APATÍA
Índice interno:
1. Definición ·
2. Características ·
3. Relaciones y diferencias nosológicas y éticas con la psicodegeneración ·
1. Definición Este término ha pasado del lenguaje filosófico antiguo — en donde indicaba la condición del espíritu libre de conmociones perturbadoras, o superior a ellas — al lenguaje médicopsiquiátrico para denotar el torpor y la insensibilidad afectiva.
2. Características En las personas normales la a. puede ser una designación caracterológica que, casi sinónima de indolencia, designa una personalidad tórpida y perezosa. Cuando se acentúa es siempre síntoma psicopatológico y se encuentra preferentemente en aquellos procesos cerebrales (anemia, toxicosis, tumores, involutismo senil, etc.) y en aquellas psicosis (como algunas formas de demencia precoz) que determinan una grave obtusión de la sensibilidad y un torpor mental complexivo. En estos casos no sólo falta toda iniciativa y todo interés por la vida ambiente, no sólo cesa el apego a los amigos y a la familia, sino que pueden llegar a desaparecer el pudor, el amor propio y hasta el instinto de conservación. Al mismo tiempo desaparecen las expresiones mímicas y psicorreactivas, y el mismo mecanismo somático de la emoción cesa de funcionar. Así se observa en las formas más intensas de a. que, p. ej., la frecuencia del pulso y de la respiración y la vasomotilidad (espejos fieles, prontos e involuntarios de todo suceso emocional) no se modifican por estímulos dolorosos o frente a amenazas, ofensas, etc., a pesar de que el enfermo comprende su significado.
La vida afectiva está totalmente muerta y su componente neurovegetativo se fija en un estado de prevalencia hipoanfotónica.
3. Relaciones y diferencias nosológicas y éticas con la psicodegeneración Desde el punto de vista ético y nosológico la a. es totalmente distinta de la característica indiferencia del psicodegenerado (delincuentes y similares) hacia la víctima y, en general, hacia el propio delito, aunque en el terreno de la psicología existe alguna afinidad entre los dos fenómenos. En la a. ciertamente existe — lo que no ocurre en la inmoralidad — una indiferencia más o menos completa, lo mismo hacia el bien que hacia el mal, por lo que el apático es incapaz de cometer acciones reprensibles, por no estar en condiciones de efectuar ningún acto voluntario por la falta de estímulos afectivoemotivos. En el psicodegenerado existe algo de más (la tendencia a delinquir) y algo de menos (la normalidad o casi normalidad en otras actividades somáticas y psíquicas), respecto a la condición globalmente estática, en que se encuentra el apático a causa de su perturbación.
El apático, pues, en el sentido específico arriba indicado, es en último análisis un «anormal» y, por lo tanto, no es en general sujeto sancionable si se trata de un enfermo grave (en estas nuestras consideraciones éticas sólo nos fijamos en las formas más desarrolladas de esta afección, las cuales tienen siempre un claro sustrato patológico), el apático, al igual que el loco, se considera irresponsable. Para la valoración moral de lo que suele llamarse temperamento apático, v. las voces: Carácter, Constitución y Personalidad. Riz.
Bibliografía
E. Tanzi - E. Lugaro, Apatía , en EI , III, 633.