Diccionario de Teología Dogmática

Remisión breve

INTELECTUALISMO

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Según el sentido obvio del término significa un sistema en que predomina el entendimiento, como en el voluntarismo (v.) se acentúa el valor y la función de la voluntad. Pero las vicisitudes históricas han dado un sentido equívoco a la palabra intelectualismo. Dejando aparte sutilezas que no son de este lugar podemos decir que hay un intelectualismo heterodoxo y un intelectualismo ortodoxo desde el punto de vista filosófico y teológico. En el terreno de la ortodoxia, intelectualismo es la filosofía aristotélico-tomista que afirma la primacía del entendimiento y, aunque subordinándola a la fe, defiende la capacidad de la razón humana lo mismo en el campo de la verdad natural que en la esfera sobrenatural en cuanto se refiere a la inteligibilidad e ilustración del dogma y, por tanto, al valor de las fórmulas dogmáticas con que se expresan las verdades reveladas. Toda la labor científica de la teología (v. esta pal.) acerca de la Revelación es la prueba que justifica el intelectualismo adoptado en el seno de la Iglesia.

Pero hay un intelectualismo exagerado y tendencioso que lo subordina todo a la razón humana, proclamando su plena suficiencia y absoluto dominio aun frente al hecho y a la verdad sobrenatural. En este sentido, el intelectualismo coincide con el racionalismo (v. esta pal.), y la Iglesia lo condena justamente, señalando algunos límites a la capacidad de la razón, como cuando define (Conc. Vatic.) la necesidad moral de una Revelación divina para que el hombre llegue a conocer la suma de las verdades ético-religiosas (de orden natural) capaces de orientar decididamente la vida hacia su fin supremo. La Iglesia igualmente ha condenado (Encícl. Pascendi, DB, 2071 ss.) a los Modernistas (v. esta pal.), que, siguiendo las corrientes antiintelectualistas y agnósticas, rebajan el valor de la razón y sus argumentaciones, para seguir los movimientos sentimentales de la experiencia religiosa subconsciente (v. Experiencia religiosa).

Entre estos dos extremos, racionalismo absoluto y agnosticismo, hay una gradación de sistemas que oscilan entre la primacía del entendimiento y la de la voluntad. La Iglesia deja esta zona media a la libre discusión (Tomismo-Escotismo), siempre que no se trate de excluir a una u otra facultad, sino solamente de dar más valor a la una o a la otra. No se puede negar sin embargo que el intelectualismo tomista es el que la Iglesia católica prefiere, como lo demuestran los documentos oficiales (cfr. León XIII, Encícl. Aeterni Patris; Pío X, Motu proprio Doctoris Angelici; CIC, c. 589, 1366; Pío XI, Encícl. Studiorum ducem; Pío XII, Encícl. Humani generis, 1950, etc.).

Bibliografía

Garrigou-L., , Buenos Aires, 1945;
F. Rousselot, , París, 1908;
íd., «Intellectualisme», en DA. * E. Gilson, , París, 1924.

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