Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

ERROR DEL MÉDICO (en particular)

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1. P r in c ip io s j u r íd ic o s y m o r a l e s. - Suelen prescribir los códigos que nadie puede ser castigado por una acción u omisión prevista por la ley como delito, si no la comete con conciencia y voluntad. Por lo tanto, cualquier error de los médicos debiera escapar a toda punibilidad, ya que ningún médico que no sea un loco perjudica a ciencia y conciencia al que se confía a su cuidado. Si por otra parte el daño es fruto de negligencia grave o de notable impericia o de imprudencia señalada, el magistrado tiene derecho a intervenir, aunque sólo sea para establecer las reparaciones pecuniarias oportunas en favor del perjudicado o, si éste ha muerto, de sus legítimos herederos. La moral católica es más severa y hace responsable al médico frente a su conciencia, tanto si yerra por negligencia como si lo hace por imprudencia e impericia. Naturalmente es diverso el grado de responsabilidad y se han de tener también presentes los antecedentes que constituyen la imputabilidad en causa. Los daños, aunque fueran ligeros y hubieren producido sólo un pequeño daño al enfermo, han de ser reparados en conciencia cada vez que exista culpa mortal (v.).

2. R e s p o n s a b il id a d de l m é d ic o. - Es por lo tanto grande la responsabilidad del médico y del cirujano en el cumplimiento de su ejercicio profesional. Sin embargo, un error diagnóstico puede conocerse fácilmente, puede prescribirse una receta nociva, el cirujano más insigne puede tener un fracaso en una operación, y en esto no hay nada reprobable, ni siquiera una sanción moral, siempre que el sanitario haya obrado de perfecta buena fe y no haya sido movido ni por la impericia, ni por la ligereza, ni por el descuido. «El error de diagnóstico hecho de buena fe (escribía a este proposito el cirujano J..

L. Faure, citado por Scremin), la desgracia en una operación que puede ocurrimos a todos» no son los errores graves que nosotros no debemos cometer. No son ni siquiera errores, ya que es propio del error el poder ser evitado, y estos e. y estas desgracias son muy a menudo inevitables. Son fatalidades que dependen de las imperfecciones de la naturaleza humana. Se las ha de deplorar, pero no hay derecho a castigarlas.» El mismo Hipócrates, hace veintitrés siglos, escribía: «Me siento lleno de admiración para con el médico que no comete más que ligeros errores.»

3. C o r o la r io. - El antiguo aforismo: Ars longa, vita brevis, se refiere particularmente a las disciplinas ‘médicas y no hay médico por experto que sea que no reconozca la necesidad de continuar estudiando para perfeccionarse cada vez más en el difícil arte de la sanidad. Estudio, atención, prudencia y sagacidad se requieren de continuo en los médicos para el desempeño correcto de sus arduas misiones. Pero se requiere también en quienes no son médicos una comprensión particular por la vida de trabajo y de sacrificio de la mayor parte de los médicos cuya existencia se desenvuelve en medio de peligros, molestias y contrariedades, en una continua tensión emotiva. Una preparación cada vez mejor por parte de los médicos reducirá el número y la gravedad de sus errores involuntarios; un espíritu de comprensión por parte del público atenuará el disgusto cuando desgraciadamente ocurran estos e. De este modo y con provecho recíproco se irán soldando cada vez más firmemente los vínculos de afecto y estima entre el médico y el público (v. Cirugía). Riz.

Bibliografía

L. Screminj Diccionario de moral profesional médica, Barcelona, 1953. *

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