CONTRICIÓN
La define el Concilio de Trento: «el dolor del alma y la detestación del pecado cometido, con propósito de no pecar más» (Ses. 14, c. 4; DB, 897); es, por lo tanto, no un vago sentimiento, sino un acto decidido de la voluntad, la cual, conocida toda la fealdad del pecado, huye de él y lo detesta, alimentando el firme propósito de no volver a caer en él en adelante.
La contrición puede ser perfecta e imperfecta. Se dice perfecta si nace en el corazón del pecador, que se duele del pecado en cuanto es una ofensa cometida a Dios, considerando el desprecio hecho a su bondad paternal. Movido de un amor puro, llamado de benevolencia, el penitente diríamos que despedaza su corazón bajo los golpes del dolor, de donde el nombre de contrición, como desmenuzamiento en mínimos fragmentos del corazón arrepentido. A tal arrepentimiento, invadido todo él por las llamas de la caridad, va siempre unida (supuesto el propósito de confesarse) la justificación, o sea la remisión de la culpa, porque ubi caritas ibi Deus est.
Para acercarse al Sacramento de la Penitencia es suficiente la contrición imperfecta (atrición = despedazamiento en grandes trozos), que nace en el alma de quien rechaza decididamente el pecado, por un motivo sobrenatural (como son el temor del Infierno o la fealdad del pecado), pero inferior a la caridad perfecta. En este caso el penitente ve en Dios más que la imagen del Padre la del Juez que amenaza con severos castigos a los transgresores de sus leyes.
Cuando la atrición, o sea el dolor interno, sobrenatural y universal de los pecados cometidos, sea más tarde informada por la absolución, el penitente de attritus fit contritus, o sea, queda justificado, porque entonces el Sacramento ex opere operato infunde la gracia a la cual se halla unida infaliblemente la caridad. De esta manera el fiel que se acercara al tribunal de la penitencia movido de un temor que los teólogos llaman servil, en virtud de la Pasión de Cristo, que obra por medio del rito sacramental, vuelve de él animado de un sentimiento de amor filial y de confianza serena en la bondad del Padre Celestial (v. Penitencia).
Bibliografía
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