Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

CONTEMPLACIÓN

Recursos

completo

1. Naturaleza. - La c. es un acto de simple visión intelectual, acompañado de admiración.

2. Distinciones. - Hay una c. puramente natural. Hay también una c. que tiene sus raíces en la fe sobrenatural y que puede extenderse a todo lo que ha sido revelado por Dios: su objeto principal es Dios mismo; entre las criaturas que entran en su ámbito, la Sta. Humanidad de Cristo tiene un puesto eminente. Se pueden distinguir dos especies de contemplaciones fundamentadas en la fe: la llamada c. activa o adquirida y la c. pasiva o infusa. La primera es el fruto de nuestra actividad, ayudada de la gracia común; con frecuencia, sin embargo, intervienen también los dones del Espíritu Santo, especialmente los dones del entendimiento y de la sabiduría, aunque sólo sea de modo latente, para ayudarnos a fijar amorosamente la mirada del alma en Dios: de aquí la denominación activa o adquirida que se da con frecuencia a esta c.; se llama también mixta o activo-pasiva, a causa del influjo bastante frecuente, aunque latente, de los dones del Espíritu Santo.

La c. pasiva, o sea infusa, de Dios y de las cosas divinas no es fruto de nuestro esfuerzo, sino que resulta de una gracia especial (gracia operante), bajo cuyo impulso la mente es más pasiva que activa: de aquí la denominación de c. pasiva, o sea, infusa. Ésta, de índole mística, por sublime que sea, es sin embargo, según el parecer de no pocos teólogos, una gracia de suyo no extraordinaria, gracia a la cual el alma puede aspirar y que puede humildemente implorar del Señor. A medida que el amor de Dios crece, la oración mental adquiere una forma más simple y perfecta: de discursiva se va haciendo poco a poco contemplativa y si el alma es verdaderamente generosa, especialmente si se aprovecha de las pruebas que le envía el Señor para purificarse, llega un momento en que Dios la eleva a la c. infusa de los divinos misterios.

3. C. y acción. - Algunos temperamentos se sienten más movidos a la sola c., otros a la acción. La vida de los Santos demuestra que la obra de la gracia respeta estas disposiciones; en algunos Santos, en efecto, aparece principalmente la c. tranquila, en otros la acción apostólica, pero esta acción no excluye la c. Pensemos tan sólo en un Sto. Cura de Ars, en un San Vicente de Paúl, en un San Juan Bosco, en una Sta. Teresa de Jesús. En los perfectos la acción brota de la c. de los divinos misterios. El Código de derecho canónico recomienda a los clérigos (v.) de un modo particular la c. de las verdades eternas por medio de la meditación cotidiana (can. 125, n. 2). Sobre el mismo punto vuelve con fervorosa insistencia el Sto. Padre Pío XII en su apostólica exhortación al clero, comparando la c. en orden a la vida espiritual con el pan en la vida material (AAS, 42 [1950], 672). Man.

Bibliografía

R. Garrigou-Lagrange, Perfezione cristiana e contemplazione, Torino, 1933; id., Las tres edades de la vida interior, Buenos Aires, 1944, p. 644-653
A. Tanquerey, Compendio de teología ascética y mística, París, 1930, n. 1296-1301
A. Meynard, La vida espiritual, Barcelona, 1906, 1936, n. 272-291; II, n. 148-307
P. Gabriele di S.
M.
Maddalena,
S. Giovanni della Croce, dottore dell’amore divino, Firenze, 1936; La contemplazione acquisita, Firenze, 1938
E. Janvier, Esposizione della morale cattolica, vol. XIII, Torino, 1938, p. 195-271
O. Turbessi, La vita contemplativa, Roma, 1944
F. Naval, Curso de Teología ascética y mística, Madrid, 1955 M.
F. Delgado, La devoción contemplativa, Madrid, 1943
J. Sáenz Díez, Contemplación y apostolado, Vitoria, 1943 Doroteo de la Sda. , Guía espiritual de la contemplación adquirida, Barcelona, 1948.

Voces relacionadas

Internas

Externas