ACTO HUMANO (OBJETO DEL)
Índice interno:
1. Concepto ·
2. Diversas especies de objetos ·
1. Concepto En el a. humano suelen distinguir los moralistas el objeto, el fin, las circunstancias. Esta distinción parece algún tanto empírica, porque no es fácil señalar límites exactos a estos tres términos. Fijándonos ahora en el primero notamos que objeto del a. humano, en sentido amplio pero propio, sería todo aquello que está ante la voluntad como materia o término de su acto; y así este objeto comprendería también el fin y las circunstancias. Los moralistas, sin embargo, prefieren limitar su significado, y llaman objeto del a. humano a aquello que constituye su núcleo central, desligado de aquellos elementos más concretos que son su fin y circunstancias. Hay que distinguir, sin embargo, el objeto físico del objeto moral; el primero es el núcleo del acto considerado en su realidad psicológica, económica, etc.; el segundo es el núcleo del acto considerado en su valor ético, o sea, es el primer elemento por el cual el acto físico viene trasladado al campo moral y se hace capaz de valoración en él. El objeto físico del acto de insultar al prójimo será hablar; el objeto moral es pronunciar injurias.
En el objeto así definido ven los moralistas la primera fuente de la moralidad de nuestros actos, lo cual es razonable, ya que el sentido común nos enseña que lo primero que se ha de hacer para poder pronunciar un juicio sobre la moralidad de la conducta de un hombre, es informarse sobre lo que ha hecho, es decir, sobre el objeto de sus actos.
2. Diversas especies de objetos Hay objetos que son de suyo morales (buenos o malos), por donde las acciones con que se realizan son siempre, necesariamente, buenas o malas, siempre que sean hechas de modo humano. Así tenemos objetos o acciones intrínsecamente morales o inmorales, cuales son alabar a Dios o blasfemar de Él. Hay otros objetos que no llevan unida necesariamente ninguna nota moral y se llaman indiferentes: tales son todos los objetos que hemos llamado físicos, como hablar, leer, escribir, caminar. Estos objetos, desprovistos de moralidad intrínseca, pueden adquirirla de una fuente extrínseca, por ejemplo, de un mandamiento o prohibición. Dicen algunos también que la moralidad puede nacer aquí de algunas circunstancias, como sería hablar de un modo obsceno, leer libros irreligiosos, etc.; pero esto no es exacto: la obscenidad de la conversación, la irreligiosidad de la lectura, moralmente hablando, no son circunstancias; son, en cambio, el primer elemento moral del acto, del cual por lo tanto son objetos; su presencia señala el paso del simple orden físico al ético. Gra.
Bibliografía
S. Theol. , I-II, q. 18 Reichmann, Der Zweck heiligt die Mittel , Freiburg, 1908
O. Lottin, Les éléments de la moralité des actes chez saint Thomas d’Aquin , Louvain, 1923.