Diccionario de Teología Moral

Pietro Palazzini (Pal.)

AMISTAD

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1. Nociones La amistad ( philia ) es una comunicación mutua de afecto y de bienes (verdaderos o falsos) entre dos o más personas. Se especifica según la variedad de los bienes que se comunican. La amistad que se funda sólo en las dotes sensibles o frívolas, mirando a gozar de la presencia y de los halagos de la persona amada, es una falsa amistad. Más aún, en el fondo es un egoísmo enmascarado, porque se ama a una persona por el placer que se experimenta en su compañía y se está dispuesto a hacerle cualquier servicio por el placer que se experimenta aficionándosela más. Es conocida la triple distinción de San Francisco de Sales ( Filotea , parte III, c. 17): amistad carnal, que busca el deleite de la concupiscencia; amistad sensual, que se fija principalmente en las dotes sensibles; amistad frívola, fundada en las vanas cualidades que las personas frívolas llaman precisamente virtudes (bailar, tocar bien un instrumento músico, cantar, etc.). Estas formas de amistad son manifestaciones del instinto sexual y son con frecuencia el origen de los enamoramientos (v.

Noviazgo); no rara vez son desviaciones del instinto sexual y cuando se manifiestan entre personas del mismo sexo toman el nombre de amistades particulares, que pueden desembocar en una verdadera homosexualidad. La verdadera amistad, en cambio, es una íntima correspondencia entre dos almas para hacerse mutuamente el bien. No todo amor merece el nombre de amistad; la amistad es emanación del amor de benevolencia, por el cual se quiere el bien de otra persona en lugar de amarla sólo en orden a sí mismo. En el fondo todo amor es una unión; sólo que, mientras que el amor de concupiscencia es causa de la unión afectiva y tiende a la efectiva, el amor de benevolencia supone la unión y la expresa. Por esta razón la forma más elevada y más completa del amor es la amistad: unión bilateral, amor correspondido que o encuentra o pone en el mismo plano a los dos amigos. Esto puede ocurrir en el orden natural lo mismo que en el sobrenatural.

2. Amistad natural La amistad puede ser simplemente natural si los bienes que los amigos se comunican son puramente de orden natural. También aquí se admiten diversos grados según que se funde, como advierte Aristóteles ( Ética ad Nic. , 8, 29), sobre la busca en común del bien deleitable, o del bien útil, o del bien honesto, objeto de la virtud. Pero la amistad merece este nombre sólo en la medida en que mira al bien verdadero e inalienable, la virtud. Las cualidades de esta amistad son la sinceridad, la fidelidad, el desinterés. Esta amistad, en lugar de ser apasionada, predominante, exclusiva, como la amistad sensible, tiene por cualidades suyas la calma, la reserva y la confianza mutua, porque en lugar de buscar familiaridad y halagos está llena de respeto y desea preferentemente el intercambio de bienes espirituales aunque no estén sobrenaturalizados. Los amigos, estimándose mutuamente, experimentan una confianza grandísima el uno en el otro, lo cual les lleva a comunicaciones íntimas; mutuamente se comunican sus pensamientos, sus proyectos, sus deseos, sus alegrías y sus dolores.

Y tendiendo a la perfección, aunque en un plano natural, los amigos no rehúsan el advertirse los defectos y ayudarse a corregirlos. La mutua confianza, que reina entre los amigos, impide a la amistad hacerse egoísta, inquieta, etc., y no impide que el amigo cultive otras amistades por su bien y por el bien del prójimo. Los presupuestos de la amistad son la convivencia y la conversación; principio de mutua atracción es la semejanza en la naturaleza, por la cual la amistad o encuentra sujetos semejantes o los hace semejantes. Todo esto es ya en el orden natural muy hermoso. Cicerón llega a llamar a la amistad «el máximo acuerdo entre las cosas divinas y humanas dentro del vínculo de la benevolencia y del amor mutuo» ( De Amicitia , 1).

