CUERPO Y ALMA
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1. Varias concepciones. - Las relaciones entre el alma y el cuerpo se estudian en filosofía y en teología dogmática; pero el modo de concebirlas tiene también su influencia en la moral. El que, p. ej. (en el s. Xi i i), decía que el alma del género humano es única y la multiplicación de los hombres no se efectúa más que en cuanto a los cuerpos, habla de sacar fácilmente de aquí conclusiones inmorales, por lo menos en cuanto que liberándose del temor de la condenación personal, creía que podría abandonarse impunemente al desenfreno de los vicios. A las mismas deducciones se puede llegar por otros caminos, entre los cuales uno de los más frecuentes es la sobrevaloración del c. considerado como única y adecuada expresión del alma. Así se cae en el sensismo y en el sensualismo afirmados lo mismo en filosofía que en literatura y en arte. Los más bajos Instintos de la animalidad, que acostumbran manifestarse bajo un ropaje corpóreo, usurpan el valor de movimientos espirituales, son sublimados artificiosamente y llegan algunas veces a profanar el campo de la religión penetrando en él bajo la forma de frenesí dionisíaco.
En cambio, los que juzgan que el alma es un puro espíritu unido al c. con un vínculo accidental, exterior, violento (tal vez en castigo de algún antiguo pecado), consideran el c. como una prisión y una causa de envilecimiento del alma, por lo que ponen todo su empeño en romper los vínculos de este violento y degradante connubio. Así nacen las prácticas de un ascetismo absurdo y espantoso, de marca principalmente oriental, totalmente negativo y extensionista, pesimista y ocioso, obsesionado por el deseo de suprimir el c., a fin de que el alma pueda reconquistar su libertad; las mas extravagantes mutilaciones son sugeridas como medios de ascesis. Pero aun por estos caminos se llega inverosímilmente al inmoralismo; porque entre el c. y el alma se abre un abismo tal que impide que las manchas del uno ofusquen el esplendor de la otra. Así se abandona el c. al fango de la tierra mientras el alma se levanta inmaculada sobre él. 2. Doctrina cristiana. - La doctrina cristiana es más equilibrada. El alma no es puro espíritu, sino que está destinada a vivir en el c., el cual no es ni su cárcel ni el espejo siempre fiel de las mejores tendencias espirituales.
El c. es órgano e instrumento necesario (en la vida presente) al alma y, por lo tanto, no puede ser mutilado ni destruido; es inferior a ella y ha de ser dominado por ella; puede hacerse peligroso dando pábulo a las más bajas tendencias humanas, por lo que ha de ser mortificado; está destinado con el alma a la gloria eterna y ha de ser respetado. La moral cristiana tiene por lo tanto una ascética positiva en relación con el c.; trata de disciplinarlo, no de eliminarlo; no admite mutilaciones, pero inculca la mortificación; pretende hacer del c. un instrumento dócil a las órdenes de las mejores tendencias espirituales; se propone elevarlo y espiritualizarlo, para prepararlo a la espiritualización superior de los cuerpos resucitados. El principio cristiano es que como la naturaleza no ha sido destruida, sino ennoblecida por la gracia, asi tampoco el c. ha de ser aniquilado en favor del alma, sino que ha de encontrar en ella una más alta dignidad. Gra.
Bibliografía
A. Binet, L’âme et le corps, Paris, 1900
R. Biot, II corpo e l’anima, Brescia, 1936
P. Lippert, La visione cattolica del mondo, Brescia, 1944.