SANTIDAD (de Cristo)
Santo, en general, es todo lo que tiene algún contacto con la divinidad. En sentido concreto y cristiano la santidad entraña en el hombre cierta participación de la naturaleza divina por medio de la gracia, una filiación adoptiva y la inmunidad de la culpa.
La Humanidad de Cristo es santísima en virtud de la unión hipostática y de la gracia con que fue enriquecida ilimitadamente. a) Por la unión hipostática la Humanidad asunta subsiste por el mismo ser del Verbo, por lo que no hay unión ninguna más estrecha con Dios, ni cosa alguna creada que pertenezca más propiamente a Dios que aquella Humanidad. Por la misma unión, Cristo Hombre es Hijo no adoptivo, sino natural de Dios, y por lo mismo impecable (v. Impecabilidad). b) Además de esta santidad de carácter sustancial, la humanidad de Cristo tiene la santidad de orden accidental en virtud de la gracia y de los dones sobrenaturales. Por la unión hipostática la Humanidad de Cristo es santa; por la gracia y los dones obra santamente, es decir, de un modo deiforme. Y la gracia de Cristo es tan plena que, como dice S. Juan, «todos recibimos de su plenitud». La Humanidad del Salvador es, pues, la fuente inagotable de toda santidad: los esplendores de la Iglesia una y santa son una irradiación de aquella sacrosanta Humanidad.
El Evangelio (Lc. 2, 52) nos habla de un progreso de Jesús en sabiduría y en gracia: en realidad, Él estuvo lleno de toda gracia y de toda sabiduría desde el primer instante de su Encarnación. Este progreso hay que entenderlo, como sugieren los Santos Padres, no en sentido realista, sino en sentido manifestativo.
Santidad de María: Concebida sin mancha (v. Inmaculada), estuvo exenta del fomes de la concupiscencia y de todo pecado aun venial (Conc. Trid.); fue, por lo tanto, colmada de gracia perfecta, superior a la de los Santos y de los Ángeles, no infinita en sentido absoluto, pero sí en proporción a la sublime dignidad de Madre de Dios.
Bibliografía
A. Chollet, , París, 1909;
E. Hugon, , París, 1931, p. 208 ss.;
P. Vigué, , en la Enciclopedia , París, 1932, p. 481 ss.;
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P. Parente, , Brescia, 1950.