CONCIENCIA (Educación de la)
Índice interno: 1. Necesidad ·
2. Método · 3. Educación de la c. enferma ·
Bibliografía
1. Necesidad La c. moral es susceptible de continuo progreso, no menos que la razón de la cual es expresión típica. Más aún, la complejidad y originalidad del juicio ético, que debe adecuarse necesariamente a la multiformidad y originalidad del acto humano, hacen que la educación de la conciencia sea la más difícil de las artes. No todos reciben de la naturaleza idéntica disposición para el recto juicio: porque mientras en algunos es más fácil, otros son más tardos en apreciar todos los aspectos éticos del acto y su relación con las diversas normas de la moral. Añádense a esto las enfermedades del espíritu, la ignorancia, los prejuicios, los hábitos y las pasiones, que pueden fácilmente plegar la mente para que juzgue el valor ético de una determinada acción en conformidad con sus propios intereses.
2. Método La rectitud del juicio de la c. implica un conocimiento exacto de la ley y la sabia aplicación de la misma a la acción concreta. A esto, por lo tanto, debe mirar la educación, mediante: a) el estudio amoroso de la verdad y de la ley, considerada no como carga, sino como camino trazado ya ante nosotros;
b) el hábito de reflexionar antes de obrar;
c) el ejercicio de las virtudes que nos dan un conocimiento experimental mucho más eficaz que el doctrinal;
d) la impetración y uso de los dones sobrenaturales, de los cuales la prudencia cristiana, moderadora de la actividad sobrenatural, debe recibir continuo alimento. 3. de la c. enferma Dos, sobre todo, son las enfermedades que pueden afectar habitualmente a la conciencia en sus juicios: el laxismo (v. ) y el escrúpulo (v.). Éstos constituyen respectivamente la degeneración del error y de la duda. El hombre de c. laxa tiende, como ya hemos dicho, a subestimar la inmoralidad de algunas acciones y la responsabilidad de sus actos.
Hábito éste que no puede ser vencido sino mediante el hábito contrario, adquirido gradualmente por un diligente examen de las dudas que se presentan, un amor más sincero de la verdad y del deber, una docilidad más obsequiosa al confesor y una más severa valoración de las acciones propias. El escrúpulo, entendido no como fenómeno esporádico, sino como hábito morboso del espíritu, puede definirse: la obsesión de la duda en el campo moral. En efecto, presenta los caracteres de la idea obsesiva y es como ella lúcido, irresistible, angustioso, persistente, a pesar de que el mismo paciente lo reconoce irrazonable. El escrúpulo ha de ser curado con remedios oportunos. Pal.
Bibliografía
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