SIMPLICIDAD (de Dios)
Simple se opone a compuesto, y excluye, por lo tanto, toda composición (física, metafísica, sustancial, accidental, lógica). Hay una simplicidad negativa, como la del punto matemático, que es más bien pobreza e imperfección, y hay una simplicidad positiva, que implica perfección, como la de un espíritu.
El Conc. Lat. IV y el Conc. Vatic. definen la esencia divina como «absolutamente simple» (DB, 428, 1782), de acuerdo con la Revelación, que presenta a Dios como espíritu purísimo y como el mismo Ser (v. Esencia).
Los escolásticos demuestran científicamente la simplicidad absoluta de Dios argumentando por el absurdo: todo compuesto es posterior y dependiente de sus partes; es necesariamente causado, porque las partes no se unirían en el todo sin el influjo de una causa extrínseca; es finito, porque las diversas partes se limitan mutuamente para distinguirse. Pero el ser dependiente, causado, finito, repugna evidentemente al Ente supremo; luego Dios es totalmente simple, es decir: 1) En Dios no puede haber distinción entre la esencia y el Ser, de otra manera el ser sería extrínseco a su esencia y, por tanto, causado, y la esencia sería como impotencia respecto al acto de ser (lo que repugna en Dios, acto puro); y Dios mismo sería ser por participación y no el mismo Ser subsistente. 2) Igualmente no es posible en Dios una distinción real, y por lo tanto una composición entre naturaleza y persona, porque en este caso la naturaleza sería una parte formal de la persona, es decir, sería finita y dejaría de ser divina. 3) Ni puede haber en Dios composición accidental, porque ninguna determinación ulterior puede añadirse a la sustancia infinita y perfectísima de Dios. Todo accidente perfecciona al sujeto. Así, pues, Dios es simple del modo más absoluto, pero en su ser simplicísimo, acto puro, están implícitas todas las perfecciones.
Proporcionalmente, la simplicidad conviene también a todo ser espiritual, como el alma humana (v. esta pal.).
Bibliografía
Sto. Tomás, , I, q. 3;
A. D. Sertillanges, , Paris, 1925, II, p. 168;
R. Garrigou-L., , Paris, 1928, p. 513 ss. (estudio profundo sobre la relación entre la simplicidad divina y la realidad de los divinos atributos);
Parente, , Roma, 1949, p. 106 ss.