CREACIANISMO
Es la doctrina de la Iglesia acerca del origen de cada una de las almas humanas. En la Sda. Escritura se afirma claramente el origen divino del alma (v. esta pal.) por vía de creación, de aquí su espiritualidad y su inmortalidad. Pero en el seno mismo de la Iglesia nació desde los primeros siglos la cuestión del origen de cada una de las almas humanas en particular.
Orígenes, bajo el influjo del Platonismo, opinaba que Dios creó ab aeterno gran número de espíritus (ángeles y almas) y más tarde condenó las almas humanas a informar cuerpos materiales en expiación de alguna culpa cometida. Extravagante opinión influida del espiritualismo excesivo de Platón y de los Gnósticos, y que fue rechazada por el Magisterio de la Iglesia junto con otros errores de Orígenes (v. Origenismo). Opónese a ella la opinión de Tertuliano, espíritu realista, amante de lo concreto, el cual, a pesar de habernos dado en su De anima el primer tratado de psicología cristiana sustancialmente ortodoxo, cayó en el grosero error del Traducianismo (v. esta pal.), según el cual las almas se derivan del semen corporal de los padres. También esta opinión fue explícitamente condenada por la Iglesia (DB, 170: Carta de Anastasio II a los Obispos de la Galia, a. 498).
Por lo demás la tradición, especialmente la oriental, está por el Creacianismo, según el cual las almas en particular son creadas por Dios de una en una e infundidas en los cuerpos embrionales formados en los senos maternos. La herejía Pelagiana, que negaba la transmisión del pecado original en los hijos de Adán (v. Pelagianismo), turbó la doctrina del Creacianismo por la dificultad de explicar la transmisión de tal pecado en un alma creada directamente en un instante por Dios. El mismo S. Agustín, sintiendo el peso de esta dificultad y rechazando el traducianismo de Tertuliano, e inclinándose más bien al Creacianismo, que le gustaría abrazar, acepta, para mejor defender contra Pelagio la transmisión del pecado original, un Traducianismo espiritual según el cual el alma del hijo se deriva de la de sus padres como la luz de otra luz. La Iglesia, sin embargo, continuó enseñando más o menos explícitamente la doctrina del Creacianismo (cfr. la Carta de Anastasio II, ya citada, y además los documentos de León IX, DB, 348, y de Alejandro VII, DB, 1100).
Bibliografía
Sto. Tomás, , I, q. 90;
A. Zacchi, , Roma, 1921;
Mercier, , París, 1923, t. II, p. 331 ss.;
P. Parente, , Roma, 1949, p. 71.