MILAGRO
En sentido lato es una cosa extraordinaria, que llama la atención y recibe el nombre de maravilla.
S. Agustín, desde un punto de vista subjetivo, llama milagro a un hecho difícil e insólito, superior a la esperanza y a la capacidad de quien lo observa, cuya posibilidad y realización ha sido preparada por Dios. Sto. Tomás añade con justa razón la noción objetiva de una intervención extraordinaria de Dios y da de él la siguiente definición (Summa Theol., I, q. 110, a. 4): «Milagro es aquello que ha sido hecho por Dios fuera del orden de toda naturaleza creada». Los teólogos explican y precisan esta definición: a) Dios es la causa principal, que puede servirse también de una criatura cualquiera como de causa instrumental; b) el hecho se realiza dentro del mundo; c) fuera del orden natural, es decir, de un modo superior a las fuerzas de toda la naturaleza; d) fuera o sobre, no contra el orden natural, porque el milagro no es una violación de las leyes de la naturaleza, sino un hecho excepcional determinado por una virtud divina especial, que interviene en las cosas creadas, produciendo un efecto superior a su potencia natural.
La posibilidad del milagro se apoya principalmente en el dominio absoluto de Dios como causa primera y libre del mundo, cuyas leyes físicas están subordinadas a Dios y, por lo tanto, no limitan ni su libertad ni su poder. Sólo el absurdo y el pecado son imposibles a Dios. El milagro puede superar las fuerzas de la naturaleza a) en cuanto a la sustancia del hecho, p. ej., la resurrección de la carne; b) y en cuanto al modo, p. ej., una curación instantánea. Finalmente, hay algunos milagros que son objeto de fe y están, por lo mismo, fuera de la experiencia sensible; otros son hechos externos, de evidencia palpable, y están ordenados por Dios a probar una verdad de fe. De estos últimos habla el Conc. Vat. (Ses. III, c. 3, DB, 1790) como de «signos certísimos de la divina Revelación acomodados a la inteligencia de todos».
Bibliografía
Sto. Tomás, , I, q. 110, a. 4;
A. M. Lepicier, , Roma, 1901;
A. Zacchi, , Milán, 1923;
R. Garrigou-L., , París, 1926;
D. A. Spezz, , Turín, 1933;
A. Van Hove, , Wetteren - Bruges - Paris, 1927;
Michel, «Miracle», en DTC.