Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

ENDOCRINOLOGÍA

Recursos

1. Concepto. - Como se deduce de su etimología (ἔνδον = dentro; κρίνω = segrego) es la rama de las disciplinas biológicas que estudia las llamadas glándulas de secreción interna, o glándulas endocrinas, órganos que segregan sus productos de elaboración química (llamados hormonas, v.) no en conductos excretores que comunican con el exterior, sino dentro de los vasos sanguíneos y linfáticos o dentro del mismo cuerpo. Las hormonas se difunden por todo el organismo por medio del torrente circulatorio y producen grandes efectos obrando en diluciones extremadamente débiles y regulando la nutrición, el desarrollo y la excitabilidad celular. Cada hormona se encuentra ligada de modo diverso con las demás por leyes de correlación funcional. En su conjunto las glándulas de secreción interna constituyen el sistema endocrino (u hormónico) que en colaboración con el sistema nervioso de la vida vegetativa y con el sistema nervioso de la vida de relación representa el aparato regulador y equilibrador de las formas y funciones de nuestra individualidad somato-psíquica.

2. Órganos endocrinos. - Se consideran hoy como órganos endocrinos: a) la hipófisis (v.), que con sus múltiples influencias sobre las demás glándulas de secreción interna y sobre el sistema neurovegetativo puede ser considerada como el regulador supremo de la vida neurohormónica del organismo; b) el tiroides (v.), tan importante para el desarrollo somático y psíquico del individuo; c) las glándulas paratiroideas, asentadas junto al tiroides que elaboran una hormona que influye en el metabolismo del calcio y del fósforo; d) las glándulas suprarrenales (v.), indispensables para la vida; e) el páncreas, que además de la secreción interna elaborada por los llamados islotes de Langerhans, que obran sobre el recambio del azúcar, es capaz también de una secreción externa necesaria para la digestión; f) las gónadas (v.), o glándulas genitales (testículo, ovario), capaces también de una secreción externa de la cual depende la reproducción de la especie; g) la placenta, con una hormona que obra sobre los ovarios.

Es probable —aunque todavía no ha sido demostrado con certeza— que también el riñón, el timo, la glándula pineal, el glomo carotídeo, algunas glándulas de la mucosa gastroduodenal elaboren hormonas especiales.

3. Fisiología y clínica endocrinológica. Podemos dividir con Nicolás Pende en cuatro categorías las funciones especiales de las hormonas:

a) Funciones morforreguladoras. Consisten en estimular el crecimiento del organismo, la diferenciación y desarrollo de los diversos órganos y tejidos. Esta estimulación está regulada por la correlación de dos constelaciones hormónicas, una de las cuales (constituida por el páncreas, la corteza suprarrenal, la hormona somatotropa de la prehipófisis y tal vez también de otras hormonas elaboradas por el timo, el bazo, el hígado y las glándulas linfáticas) favorece el desarrollo de los tejidos de la vida vegetativa, mientras que la otra (tiroides, paratiroides, medular suprarrenal, gónadas, hormonas hipofisarias que estimulan el tiroides, las gónadas y la medular suprarrenal) favorece el desarrollo del sistema de la vida de relación. Cuando en determinadas fases del desarrollo individual predomina la constelación del sistema vegetativo se tiene un aumento de la masa corpórea con un notable desarrollo del tronco sobre los miembros; en cambio cuando prepondera la constelación del sistema de relación hay una mayor diferenciación de las formas y mayor crecimiento de los miembros respecto del tronco.

Siempre dentro de las funciones morforreguladoras, señalemos que cada hormona obra electivamente sobre el desarrollo de éste o del otro aparato; así las hormonas tiroideas estimulan el desarrollo del sistema nervioso de la vida de relación, de los aparatos de la vida psíquica; la prehipófisis y tal vez también el timo activan la osteogénesis; la misma prehipófisis es el motor de la función sexual; las gónadas modelan la osteogénesis; las suprarrenales favorecen el desarrollo de los aparatos circulatorios y muscular; las gónadas rigen el desarrollo de los caracteres sexuales, etc.

b) Funciones quimicorreguladoras. Consisten en influenciar de modo diverso la nutrición íntima de los tejidos. Tenemos una constelación excitoanabólica (insulina, paratiroides, etc.) que estimula el anabolismo o asimilación celular; y una constelación excitocatabólica (tiroxina, adrenalina, etc.) que favorece los procesos desasimilativos. Tenemos además hormonas que activan el consumo del azúcar (insulina, cortisona, etc.) y otras que favorecen su aumento en la sangre (adrenalina, tiroxina, foliculina, etc.); hormonas que incrementan la deposición de grasas en el cuerpo (cortisona, insulina, ciertas hormonas ováricas, etc.) y otras que facilitan su consumo (como algunas hormonas prehipofisarias y genitales); hormonas que aumentan la fijación del agua en los tejidos (pituitrina, insulina, etc.) y hormonas que deshidratan los tejidos (como la tiroxina), etc.

c) Funciones neurorreguladoras. Consisten en estimular o inhibir algunos territorios nerviosos y su actividad. Sabemos, p. ej., que la adrenalina, la tiroxina y la parahormona estimulan electivamente el ortosimpático, mientras que la cortisona, las hormonas del páncreas y del timo estimulan el parasimpático.

d) Funciones psicorreguladoras. Las hormonas tiroideas, suprarrenales o sexuales excitan la vida emotiva y activan el biotono psíquico, mientras que de modo diverso se comportan las secreciones paratiroideas y pituitarias. Es, pues, evidente cuán extendido es el campo de aplicación de la e., que abarca vastos sectores de la fisiopatología y de la clínica, interesando de modo esencial la comprensión, prevención y cura de las anomalías del crecimiento somato-psíquico de los sujetos en vía de desarrollo, el estudio y tratamiento de las anomalías constitucionales morfológicas, la interpretación, profilaxia y terapia de los temperamentos y caracteres submorbosos y morbosos: de donde nacen importantes repercusiones en los dominios no sólo de la medicina general, sino también de la higiene social, de la psiquiatría y, al menos indirectamente, de la moral.

