PROVIDENCIA
(lat. providere o praevidere = ver con anticipación): Es el orden concebido en la mente de Dios para dirigir las cosas creadas a su fin propio. Es parte de la prudencia y se refiere principalmente a los medios que se han de ordenar al fin; reside en el entendimiento, pero presupone la volición del fin y precede al gobierno de las cosas, que es la ejecución práctica de la Providencia.
Contra los Materialistas, Fatalistas, Pesimistas y Deístas del s. XVIII, la Iglesia defiende la Providencia de Dios (Conc. Vat., DB, 1784), que resplandece en las páginas de la Sda. Escritura (cfr. Sap. 14, y Mt. 6) y en los escritos de los Padres (v. RJ en la palabra «Providencia»).
Razones: a) existe en el mundo un orden y una tendencia hacia el fin, pero este orden como toda realidad cósmica, debe preexistir en la mente de la Causa Primera; b) Dios es no sólo la causa eficiente sino también la causa final de todas las cosas y como tal debe haber concebido el modo de reducir a sí todas las cosas creadas como fin supremo de ellas.
A esta providencia no escapa ninguna criatura, porque la Providencia, íntimamente unida con la causalidad divina es como ella universal. Por lo tanto, aun la libertad está subordinada a la divina Providencia (cfr. Mt. 6, 30), la cual no perturba el orden de la naturaleza, sino que lo conserva y dirige, sirviéndose de las causas necesarias para los efectos necesarios y de las causas contingentes, como las voluntades humanas, para los efectos contingentes y libres. El mal físico y moral que hay en el mundo, no es dificultad ninguna contra la Providencia si se considera: 1.º, que es permitido y no causado directamente por Dios; 2.º, que depende de las deficiencias del ser finito; 3.º, que va encuadrado dentro del orden universal que puede exigir el sacrificio de algunos seres en particular (v. Mal).
Bibliografía
Sto. Tomás, , I, q. 22;
R. Garrigou-L., , París, 1928, p. 395 ss.;
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