Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

ÉXTASIS

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(gr. ἔκστασις, de ἐκ = de, fuera de, e ἵστημι = pongo): Es un estado extraordinario en que el hombre se encuentra como fuera de sí. Hay toda una escala de fenómenos extáticos que van desde el simple deliquio hasta la insensibilidad casi absoluta, la levitación, la bilocación, los estigmas sangrientos, la clarividencia y la profecía.

El éxtasis puede ser originado por agentes extrínsecos (bebidas alcohólicas, inyecciones anestésicas o drogas, soledad, fijación de los sentidos y del pensamiento sobre determinados objetos, etc.); o pueden nacer de una impresión subjetiva frente a las bellezas de la naturaleza y del arte, o puede también determinarse sin motivo alguno, de improviso, aun en los niños. Algunos fisiólogos reducen toda forma de éxtasis a fenómenos morbosos de catalepsia histérica, de neurosis o de hipnotismo, como en los médiums del espiritismo.

Según la doctrina católica, se ha de distinguir: a) un éxtasis natural, de origen espontáneo, artificial o morboso, con fenómenos que pueden explicarse por las leyes de la naturaleza física o psíquica; b) un éxtasis preternatural, con fenómenos que exigen la intervención de una fuerza superior (el diablo); c) un éxtasis sobrenatural, debido a una acción especial de Dios sobre la criatura racional. A la ciencia médica toca juzgar del primero, pero en los otros dos debe intervenir el juicio del teólogo. El éxtasis diabólico se distingue por los fenómenos y acciones contrarias a la fe y a la moral.

El éxtasis sobrenatural es propio de almas santas, privilegiadas, y consiste principalmente en el amoroso conocimiento experimental de Dios, que constituye el ápice de la contemplación. Los fenómenos somáticos, como p. ej. los estigmas, pueden acompañar el éxtasis sobrenatural, pero por sí mismos no son prueba de él.

Como grado altísimo de contemplación, el éxtasis es sobre todo cognición, experiencia intelectual de Dios, muy análoga a la sensación (los místicos hablan de sentidos espirituales) por la cual se tiene una especie de contacto con Él. En esta fase, el extático, aunque no ve la esencia divina, tiene conocimiento claro de verdades y misterios sobrenaturales, lo cual se explica por la infusión directa de especies inteligibles por parte de Dios. Añádese al conocimiento un ardiente amor que excita la voluntad a afrontar por Dios cualquier sacrificio.

Una forma más elevada del éxtasis es el arrobamiento o vuelo del espíritu, en que el alma es transportada y como absorbida en Dios. Aun siendo el éxtasis preferentemente pasividad del alma, no quita ni la personalidad (como el Nirvana budista), ni la libertad, ni el mérito. Todo esto se desprende de las descripciones de los mismos místicos, entre los cuales tienen lugar preeminente Santa Catalina de Sena, S. Juan de la Cruz, Sta. Teresa de Jesús y Sta. Catalina de Génova.

Bibliografía

J. Pacheu, , 1901;
A. Poulain, , 1906;
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G. B. Alfano, , Nápoles, 1932;
A. Hamon, «Extase», en DTC;
V. al pie de Mística, Contemplación. * F. Naval, , Madrid, 1942.

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