4. Principios de terapia: injertos glandulares. - Los estudios que desde hace algún tiempo se vienen realizando incansablemente sobre la identificación de las funciones de cada órgano endocrino y de sus respectivas hormonas han tenido aplicaciones cada vez más extensas e importantes en el ámbito de la terapia, esto es, en la cura de las enfermedades de disfunción de las glándulas de secreción interna. Según sean las glándulas disfuncionantes, y según que prevalezca la hiper o la hipofunción, se suelen instituir tratamientos diferentes que consisten, en pocas palabras, en el empleo de irradiaciones u otros medios físicos de acción inhibidora o de acción estimuladora de una glándula determinada, o también en el uso de extractos glandulares que frenan la excesiva actividad de una glándula antagonista y con más frecuencia en la suministración de las hormonas de la glándula que se juzga hipofuncionante.

A este último propósito recordemos que hoy prevalece la tendencia a sustituir en lugar de los extractos glandulares globales las hormonas puras o su equivalente químico preparado por síntesis; sin embargo, muchos clínicos juzgan, y tal vez con razón, que los extractos globales desarrollan una acción curativa más eficaz, por ser más completa y estar exenta de posibles efectos secundarios nocivos. La oportunidad de completar la deficiencia de producción hormónica natural —característica de muchas endocrinopatías— con la suministración lenta, prolongada y continuada de la hormona deficiente ha dado incremento a la terapéutica mediante injerto de glándulas endocrinas o también (como se acostumbra hoy más frecuentemente) mediante tabletas de hormonas puras. Los injertos de glándulas pueden ser autoplásticos o heteroplásticos, según que el órgano provenga del hombre o de algún animal: en este último caso suelen prender tanto más fácilmente cuanto más cercano estructuralmente está a la raza humana el mamífero de donde provienen. Los injertos se implantan bajo la piel o en los músculos o en la cavidad abdominal; mucho más usados —y con mejores efectos— han sido y son los injertos de gónadas.

Uno de los métodos más en boga fue el excogitado hace algunos años por Sergio Voronov: traslado de testículos de mono antropomorfo a la cavidad vaginal propia del testículo humano; el método dio resultados considerables aunque muy lejos de lo que se pretendía obtener, que era un persistente rejuvenecimiento de hombres viejos o tarados. Menos practicados, y por lo tanto menos conocidos en sus efectos y de escasa importancia práctica, son los injertos de tiroides, de paratiroides, de suprarrenales, de hipófisis, ejecutados para reparar deficiencias específicas funcionales endocrinas; se necesita una más vasta experiencia clínica para que sea posible formular a este respecto juicios definitivos.

5. Corolarios morales. - La práctica de los injertos de glándulas de secreción interna hacen nacer muchas cuestiones morales que debemos examinar. Prescindiendo por el momento del injerto de gónadas, los demás injertos son siempre moralmente lícitos —y en casos de intervenciones autoplásticas—, son permitidos siempre que el cirujano deje al donador una porción de glándulas suficiente para evitar el brote de fenómenos carenciales. Esto vale también para el caso del injerto de glándulas sexuales, agregando que la operación (aunque sea solamente a base de aplicaciones de extractos de hormona químicamente pura) no está permitida si hay la fundada presunción de que el paciente quiere aprovecharse sólo o preferentemente para continuar o volver a tomar una vida libertina. El injerto autoplástico de ovario practicado al objeto de consentir la procreación a una mujer estéril es moralmente lícito, y no puede encontrarse contradicción entre esta proposición y la condenación (discutida en la voz Esterilidad) de la fecundación artificial hecha con espermatozoos que no pertenecen al marido.

De hecho en la fecundación artificial el semen introducido in vas es totalmente independiente del cuerpo del marido, mientras que en el injerto autoplástico de ovario, aunque la mujer injertada no puede influenciar el patrimonio cromosómico hereditario de los óvulos del ovario trasplantado, sin embargo esta glándula —por efecto de la nutrición, de los influjos correlativos de las demás hormonas, etc.— se convierte en órgano de la mujer que será más tarde madre. No se ha de desdeñar la circunstancia de que en la fecundación artificial de las casadas (con espermatozoos no del marido) es facilísimo introducir graves perturbaciones en la armonía familiar, mientras que la fecundación artificial de las solteras priva a la criatura que ha de nacer del sostén material y moral que el padre suele proporcionar a la prole en la familia normal. Es, pues, evidente el abismo biológico y ético que hay entre los dos fenómenos discutidos. El injerto de testículo es moralmente lícito si se practica para devolver el vigor sexual a un hombre que se ha hecho impotente por razón de edad, que esté casado o trate de casarse.

La operación en cambio no es lícita cuando se trata de eunucos que pretenden contraer matrimonio, ya que este matrimonio no sería válido por cuanto que los sujetos, aunque capaces de erecciones, serían siempre incapaces de emitir aquel verum semen que sólo permite la copula perfecta conyugal. Riz.

Bibliografía

A.
T. Cameron, La moderna endocrinología, Torino, 1947
N. Pende, Endocrinología, en EI, XIII, 955
L. Scremin, Diccionario de moral profesional médica, Barcelona, 1953.

Voces relacionadas

Internas