NOTAS (de la Iglesia)
Dícense notas de la Iglesia aquellas señales características que la distinguen como la verdadera institución de Cristo entre las muchas sociedades religiosas que pretenden tal honor.
Según la doctrina común, confirmada en gran parte por el Conc. Vatic. (DB, 1794), las notas de la Iglesia son las cuatro propiedades que el símbolo Niceno-Constantinopolitano atribuye a la sociedad religiosa fundada por Jesucristo: unidad, santidad, catolicidad, apostolicidad (v. estas pal.). Obsérvese, sin embargo, que estas propiedades constituyen la piedra de toque, y las notas individuales de la verdadera Iglesia, no en cuanto tienen su origen del principio sobrenatural y latente que rige el organismo eclesiástico, sino en cuanto se manifiestan externa y visiblemente a los ojos de todos como efecto de aquella virtud misteriosa. P. ej., la unidad es una nota de la Iglesia no en cuanto las almas están espiritualmente unidas pola fe, la gracia, el Espíritu Santo, etc., a su única Cabeza, Cristo, sino en cuanto de esta comunión invisible y real de espíritus resulta externa y experimentalmente la concordia dogmática, litúrgica, jerárquica, de millones de hombres que profesan la misma fe, que se acercan a los mismos Sacramentos, que obedecen a los mismos Pastores.
Vengamos a una aplicación concreta. Los fieles que se glorían del nombre cristiano se dividen en tres grandes clases: protestantes, cismáticos, católicos. Es evidente que el protestantismo (v. esta pal.), considerado en sus varias sectas, está falto de unidad, por ser cada una de ellas independiente de las demás; falto de santidad, porque en cuatro siglos de historia no ha llegado a producir ninguna de estas obras cumbres de la gracia que son los Santos; falto de catolicidad, porque ninguna de sus sectas se halla presente de un modo evidente y simultáneo en toda la tierra; falto de apostolicidad, porque se ha abolido la potestad de Orden (en el protestantismo todos son sacerdotes), y la de jurisdicción, por haberse apartado del tronco apostólico.
Análogas observaciones se pueden hacer con respecto a las iglesias cismáticas, las cuales están ciertamente faltas de unidad por constituir patriarcados independientes y nacionales (autocéfalos); de catolicidad, porque se hallan restringidas a determinadas regiones de Oriente, etc.
La Iglesia romana, por el contrario, aparece claramente adornada por las cuatro notas que, como cuatro resplandecientes gemas, atraen sobre ella la mirada de los infieles y aseguran a los católicos la divinidad de su misión (cfr. Conc. Vatic., DB, 1794). Es evidente la unidad de esta Iglesia centrada toda en el Papa, vigilante custodio de la unidad del dogma, del culto y de la disciplina. Se ve florecer en ella la virtud y madurar aquellos frutos de santidad tan brillantes y tan numerosos, que para recordar sus vidas y hechos portentosos se ha necesitado de una sociedad de hombres estudiosos, los Bolandistas, que llevan tres siglos trabajando sobre esta materia. Es también un hecho la original, simultánea y progresiva universalidad de esta Iglesia «que levanta sus tiendas de uno a otro mar». Finalmente, está probada la apostolicidad de su origen y la sucesión nunca interrumpida de los Papas en la Sede Apostólica, a la cual se hallan unidas todas las demás.
Bibliografía
Sto. Tomás, , aa. 7-8;
G. Thils, , Gembloux, 1932;
T. Zapelena, , Roma, 1941, v. I (crítica de Thils);
C. Algermissen, , Brescia, 1942;
M. Jugie, , Paris, 1947. • F. Alonso Bárgena, , Granada, 1944.