BENEFICENCIA
Índice interno:
1. Noción ·
2. La beneficencia y la Iglesia ·
3. La beneficencia laica ·
1. Noción Es la manifestación externa de la caridad en una serie de actos dirigidos a la asistencia pública y privada del prójimo (v. Asistencia [pública y privada] ). Los actos externos de la caridad para con Dios son el objeto de la religión. Los actos externos de la caridad para con el prójimo pueden reducirse a la b. en su sentido más amplio, como el acto de hacer bien al prójimo por amor de Dios; y por lo tanto también a sí mismo, en cuanto que el hombre es criatura de Dios, destinada a Dios como fin sobrenatural.
2. La beneficencia y la Iglesia El ejercicio de la caridad fue una de las características de la Iglesia primitiva. La matrona romana Fabiola fue la primera en fundar un hospital para los enfermos pobres; Pammaquio creó en Porto Romano un asilo para peregrinos; Belisario en el s. VI fundó en Roma un hospicio para los pobres, ejemplos magníficos de toda una tradición de b. hecha por amor de Dios. En la Edad Media las obras de caridad en favor del pobre se extendieron bajo la dirección del Pontificado, pero tomaron múltiples aspectos a través de la acción de las diversas órdenes religiosas y de las cofradías o gremios. Para el cristiano de la Edad Media el mendigo es no sólo un hermano, sino también un medio por el cual se ofrece al bienhechor la ocasión de adquirir méritos sobrenaturales y redimir sus pecados. Pero hacia la segunda mitad del s. XV, a causa del empeoramiento de las condiciones generales por las numerosas guerras, epidemias y calamidades públicas, debilitado el espíritu cristiano a consecuencia del humanismo y de la Reforma, la obra asistencial de la Iglesia ya no resulta suficiente.
En esta época empiezan a intervenir, y posteriormente cada vez más, los Estados, que comienzan a proveer a la fundación de institutos piadosos, especialmente en el campo hospitalario. En los países protestantes todos los bienes de las obras de b. eclesiástica fueron secularizados: los eclesiásticos fueron sustituidos por elementos laicos y se dieron providencias contra la mendicidad y la limosna (v.). Pero en los países católicos, al mismo tiempo que la intervención del Estado, se dio un despertar por parte de la Iglesia por medio de la creación después de la contrarreforma católica de instituciones de b. por obra de las nuevas órdenes de Teatinos, Barnabitas, Jesuitas y de las grandes órdenes hospitalarias de San Juan de Dios, San Camilo de Lelis, de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, etc. Este renacimiento continuó durante todo el s. XVII y en la primera mitad del s. XVIII.
3. La beneficencia laica Pero en la segunda mitad del s. XVIII, bajo el influjo de las nuevas enseñanzas del iluminismo, comienza a tenerse de los fines de la b. no ya un concepto cristiano, y por lo tanto sobrenatural, sino una consideración simplemente natural. Ya no son la fe y la caridad las que mueven a los hombres a hacer bien a los necesitados, sino la simple razón iluminada, la ambición de ser útil a los demás. Fruto de estas doctrinas es la afirmación de un derecho del individuo pobre concebido como principio de la asistencia. Principio que fue recogido por la legislación revolucionaria francesa de 1793. Así se consolida en casi toda Europa definitivamente el concepto de la b. considerada como deber del Estado en la administración de las entidades benéficas. A partir de entonces la obra de la Iglesia comienza a ser considerada solamente como subsidiaria de la del Estado, trastornándose de este modo un aspecto que se había hecho ya secular en este género de relaciones humanas.
Hasta esta época el funcionamiento de los institutos asistenciales se había mantenido casi uniforme en el mundo civilizado, porque la función caritativa era obra de la Iglesia y ésta, como consecuencia de su naturaleza universal, caracterizaba en este sentido su acción. A partir de este momento la función asistencial se diferencia de Estado a Estado. Entre los pueblos anglosajones la ingerencia estatal se desarrolla de un modo completo y orgánico, porque aquellos pueblos no sólo alcanzaron rápidamente una sólida estructura estatal, sino también porque en ellos no había existido un florecimiento de b. espontánea, característica de los países latinos. Las pocas instituciones que allí existían de ambiente católico fueron destruidas por efecto de las revoluciones de los s. XVI y
XVII. En los países católicos se tiende a revalorar la importante tradición de la caridad inspirada por la Iglesia, cuya fuerza siempre viva se ha manifestado especialmente en los años de la guerra 1939-1945 y de la postguerra; y a ver en el Estado sólo la entidad coordinadora y de control. Pal.
Bibliografía
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P. Paschini, La beneficenza in Italia e le Compagnie del Divino Amore , Roma, 1925 S. D’Amelio, La beneficenza nel diritto italiano , Roma, 1926
R. Badenes
Gasset, R. de Temple y Jorro, Legislación de beneficencia particular , Barcelona, 1948 S. de Santa Teresa, El precepto del amor , Burgos, 1940.