Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

AFRODISÍACOS

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Índice interno:

1. Generalidades ·

2. Cuestiones morales ·

1. Generalidades Bajo este término (derivado del nombre Afrodita, diosa griega del amor) se agrupan sustancias de constitución y acción muy diversa, relacionadas solamente por los efectos (reales o hipotéticos) estimulantes de las funciones mecánicas de la reproducción.

Por su importancia y notoriedad se han de recordar especialmente los siguientes a.: el polvo de «cantáridas» (derivado de la desecación y trituración del cuerpo de las cantáridas); su principio activo es la cantaridina; su acción contra la impotencia procede de un reflejo que tiene su punto de partida en la irritación producida por el fármaco en la mucosa uretral en el acto de su eliminación; su uso es muy peligroso porque las dosis idóneas para la acción afrodisíaca son en muy poco inferiores a las que dañan el riñón (nefritis hemorrágica) por medio del cual ha de pasar la cantárida para ser eliminada; la «estricnina» (alcaloide de la nuez vómica), que obra aumentando la receptividad de los centros espinales a las estimulaciones reflejas y afinando las capacidades sensitivo-sensoriales aptas para exaltar, por vía psíquica, la libido; la «yohimbina» (alcaloide de la corteza de un árbol africano, el yohimbé) provoca la vasodilatación de los genitales, que favorecida por un aumento de excitabilidad del centro medular de la erección, exalta esta última; el alcohol, la morfina, la cocaína, el cáñamo indiano: fármacos dispares que influenciando la ideación y reduciendo inhibiciones corticales pueden ser considerados como a. centrales; las hormonas de las gónadas bajo formas de extractos o, más eficazmente, como secreciones de trasplantes.

2. Cuestiones morales No es lícito al médico sugerir el empleo de a. para hacer posible o más fácil y frecuente el coito extramatrimonial, ya que de este modo favorecería el uso sexual fuera del matrimonio que es intrínsecamente malo. Este empleo se puede sugerir prudentemente, en cambio, para el uso matrimonial cuando determinadas circunstancias lo requieran, siempre que el placer físico unido a este uso conserve su valor moral de medio y no de fin. Así, tratándose de un esposo de escasa virilidad o de un marido que por edad, o por enfermedad tiene su actividad sexual en clara declinación, la suministración de un afrodisíaco por parte del médico puede ser no sólo lícita, sino también aconsejable. Esta suministración habrá de ser, sin embargo, muy considerada dada la peligrosidad que existe en el abuso de estos fármacos.

Añadiremos a este propósito que los a. que pertenecen más propiamente a la categoría de los estupefacientes (v.), como la cocaína, la morfina, etc., han de ser rigurosamente proscritos porque sus múltiples efectos pueden ser peligrosos para quien los usa y moralmente nefastos; conviene proscribir igualmente los polvos de cantáridas, de lo que ya hemos dado una explicación. Lo mejor es prescribir un tratamiento hormónico a base de prehipófisis (el «motor de la función sexual») y de testículo (o de ovario, en la mujer), acompañado de curas físicas e hidroterápicas, así como de psicoterapia y seguido eventualmente por una cuidadosa suministración de yohimbina. Riz.

Bibliografía

A. Benedicenti, Afrodisiaci , en EI , I, 921.

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