IMAGEN
En el lenguaje común es la reproducción gráfica o plástica de una persona en su fisonomía somática; tal es el retrato. En el lenguaje filosófico la imagen es la reproducción del objeto cognoscible en la facultad sensible o intelectiva (especie sensible y especie inteligible). En Teología este término tiene interés principalmente en la cuestión del culto (v. esta pal.).
La Iglesia desde los primeros tiempos adoptó y defendió el culto de los Santos y de sus imágenes; en el II Conc. de Nicea (año 787) fueron condenados los Iconoclastas (v. esta pal.), que combatían la costumbre de venerar las imágenes del Señor, de la Sma. Virgen y de los Santos.
Se ha de recordar además que, según la Sda. Escritura, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (Gen. 1, 26 ss.); aunque las dos voces en el texto hebraico son sinónimas, sin embargo algunos Padres distinguen diciendo que imagen se refiere a las propiedades naturales del hombre y semejanza a los dones sobrenaturales con que fue enriquecido Adán. En rigor la Sda. Escritura no afirma más que una relación de semejanza entre Dios Creador y el hombre: esta relación evidentemente no hace referencia al cuerpo, sino al alma, que refleja en sí analógicamente algunas perfecciones divinas como la inmaterialidad, la inteligencia, la voluntad con sus respectivas operaciones.
Sto. Tomás ve en el espíritu humano también una imagen de la Trinidad en cuanto que, así como en Dios el Verbo es engendrado del Padre y de ambos procede el Espíritu Santo que es Amor, así en nosotros hay el verbo mental o concepto de la cosa conocida y el consiguiente amor o inclinación hacia ella. La Teología trinitaria florece sobre esta relación de semejanza entre la psicología humana y la vida íntima de Dios (v. Trinidad).
En un sentido más estricto, y teológicamente más interesante, el término imagen se atribuye al Verbo según las palabras de S. Pablo, Col. 1, 15: «Qui est imago Dei invisibilis». En realidad el Verbo (v. esta pal.) es el término de la intelección divina, que procede del Padre por vía de generación espiritual: el hijo nace a imagen del padre. La razón de imagen es más profunda en el Verbo, porque no sólo es semejante al Padre, sino que es la misma sustancia que el Padre (v. Consustancial). Menos acertadamente se le puede llamar al Espíritu Santo imagen del Hijo (como dicen algunos Padres Orientales), porque el Espíritu Santo procede por amor y el amor no produce, sino que supone semejanza.
Bibliografía
Sto. Tomás, , I, q. 45, a. 7;
q. 35;
M. Hetzenauer, , Friburgo Br., 1908, p. 537-539;
C. Boyer, , en «Gregorianum», 1946, p. 173 ss. y 333 ss.