Diccionario de Teología Dogmática

Antonio Piolanti (A. P.)

TRADICIÓN

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En sentido teológico es la palabra de Dios relativa a la fe y costumbres, no escrita, sino transmitida de viva voz por Cristo a los Apóstoles y por éstos a sus sucesores, hasta llegar a nosotros. Se dice no escrita no en el sentido de que no pueda estar contenida en ninguna obra, sino en cuanto que no ha sido escrita por inspiración divina (v. esta pal.). P. ej. que el Bautismo de los niños sea válido es tradición, es decir palabra de Dios, revelación no escrita, porque no se contiene en ningún libro inspirado, aunque se encuentra en las obras de casi todos los antiguos escritores eclesiásticos.

Se dice que es divina cuando fue enseñada directamente por Jesucristo; divino-apostólica cuando los Apóstoles no la recibieron de labios del Señor, sino que la obtuvieron por inspiración del Espíritu Santo, según la promesa de Jesús: «Paraclitus autem, Spiritus Sanctus... ille vos docebit omnia et suggeret vobis omnia, quaecumque dixero vobis» (Jo. 14, 26; cfr. DB, 783).

Los protestantes, al establecer como principio fundamental que la escritura contiene toda la Revelación hecha por Dios, negaron lógicamente la existencia de la Tradición y se atuvieron a la Biblia como única regla de fe.

El Conc. de Trento, por el contrario, define que la doctrina relativa a la fe y a la moral se contiene tanto en libros escritos como en las tradiciones no escritas (Ses. 4; DB, 783), y al mismo tiempo declaró que recibía «pari pietatis affectu et reverentia» (DB, 783) tanto la primera como la segunda fuente de la Revelación (cfr. Conc. Vatic.; DB, 1787).

La economía establecida por Jesucristo para la difusión de la buena nueva demuestra eficazmente la existencia de la Tradición. En efecto, después de haber predicado, y no escrito, su doctrina, Jesús confió a sus Apóstoles la misión no de escribir sino de propagar oralmente («docete, praedicate, testes mihi eritis»; Mt. 28, 18; Mc. 16, 15; Hechos, 1, 8) cuanto habían oído de sus labios o habían de aprender de las inspiraciones del Espíritu Santo (Jo. 14, 26).

Toda la antigüedad cristiana exalta, como un canal transmisor de la palabra revelada junto con la Sda. Escritura, la Tradición apostólica, conservada en las diversas Iglesias, especialmente en la romana. Véase especialmente S. Ireneo, Adv. haereses, I, 3, c. 4, n. 1, y Tertuliano en toda su obra clásica De praescriptione haereticorum.

Los principales instrumentos por los cuales se ha conservado la Tradición divina son las profesiones de fe, la sagrada Liturgia, los escritos de los Padres, las actas de los mártires, la práctica de la Iglesia y los monumentos arqueológicos.

El órgano de la divina Tradición es el Magisterio vivo de la Iglesia (el Romano Pontífice y los Obispos unidos y subordinados a él). Recientemente, como consecuencia de ciertas desviaciones sobre el concepto del dogma y de su desarrollo, se ha discutido el concepto adecuado de Tradición; algunos (p. ej. Proulx) opinan que por tradición se debe entender tan sólo las verdades transmitidas oralmente (sentido objetivo); otros (p. ej. Congar) sostienen que en este concepto va incluida sobre todo la idea del magisterio transmitente (sentido subjetivo).

Bibliografía

Sto. Tomás, , III, q. 64, a. 2, ad 2;
Franzelin, , Roma, 1887;
H. Hurter, , I, n. 152-226;
G. Proulx, , Paris, 1924;
D. Van den Eynde, , Paris, 1933;
J. Madoz, , Roma, 1933;
A. M. Vellico, , Roma, 1934;
R. Forni, , Milán, 1939;
A. Michel, «Tradition», en DTC;
Y. Congar, «Théologie», en DTC. Son notables los artículos del Padre Filograssi en , 1950-51.

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