Diccionario de Teología Dogmática

Antonio Piolanti (A. P.)

CANON (de la Misa)

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(gr. κανών = regla): Es el conjunto de oraciones de la Misa que van del «Sanctus» al «Amen» anterior al «Pater Noster». El Canon ha sido designado con diversos nombres: se le llamó en la antigüedad oración (εὐχή) por excelencia; recibió también el nombre de acción de la expresión latina agere causam, defender una causa; el sacerdote, en efecto, defiende en la persona de Cristo la causa de toda la Iglesia ante Dios Padre; llámanlo los griegos anáfora (ἀναφορά), es decir, oferta; en la Edad Media se llamaba Canon Consecrationis, porque con aquellas oraciones se consagraban el pan y el vino, para distinguirle del Canon communionis que le sigue. Entre los latinos prevaleció el nombre de canon, que expresa bien la parte fija y regular de la Misa.

El canon, tal como hoy lo tenemos en el Misal, recibió su último retoque del Papa S. Gregorio Magno; se remonta, por lo tanto, al s. VI, aunque hay elementos para poder afirmar que ya estaba constituido sustancialmente en el s. IV. El núcleo central del canon se inspira en las palabras y en las acciones de Jesús en la última cena. Si se quitan los diversos textos que se fueron añadiendo y los «mementos» de vivos y difuntos (recuerdo de la lectura de los «dípticos», o sea de las tablillas donde estaban escritos los nombres de los vivos y difuntos por quienes había que orar), el tema fundamental es la acción de gracias a Dios por la obra de la Redención (Jesús «gratias egit»), que se renueva en la consagración sacrifical (Jesús consagró el pan y el vino) y ofrecida de nuevo al Padre en unión con el Hijo y el Espíritu Santo. El sacerdote, en efecto, fiel al mandato de Jesús: «Haced esto en memoria mía», recuerda la pasión, muerte, resurrección y ascensión del Señor, y renueva con toda la Iglesia la oblación que hizo Jesús de sí mismo.

Al principio se recitaba el canon en voz alta, posteriormente se introdujo la costumbre de pronunciarlo en voz baja y en el más profundo recogimiento, tal vez para circundar tan santas palabras de un halo de misterio. No significa esto que el pueblo no deba conocer el rico contenido de esta oración, antes al contrario es deseo de la Iglesia que los fieles se empapen de su espíritu y sigan al sacerdote, repitiendo la misma fórmula «penetrada de fe, perfumada de piedad, plena de fuerza y de acción. Su lenguaje sencillo tiene un carácter vivo, una impronta antigua, conmueve a quien la pronuncia con una impresión semejante a la que produce la penumbra misteriosa de las Basílicas de la Ciudad eterna» (Gihr). Es digno de notarse que el Conc. de Trento declaró que el Canon de la Misa está libre de todo error (DB, 942).

Bibliografía

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