CELOS
Índice interno:
1. Naturaleza y moralidad ·
2. Formas morbosas de los celos · 3. Efectos y remedios ·
1. Naturaleza y moralidad En general se llama celoso al que quiere ser solo y único en la posesión o disfrute de un bien que es lícito también poseer a otros. Hay, pues, una gran diferencia entre el celoso y el envidioso: el celoso lo es del bien propio, el envidioso del ajeno; a veces, sin embargo, se confunden los c. con la envidia. Los c., entendidos en sentido estricto, son efecto del egoísmo y de un apego excesivo a las cosas creadas y están en contradicción con las exigencias de la caridad para con el prójimo: el grado de culpabilidad depende de la entidad de aquello en cuya posesión se quiere ser solo y también del daño que uno hace o está dispuesto a hacer para impedir que los demás gocen del bien poseído por él. Cuanto llevamos dicho puede aplicarse a los c. por cualquier cosa o persona y, por lo tanto, también a los c. entre los esposos. La defensa de la exclusividad del vínculo conyugal es cosa buena y de obligación, pero no ha de llegar al punto de convertirse en opresión para con el otro cónyuge, ni pretender prohibirle las relaciones de convivencia común a los afectos honestos que en nada tocan la fidelidad conyugal.
2. Formas morbosas de los celos En algunos individuos, particularmente predispuestos, los c. toman formas anormales, de las que las principales son: a) c. melancólicos, que se observan en sujetos deprimidos, orientados hostilmente contra el propio ambiente (melancolía); b) c. paranoicos, en individuos de este tipo; c) c. obsesivos, síntoma de la diátesis obsesiva; d) c. en el delirio alcohólico, propio del alcoholismo crónico; e) c. de los morfinómanos, similar al anterior en sus manifestaciones, aunque sus causas sean diferentes; f) c. seniles que se presentan en la senectud o presenectud. En estas formas la imputabilidad disminuye frecuentemente, dado el estado mental del paciente, a no ser que exista imputabilidad en la causa; en las formas extremas la imputabilidad puede llegar a faltar del todo. 3. Efectos y remedios De los c. nacen muchos males: sospechas infundadas, preocupaciones superfluas, profundas depresiones, envidias y otras faltas de caridad y hasta de justicia. Un generoso amor de Dios y del prójimo y el desprendimiento de las cosas creadas son los mejores remedios preventivos contra los c. Para la cura médica de las formas morbosas, v. cada una de las palabras aludidas.
Man.
Bibliografía
A. Thouvenin, Jalousie , en DTC, VIII, 315-316
A. Reynaud, Trattato della vita interiore , I, Torino, 1936
A. Sertillanges, La philosophie morale de St. Thomas d’Aquin , París, 1922, p. 393-394
E. Boganelli, Cuerpo y espíritu , Madrid, 1953.