que «cuidándose ante todo del enfermo en cuanto tal, es un instituto cuya función esencial es de orden diagnóstico, asistencial y terapéutico»: Fiamberti); y —merced a los grandes progresos científicos de los últimos 20 años— el tratamiento de los alienados no se limita ya a la balneoterapia y a la ergoterapia al aire libre, sino que se vale con gran utilidad de los nuevos métodos psicoterapéuticos, de nuevos fármacos y sobre todo de la shockterapia (v.).
Gracias a las nuevas técnicas manicomiales y a la adopción de los nuevos remedios los hospitales psiquiátricos han visto incrementar notablemente el número de las dimisiones de sus huéspedes, bien por curación, bien por mejoramiento clínico tan acentuado que permita la reutilización del sujeto en la vida social. La locura ha perdido aquella turbia atmósfera de fatal irreparabilidad que un tiempo hacía considerar tan infausto su pronóstico. Hoy el enfermo mental es un individuo curable y susceptible de curación al igual que cualquier otro enfermo; hoy, frente a cualquier loco, las palabras de esperanza ya no las dicta sólo un piadoso sentimiento de compasión, sino que están plenamente autorizadas por las modernas estadísticas psiquiátricas.
3. Cuestiones morales. - Muchos de los temas señalados en los párrafos precedentes tienen relación estrecha con la moral. Otros problemas éticos relativos a los hospitales psiquiátricos se tratan en la voz Hospital (v.), que no vamos a repetir aquí, limitándonos a insistir en la necesidad de que el personal enfermero de los hospitales psiquiátricos sea elegido con gran cuidado, incluso bajo el aspecto moral, y controlado oportunamente, siendo fácil que el empleado en la vigilancia de sujetos alienados pase, por defecto de caridad y de tolerancia, a malos tratos, tanto más reprobables cuanto que sabe que el enfermo no está en condiciones de hacer valer sus razones o de denunciar el mal sufrido. Queremos más bien examinar una cuestión de gran importancia eticorreligiosa, a la cual no nos parece que se haya dado hasta ahora la debida importancia y para la cual trataremos de sugerir una solución oportuna. Aludimos al problema de los religiosos locos. Aunque el clero secular y el perteneciente a órdenes religiosas es particularmente resistente frente a enfermedades mentales, sin embargo no se encuentra inmune de ellas, como nos lo muestra nuestra propia experiencia profesional.
Si tenemos en cuenta que el alienado, habiendo perdido sus facultades intelectivovolitivas, usa con frecuencia un lenguaje inconveniente o blasfemo, o se abandona fácilmente a una conducta extraña o irracional, es fácil de entender cuánto escándalo puede dar un religioso que —recluido en un hospital público o privado— dé tan triste espectáculo. Para evitar esto, y también por comprensibles razones de equilibrio, estos enfermos mentales se encuentran a menudo aislados en diversos institutos confiados al cuidado de su médico. Pero tampoco esta solución es suficiente, ya que el médico, no siendo psiquiatra, no está en condiciones ni de formular a tiempo el diagnóstico exacto ni de practicar las curas modernas oportunas, las cuales —entre otras cosas— requieren casi siempre una costosa instalación. En estas circunstancias el episodio mental, que podía resolverse rápidamente, se prolonga en el tiempo y se hace crónico con grave y a menudo irreparable daño para el pobre alienado. A nuestro parecer no hay sino un remedio para evitar los daños materiales y morales señalados: la creación de Casas de Salud (no cronicarias) bien dotadas, reservadas a los religiosos enfermos mentales.
Un primer experimento se lleva a cabo actualmente en una Casa de Salud que está surgiendo entre Marino y Castelgandolfo (Roma) al cuidado de las Hermanas de la Divina Providencia de Bisceglie (Bari). La clínica llevada sin ningún fin de especulación ofrecerá toda garantía para la recuperación solícita de los religiosos enfermos mentales con una custodia y un tratamiento moral y técnicamente perfectos. Una vez experimentada la utilidad de esta institución no tardarán en surgir otras similares en otros grandes centros de la catolicidad. Riz.
Bibliografía
N. Accornero, Psichiatria e legislazione , en Il Tempo , 14 agosto 1951
F. Baporito, Manicomio , en EI , XXII, 124.