Diccionario de Teología Moral

Gregorio Manise, O.S.B. (Man.)

ACIDIA

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Índice interno:

1. Noción ·

2. Causas · 3. Efectos ·

4. Moralidad ·

5. Remedios ·

1. Noción Signifícase con esta palabra un tedio consentido, o sea, un disgusto libremente admitido de las obras saludables, en particular del cumplimiento del deber, a causa de las renuncias y del esfuerzo requerido (a. general); significa además una repugnancia voluntaria a la gracia, o sea a la amistad con Dios, cuya conservación requiere sacrificios y fatigas (a. especial). No hay que confundir la a. con la tristeza nacida solamente de la incomodidad o trabajo que lleva consigo un acto virtuoso, ni con los movimientos indeliberados de repugnancia por las cosas espirituales.

2. Causas Son diversos los factores que más o menos directamente conducen a la a.; la causa próxima de este mal es, sin embargo, siempre el amor desordenado de sí mismo que nos hace huir a toda costa de la mortificación y del esfuerzo y refugiarnos en la pereza e ignavia. 3. Efectos La a. nos lleva no sólo a obrar sin entusiasmo y a hacer poco caso de las imperfecciones y de los pecados veniales, sino también a descuidar deberes graves; puede incluso conducir hasta la desesperación de la salvación propia. El perezoso siente aversión por aquellos que con su palabra o ejemplo le incitan a obrar bien y llega a veces a desear que las cosas espirituales no existan o no sean conocidas por él, y a detestar estas cosas, renegando de las promesas del bautismo. La a. incita además a buscar consuelo en cosas ilícitas.

4. Moralidad La a. general es pecaminosa. Es culpa mortal cuando por ella se descuida un deber grave y cuando constituye un peligro grave para el cumplimiento de tal deber. Las transgresiones culpables, ocasionadas por la a. no son, sin embargo, pecados numéricamente distintos de la a. misma, sino que forman, bajo el aspecto moral, un todo con ella; más aún, puede decirse que no hay pecado en que no intervenga algo de a. La a. especial es un pecado de suyo mortal contra la caridad; la culpa subjetiva puede ser, sin embargo, venial, por falta de pleno consentimiento por parte de la voluntad.

5. Remedios Para evitar o desarraigar la a., es necesario: tener ante los ojos el fin de nuestra vida y los ejemplos de Cristo y de los Santos; tener una gran claridad de conciencia con el confesor y seguir dócilmente sus consejos; examinar cuidadosamente la conducta propia; mortificarse todos los días alguna vez en aquellas cosas en que la a. se hace sentir más. Man.

Bibliografía

O. Bardy, Acédie , en DS , I, 166-169
E. Janvier, Esposizione della morale cattolica , Torino, 1937, p. 29-45
R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior , Buenos Aires, 1944, p. 419 ss.

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