Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

CONSAGRACIÓN EUCARÍSTICA

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1. Rito. - La c. eucarística es el punto culminante de la Sta. Misa (v.). Leída la narración de lo que Ntro. Sr. Jesucristo hizo la víspera de su pasión y muerte, el sacerdote en su calidad de ministro de Jesucristo pronuncia de modo asertivo sobre el pan y sobre el vino del cáliz las palabras que pronunció Jesucristo en la ultima cena sobre el pan y sobre el vino: Éste es mi cuerpo; Éste es el cáliz de mi sangres del nuevo y eterno testamento (misterio de fe) Que será derramado por vosotros y por muchos en remisión de los pecados (Mat., 2 6, 26 ss.; Marc., 14, 22 ss.; Luc., 22, 19 ss.).

2. Naturaleza. - La c. causa la presencia real de Cristo bajo las especies que permanecen, produciendo el cambio de todas las sustancias (materia prima y forma sustancial) del pan en el cuerpo y de toda la sustancia del vino en la Sangre de Cristo, quedando invariados los accidentes (las especies) del pan y del vino. Esta admirable conversión la designa la Iglesia con el término de transustanciación. El rito de la c. eucarística encierra el memorial solemne del sacrificio incruento de la cruz, que representa, y la esencia del sacrificio incruento de la Nueva Ley. El acto de la c. es una inmolación de la Víctima divina, presente sobre el altar; no una inmolación cruenta, sino incruenta o mística. Por medio del rito de la c., Cristo se envuelve en la apariencia de la destrucción y de la muerte; su Sangre se separa figurativamente de su Cuerpo; las palabras de la c. causan en efecto la presencia real de Cristo bajo dos especies distintas, de las cuales la una, la del pan, significa sólo la presencia del Cuerpo de Cristo, y la otra, la del vino, sólo la presencia de la Sangre de Cristo.

Nuestro Señor, que después de su resurrección es impasible e Inmortal, no sufre mutación ninguna en,si mismo, ni padece de ningún modo, aunque en virtud de las palabras de la c. (vi verborum), así como por concomitancia (vi concomitantioe), bajo entram bas especies están presentes el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. La consagración es también un acto sacerdotal de oblación a Dios de la Victima divina. Al pronunciar las palabras de la consagración el sacerdote visible obedeciendo al mandato del Señor: Haced esto en memoria mía (Luc., 22, 1 9), repite como ministro de Cristo, sacerdote principal e invisible, lo que el mismo Cristo hizo en la última cena. Ahora bien, la tarde antes de su muerte el Divino Redentor en su calidad de Sumo Sacerdote realizó un acto de oblación al Padre Celestial de su Cuerpo y de su Sangre, místicamente separados y destinados a ser efectivamente separados en la Cruz, con efecto mortal, para reconocer el dominio supremo de Dios y dar a su infinita Majestad, ultrajada por el pecado, una digna satisfacción. La c. eucarística es también el acto que pone a N. S.

Jesucristo en el estado de comida y de bebida espiritual de nuestras almas; por ella existe el mayor de los sacramentos: el sacramento del altar. Man.

Bibliografía

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A. Van H o v e, De praesentia Chriati integra subunaquaque sp ecie euchariatica, en Collect. mechü n., 13 (1930), 25 ss. A. P rotA N T i, II misterio eucariatico, Ftrenze, 1955 O. ALASTRUEY, Tratado de la S a ntísim a E ucaristía, Madrid, 1951.

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