EMPRESARIO
1. Noción. - El que ejercita profesionalmente una actividad económica organizada al fin de la producción o de la transformación de bienes o servicios llámase empresario. Y pequeño empresario a los artesanos, a los pequeños comerciantes y a los que ejercitan una actividad profesional organizada preferentemente con el trabajo propio y de los componentes de la familia. En cambio se suelen llamar empresarios medios o grandes a los que tienen una empresa, valiéndose preferentemente del trabajo ajeno. De ordinario se llama e. al que posee la empresa, la administra y se mueve libremente en su administración, no habiendo de responder de sus actos sino frente a sí mismo. El e. se distingue del accionista, que posee en parte o en todo la empresa, pero en cuanto tal no la administra; y del dirigente que conduce la empresa (v.), pero no la posee y se mueve dentro de los límites señalados de ordinario por los consejos de administración obrando en nombre y en interés ajeno. Es empresario o patrono, según la legislación laboral española, el individuo o la persona jurídica propietaria o contratista de la obra, explotación, industria o servicio donde se presta el trabajo.
Se equiparan a ellos los organismos oficiales respecto de las obras o servicios públicos que se ejecuten directamente o por administración. Se consideran igualmente empresarios del trabajo a domicilio los fabricantes, almacenistas, comerciantes, contratistas, subcontratistas, destajistas, etc., que encargan trabajo a domicilio (Ley de Contrato de Trabajo, 31 marzo 1944, art. 5). Tr. El e. es el alma de la empresa, tiene presentes todos sus aspectos, sigue todos sus movimientos, los activa, los armoniza, determina su posible desarrollo. La ascensión o descenso de una empresa dependen en gran parte de él. El fin inmediato de su multiforme actividad es la eficiencia de la empresa con miras a un provecho.
2. Responsabilidades morales. - El carácter de las actividades que el e. desarrolla es preferentemente económico; pero tiene también responsabilidad frente a los que trabajan en su empresa; responsabilidad que en estos últimos tiempos va adquiriendo una importancia cada vez mayor: hoy el e. medio y grande no es sólo un capitán de la producción, sino también y sobre todo —o al menos debiera ser— un director de hombres, por lo cual tiene el deber de estudiar (en cuanto le es posible) su personal, para conocerlo y tratarlo con comprensión, prudencia, justicia y humanidad. Hoy los trabajadores han llegado a la plena conciencia de su dignidad de personas humanas: ya no sufren que se les considere como instrumentos de la producción; exigen que se les trate en un plano de igualdad humana, salvo la indiscutible jerarquía de las capacidades y de las funciones. Por lo cual en los países sanamente democráticos el e. o consigue instaurar con su conducta relaciones de mutua estima y de convivencia humana o casi fatalmente caerá aun como productor en la ruina. Pau.
Bibliografía
G. Martin y Ph. de Simón, Le chef d’entreprise, París, 1946
J. Joubert, Les problèmes de direction du personnel
M. Brugarola, La cristianización de las empresas, Madrid, 1945.