PARAÍSO
Palabra de origen persa, «pairidaeza» (análogo al hebr. «pardes» = parque, de donde el gr. παράδεισος, que usaron los Setenta al traducir la palabra hebrea «gan» = jardín, parque). En la Vulgata leemos «paradisum voluptatis» en correspondencia al texto original «gan be’ eden»; edén significa etimológicamente, en hebreo, placer, delicia, y en este sentido es interpretado por la Vulgata. Pero los Setenta tomaron la palabra edén por el nombre propio de una región, y tradujeron παράδεισος ἐν Ἐδέμ, jardín del Edén. Esta interpretación es más probable.
Pero la etimología hebraica de edén y el recuerdo de la felicidad que allí gozaron nuestros primeros padres han hecho del Edén el lugar y símbolo del goce de la felicidad, de la alegría perfecta. En el mismo sentido usamos hoy la palabra Paraíso; en el lenguaje del A. T. estaba reducida a significar el lugar en que Dios puso a Adán y Eva y de donde los arrojó después del pecado. En el N. T. y en la literatura cristiana se distingue el Paraíso terrenal en el sentido antiguo, y el Paraíso celestial en el sentido del lugar donde los bienaventurados gozan de la visión de Dios. Entendido de esta manera, el Paraíso, llamado también Cielo, es sobre todo un estado de bienaventuranza (v. esta pal.), en que la visión y fruición de Dios son fuente de eterna felicidad (v. Visión beatífica).
El Paraíso es también un lugar como lo exige la presencia de la humanidad de Jesucristo, de la Sma. Virgen asunta corporalmente al Cielo, y, después de la resurrección universal, la presencia también de los cuerpos gloriosos (v. Resurrección de los cuerpos). Nada se sabe de la ubicación del Paraíso.
Bibliografía
M. Sales, , p. 77, com. a los vv. 8 ss.;
M. Hetzenauer, , Friburgo Br., 1908, p. 24;
Ch. Pesch, , Friburgo Br., 1925, n. 217 s.;
A. Piolanti, , Roma, 1950. * Schuster-Holzammer, , 2 vols., Barcelona, ELE.