SIGNO
Es todo lo que manifiesta a una facultad cognoscitiva (p. ej., el ojo, el entendimiento), otra cosa distinta de sí. Es por lo tanto algo intermedio entre la cosa significada y la potencia cognoscitiva.
El signo manifiesta una cosa distinta de sí, o porque es su imagen perfecta (p. ej., una fotografía, una especie expresa), y en tal caso se dice signo formal; o porque está tan ligado con la cosa significada que la recuerda espontáneamente, y entonces se llama signo instrumental. La relación entre el signo instrumental y la cosa significada puede tener su fundamento en la naturaleza, p. ej., el humo respecto al fuego (signo natural), o en la voluntad humana, p. ej., la bandera respecto de la patria, o en la una y en la otra, p. ej., el águila por la amplitud de sus vuelos tiene una aptitud especial para significar la agudeza del entendimiento, pero el que en un caso concreto sea el signo del Evangelista S. Juan depende de la voluntad de la Iglesia, que escogió este símbolo (signo mixto) tomándolo de una visión profética de Ezequiel.
Toda la vida humana con sus múltiples relaciones sociales se halla fundada sobre signos y símbolos; en efecto, la palabra, que es factor máximo de la convivencia humana, es un signo puramente convencional. Por lo tanto el Fundador de la religión perfecta, que es una orientación y elevación de la vida hacia Dios, no podía descuidar este elemento. Jesucristo de hecho instituyó siete Sacramentos, que son signos que traen a la mente las realidades más hermosas del orden sobrenatural, al mismo tiempo que las injertan con divina eficacia en el alma de los creyentes (v. Sacramento).
La Iglesia, fiel imitadora de su Divino Fundador, rodeó los Sacramentos de otros muchos sagrados símbolos (los sacramentales) y de múltiples ritos que ayudan maravillosamente al alma del pueblo cristiano a comprender y como a experimentar las realidades encerradas en el mundo invisible de la gracia.
Bibliografía
Sto. Tomás, , III, q. 60;
J. Gredt, , Barcelona, 1948, I, n. 9;
J. Maritain, , Paris, 1932, p. 769;
Id., , Paris, 1939, p. 80-89;
T. Camelot, «Simbolismo teológico», en EC.