HOMBRE
A la luz de la doctrina cristiana el concepto de hombre se basa sobre principios que afectan a las ciencias naturales, la filosofía y la teología. Dejando a un lado el tratado científico y filosófico sobre el hombre señalamos únicamente las afirmaciones de la Revelación del Magisterio eclesiástico acerca de la naturaleza, dignidad y fin del hombre.
1) El hombre es un ser viviente compuesto de materia y espíritu. Esta verdad se encuentra garantizada por la narración del Génesis y por toda la enseñanza tradicional de la Iglesia, que defiende la grandeza e inmortalidad del alma (Conc. Later. IV, Vienense, Later. V, Vatic.), y juntamente la dignidad del cuerpo (cfr. la liturgia sacramental, la legislación matrimonial, el rito funerario, el dogma de la resurrección de la carne).
2) El alma, superior al cuerpo por su inteligencia y su libre voluntad (imagen de Dios), no está en contradicción con él, sino que es su forma sustancial (Conc. Vienense), de manera que alma y cuerpo constituyen un solo ser, individuo o persona.
3) La personalidad del hombre es sagrada: por ella se concibe el derecho y el deber humano; por ella se comprende la igualdad y la fraternidad por encima de toda razón de sexo, grado social y cultural. Frente a la Iglesia no existen castas, sino personas, salidas de las manos del Creador y destinadas al mismo fin supremo, que es la posesión de Dios. Todo hombre ha sido redimido por la misma sangre divina de Jesucristo.
4) En primer lugar está el individuo considerado en sí mismo y en sus relaciones con Dios, después vienen la familia, la sociedad y el Estado. La sociedad civil y la religiosa, como la Iglesia, se constituyen para la persona humana. Pero esta afirmación individualista no implica aislamiento, ya que la doctrina cristiana presenta a toda la humanidad como una gran familia cuyo padre es Dios. Además enseña que, en virtud de la fe, el hombre se adhiere a Cristo, se hace miembro de su Cuerpo Místico (v. esta palabra), en el cual se funden y armonizan, sin anularse, todas las personalidades humanas en un solo latido de vida sobrenatural.
5) El hombre es criatura de Dios, naturalmente limitada; por el pecado original (v. esta palabra) cayó de su primitiva grandeza. Así se explica el dolor y la angustia de la vida presente, que a ejemplo de Cristo y en virtud de sus méritos y de su gracia redentora se transforma en palestra, donde el hombre es llamado a cooperar libremente con Dios por su salvación.
Diversos sistemas filosóficos y religiosos han hecho del hombre un puñado de materia o un espíritu puro o un ser desintegrado con un alma en lucha con el cuerpo: unas veces han rebajado su dignidad, otras la han elevado al grado de la divinidad. Con frecuencia han negado su inteligencia, más a menudo su libertad o la han absorbido en el organismo de la sociedad o del Estado. Ninguno, como la Iglesia, ha sabido evitar tantos escollos y presentar una doctrina tan armónica del hombre y de su destino como la que en breves rasgos hemos esbozado en esta página.
Bibliografía
A. Zacchi, L’uomo, Roma, 1944, 2 vols. (rica bibliografía referente a todos los aspectos del hombre). * J. Simón, El hombre, Barcelona, 1944.