RESURRECCIÓN (de los cuerpos)
Es una verdad de fe definida por el Conc. Lat. IV (1215), DB, 429: «Tanto los réprobos como los elegidos resucitarán todos con los cuerpos que ahora tienen, para recibir según sus propias acciones buenas o malas...» Uno de los artículos del Credo es la «resurrección». Esta verdad se encuentra revelada explícitamente en el A. T. y N. T.: Job 19, 23; Is. 26, 19; Ezeq. 1, 14; Dan. 12, 2; II Macab. 7, 1-13, y 12, 39-46. En el N. T. se encuentran muchos textos claros y terminantes especialmente en S. Pablo (I Cor. 15; I Tesal. 3, etc.), el cual relaciona íntimamente nuestra resurrección con la del Señor. V. también Jo. 5, 28. La Tradición se muestra unánime, de la Didaché a Tertuliano, que escribió De Resurrectione carnis, y a S. Agustín, que insiste sobre la identidad del cuerpo mortal con el resucitado.
La razón no puede demostrar, pero puede ver la conveniencia de esta verdad sobrenatural. Sto. Tomás escribe que el hombre perfecto es el alma con su cuerpo: como el cuerpo ha estado asociado al alma en la vida mortal, es justo que esté unido al alma en la vida eterna, participando junto con ella del gozo o de la pena merecida.
La resurrección es universal para todos los hombres e implica la identidad individual de cada uno de los resucitados. Para tener tal identidad es suficiente que el alma tome al menos una parte de la materia de que estuvo revestida antes de la muerte. Este principio elimina muchas dificultades. Sto. Tomás responde sobriamente a varias curiosidades sobre las condiciones del cuerpo resucitado (Summa c. Gent., IV, 80-85, y Summa Theol.-Supple., qq. 75-88). S. Pablo (I Cor. 15) describe las cualidades del cuerpo glorioso que los teólogos reducen a cuatro: impasibilidad, sutileza, agilidad y esplendor. El cuerpo reflejará así la belleza y las virtudes propias del alma bienaventurada.
Bibliografía
Sto. Tomás, , Suppl., qq. 75-88;
, IV, 79-80;
P. Nautin, , París, 1947;
V. en DTC y DA la pal. «Résurrection» y la bibl. citada al pie de Escatología;
A. Piolanti, , Roma, 1950, p. 126 ss.