3. Amistad sobrenatural entre los hombres La amistad sobrenatural es de orden muy superior. Con la transformación obrada por la Revelación el motivo del amor de los hermanos no es ya la criatura, ni un elemento criado, sino el mismo Dios (Mat., 25, 40). Por lo cual la amistad se convierte en una correspondencia íntima entre dos almas que se aman en Dios y por Dios, con el fin de ayudarse mutuamente a perfeccionarse en la vida divina que poseen. El fin último es la gloria de Dios; el fin inmediato el progreso espiritual y Jesús el vínculo de unión entre dos o más amigos. Esta amistad presenta grandes ventajas (Eccli., 6, 14-16) y tiene sus ejemplos en el mismo Cristo, que tuvo en Juan a su amigo fiel (Jn., 13, 23); en los apóstoles, especialmente en San Pablo, ligado por un profundo afecto a Tito (II Cor., 2, 13; 7, 6-13), a Timoteo (Rom., 16, 21; I Cor., 4, 17; II Cor., 1, 1; I Tim., 1, 2); en los grandes santos de la antigüedad (por ej., la amistad entre San Basilio y San Gregorio Nacianceno). Un amigo es una defensa, aunque sólo sea como confidente íntimo; un consejero afectuoso, además de ser desinteresado; un consolador.

Conviene, sin embargo, cuidar de que estas amistades no dañen al bien común, suscitando envidias, desviándose a amistades demasiado sensibles, etc.

4. Amistad del hombre con Dios Además de ennoblecer y sobrenaturalizar la amistad humana, el cristianismo ha inaugurado una verdadera y propia amistad sobrenatural, que consiste en el amor recíproco entre Dios y los hombres: «No os llamaré ya siervos..., sino amigos.» (Jn., 15, 15.) Dios se da también a nosotros como amigo. La amistad añade a las relaciones entre criatura y Creador, entre Padre e hijos cierta igualdad, que entre Dios y los hombres no puede ser igualdad verdadera, sino una forma semejante a la igualdad, que basta para establecer una verdadera intimidad (Apoc., 3, 20). Dios, en efecto, nos abre sus secretos incluso interiormente por medio de su Espíritu (Jn., 14, 26; 15, 15), introduciéndonos a una verdadera intimidad, que nunca nos hubiéramos atrevido a esperar si el Amigo Divino no se hubiese adelantado él mismo. La vida de los místicos alcanza los grados supremos de esta amistad. El Amigo Divino obra en el alma como colaborador potentísimo y al mismo tiempo como santificador, viniendo a habitar en nuestra alma, la cual transforma en un templo santo adornado de virtudes. Esta amistad, para ser tal, debe ser también recíproca.

Y mientras por parte de Dios consiste en el don que Dios nos hace de sí mismo, de nuestra parte consiste en el don que nosotros le hacemos de nuestra persona. Pero como su amor a nosotros es eterno, desinteresado, generoso, preveniente, no pudiendo nosotros llegar a tal altura, debemos a nuestra vez corresponder con el amor más perfecto posible en la progresividad, generosidad y desinterés de la donación (v. Caridad).

5. Peligro de las falsas amistades humanas Así como son útiles las buenas amistades, así son perjudiciales las amistades falsas y malas de las que hemos hablado antes. Son uno de los más graves obstáculos al progreso espiritual, porque roban a Dios lo que le es debido y provocan su progresivo apartamiento del alma; constituyen frecuentemente una pérdida de tiempo; nos habitúan a la debilidad y favorecen familiaridades cada vez más sospechosas, peligro gravísimo para la virtud de la castidad. Para triunfar es necesario emplear providencias radicales, tomadas desde el principio o al menos apenas comenzamos a darnos cuenta. Pal.

Bibliografía

Muchos de los filósofos griegos escribieron sobre la amistad; han sido estudiados por
R. Eucken, Aristoteles Anschauung von Freundschaft und Lebensgütern , Berlín, 1884. Teofrasto compuso un tratado sobre la amistad en el cual se apoyó Cicerón para componer su Laelius de amicitiaAelredo Rieval, De spirituali amicitia , PL 195, 659-702
L. Rouzic, Essai sur l’amitié , París, 1906
A. Sertillanges, L’amour chrétien , París, 1920
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P. Philippe, Le rôle de l’amitié selon la doctrine de
S. Thomas , Roma, 1937
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H.
Noble, O. P., La amistad , Bilbao, 1950
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