ESCEPTICISMO
(gr. σκέπτομαι = miro, considero): Es una doctrina y una tendencia que pone en discusión y niega parcial o totalmente el valor objetivo del conocimiento humano y consiguientemente su certeza. El escepticismo tuvo su origen en los Sofistas, que con fines oratorios y políticos enseñaban a demostrar, por medio de especiosas argumentaciones, la verdad de una tesis y al mismo tiempor la de su respectiva antítesis. Contra estos perturbadores del espíritu combatió enérgicamente Sócrates, poniendo en evidencia la fuerza de los conceptos universales, que son una base sólida de verdad y de certeza.
Pero el fundador del escepticismo como sistema de duda universal fue Pirrón de Ellis († 275 a. C.), de quien tomó el escepticismo el nombre de Pirronismo, oponiéndose al dogmatismo estoico. Los Platónicos, que rebajan el valor de la cognición experimental, reduciéndola a la esfera de simples opiniones, sufrieron el influjo escéptico en la Academia media y en la nueva (Arcesilao, † 241 a. C., y Carnéades, † 126 a. C.), pero el escepticismo sistemático tuvo fuertes continuadores en los dos filósofos Enesidemo de Creta († 130 p. C.) y Sexto Empírico (segunda mitad del s. II p. C.), que escribió su célebre Hipotiposis en defensa de los dos principios pirronianos.
El escepticismo aflora de cuando en cuando con su duda disolvente a través de los siglos, como en la doctrina de Descartes (duda metódica, no sistemática), en el sistema fenomenista y aun en el Kantismo (v. esta pal.), que comprometía el valor objetivo de la cognición, negando a la razón la capacidad de alcanzar la cosa en sí misma, el «noúmeno». Todos los sistemas antiintelectualistas están teñidos de escepticismo: así el Fideísmo de Jacobi, el Voluntarismo pesimístico de Schopenhauer, el pragmatismo de James.
El escepticismo tiene un pecado de origen que envenena toda su estructura: pone en duda la capacidad de la razón para alcanzar la verdad y la certeza y niega el valor de la cognición. De donde resulta lógicamente que no hay verdad cierta ni teoría segura, ni siquiera la de los escépticos. El entendimiento humano, hecho naturalmente para la verdad, como el ojo para la luz puede engañarse alguna vez, per accidens, pero no siempre, per se; de otra suerte la naturaleza sería un absurdo. La Filosofía moderna, que desde Descartes a Kant ha venido atentando contra la dignidad de la naturaleza humana y contra la capacidad natural del espíritu humano, ha caído en un extravío escéptico que el Idealismo ha tratado en vano de superar. El único remedio es el realismo moderado de la Filosofía cristiana, que, junto con lo mejor de la Filosofía griega, construye la ciencia y la metafísica sobre el postulado de una relación natural entre ser y pensamiento, entre naturaleza y espíritu.
Bibliografía
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Goedeckemeyer, , Leipzig, 1905;
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